Mi nombre es David Vallenilla

Isaac González Mendoza

Mi nombre es David Vallenilla, padre de un héroe, David Vallenilla. Sí, tiene el mismo nombre que yo. Es que mi querido David José y yo somos muy unidos. Uno trata de no llorar tanto, para mostrarse fuerte, pero es muy difícil cuando tienes esa cosa por dentro. Yo siempre lo apoyé en todo lo que quería hacer. Desde primer grado formó parte del equipo de fútbol del Colegio San Agustín, donde ganó medallas de oro en competencias intercolegiales. Practicó béisbol y polo acuático en la UCV. También practicó natación en la Escuela Teo Capriles, donde obtuvo condecoraciones. En una oportunidad estudió teatro, en la avenida San Martín, pero no siguió. A los 14 años descubrió su habilidad para la salud. Conmigo a su lado rescató una cachorra. Él se entregó a ella por completo. La llevábamos a un veterinario para que le aplicaran un tratamiento. Había encontrado su camino. A partir de ese momento, mientras estudiaba el bachillerato, empezó a asistir a un curso de auxiliar en Enfermería en el Instituto Técnico de Capacitación Integral, en Charallave. Allí se graduó antes de culminar la secundaria. Hizo pasantías en el dispensario Mamá Pancha y se dedicó por un tiempo al modelaje. Hasta que inició la carrera de Enfermería en el IUTA, donde su tesis quedó seleccionada para ser publicada. Trabajó como voluntario en los bomberos de la UCV. El acto de grado hubiera sido el 2 de agosto de 2017, si no lo hubiera matado un militar en La Carlota. Mi hijo fue un hombre de bien con un ideal por una Venezuela distinta. Recuerdo que ese 22 de junio yo estaba en mi casa solo cuando recibí una llamada de Milagros Luis, madre de mi hijo. Me están diciendo que David José se fue para la marcha, parece que está detenido, me dijo ella. ¿Pero, cómo…?, pregunté. Sí me están diciendo eso pero…; se cortó la llamada. Volví a llamar. Cuando me contestó escuché que estaba gritando desesperada. Entonces salí a buscar a una vecina. Unos vecinos de la zona se me acercaron, en medio de ellos una joven me mostró una foto desde su celular. Este es el muchacho que mataron, me dijo. Era mi hijo David José. Abrí los brazos y me lancé al jardín de la casa. Mi reacción fue rasguñarme toda la cara y el cuerpo. Había visto la foto de mi hijo… ya no había duda. Con un primo mío que también vive en Cúa me trasladé a la clínica El Ávila. Fue difícil llegar porque Caracas estaba colapsada. En la clínica me encontré con mi primo Carlos Batista, un excelente médico. Cuando lo vi le pregunté ¿Pero qué pasó, al llegar ya…? Llegó sin vida, contestó. Mi primo Carlos Batista, ojalá le hubiesen dado la oportunidad de salvarlo. Estoy seguro de que lo hubiese hecho. Es un médico excepcional. Pero bueno. Mi primo estaba allí, quiere decir que Dios lo tenía ahí. Pero no se pudo hacer nada. Ya había llegado sin vida. He evitado ver las fotos que han difundido en las redes sociales. Un día vi una por error. Se ve el militar apuntando directo a mi hijo: fue vilmente ejecutado en pleno siglo XXI. Mi lucha ahora está dedicada a las investigaciones para que se aclare la muerte de mi querido David José. En la clínica El Ávila, la doctora intentó varias veces cerrar los ojos de David José. Pero siempre los abría. No entendía por qué. Así que fui yo y lo hice, y los dejó cerrados. Era yo quien tenía que hacerlo. Estoy seguro de que la primera persona que le vino a la mente fui yo porque nuestra conexión era demasiado grande. Estoy seguro de que si tuvo oportunidad de pensar, fue en mí. Y me hizo caso, cerró sus ojitos para siempre.

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