Reseña: "The Night" traza un juego entre la vida de Darío Lancini, el lenguaje y la violencia

Isaac González Mendoza

Como los palíndromos de Darío Lancini, cada capítulo de "The Night" es un criptograma que a primera vista parece un texto fácil de leer. Hay un montón de acertijos sobre los que el lector debe decidir entre descifrar o convertirse en un autómata que solo recibe información. 


Es un hábil plan para obligarnos a formar parte activa de la narración. 

Al principio, el lector está ubicado en la Venezuela de 2010, tiempo de crisis eléctrica y de oscuridad. Caracas está tomada por seres grotescos y calles lóbregas. Esos demonios irán adueñándose sutilmente de los personajes principales, atormentados por el lenguaje y sus derrotados deseos.

Matías Rye es un escritor fracasado que quiere escribir su mayor propuesta literaria, "The Night", pero el mundo donde nació no fue diseñado para que logre el éxito editorial, así que se dedica a impartir clases de narrativa y a analizar individuos que podrían ser prototipos para su obra. Cuenta con el apoyo de Miguel Ardiles, un amigo psiquiatra con el que suele tomar cerveza y a quien le cuenta sus incumplidos proyectos. 

En medio de ellos está Pedro Álamo, un publicista paranoico que ganó el Concurso de Cuentos El Nacional con un relato absolutamente incomprensible. Su obsesión por Darío Lancini lo lleva a escribir una biografía que acerca al lector a la prácticamente desconocida vida del escritor. 

En ese momento surge otra obra. Una novela dentro de una novela, como “El curioso impertinente” en Don Quijote. Podría contrastarse, igualmente, con "Las mil y una noches": historias que encauzan a otros relatos, creando un sistema que se conecta a través de hipervínculos, con Darío Lancini como centro gravitacional.

Aunque Lancini quizás es también el álter ego en la novela. Esta función pudiesen cumplirla, asimismo, Ferdinand de Saussure y Mark Sandman. Del primero aparece en un capítulo su teoría de los anagramas, explicada por Pedro Álamo. Acerca del segundo, pues, el título del libro es el mismo que el de uno de los discos de Morphine, banda de la cual fue líder y fundador. Además, en uno de los episodios está reseñado un resumen de la vida de Sandman y las referencias musicales son sobre él. 

Darío Lancini es presentado como un personaje sensible que se manifiesta frívolo frente a los demás. Un hombre obsesionado con la palabra que creó "Oír a Darío", libro perfecto para obsequiarlo a un privado de libertad o a un náufrago: sus juegos gramaticales lo convierten en una lectura infinita. Va desde combinaciones que aparentan ser simples, como “Roma no cede con amor”, a una que se ve casi imposible de lograr: el largo palíndromo versionado de la obra teatral "Ubú rey", de Alfred Jarry. 

En "The Night" se narran sus viajes a Varsovia, París, Atenas; su participación en Tabla Redonda, su relación con la izquierda y la guerrilla, y, entre otras anécdotas, un encuentro con Pablo Neruda. Advierto: Blanco Calderón señala en los agradecimientos que aunque la historia está inspirada en hechos reales, es ficción.

A pesar de la diferencia de tiempo, la mayoría de los personajes tiene una característica de Lancini, especialmente vinculada al lenguaje. Por ejemplo, Margarita Lambert, uno de los secundarios, se dedica a estudiar literatura. No presenta indicios de querer ser escritora, pero sí posee un interés inquieto por la palabra.

Otros personajes se asemejan a Darío por la postura obsesiva que este exhibe ante el idioma, solo que los demás tienen obsesiones muy distintas, tales son los casos de dos que nacieron inspirados en figuras nacionales que se dieron a conocer con la crueldad como bastión: el doctor Montesinos (Edmundo Chirinos) y el Monstruo de Los Palos Grandes (Luis Carrera Almoina).

Es interesante el caso de Miguel Ardiles, el más sereno de todos y  precisamente quien escucha a Lambert, Álamo y Rye. Se podría decir que no lo hace asumiendo su profesión de psiquiatra, sino como si fuera escritor, o tal vez simboliza la persona a la que los venezolanos necesitan contar sus problemas sin censuras.

La violencia tiene una representación importante. El motorizado es  razón de paranoia (en cualquier lugar puede haber un matón) y los psicópatas son el rostro que personifica la ciudad. La esencia asesina puede estar en una figura marginada o destacada, eso no determina la naturaleza criminal. 

 
Hemos sido criados por asesinos
— dice uno de los personajes. 
 

 

Apartando el tema político, creo que "The Night", sin ánimos de encasillarla, es una novela que plantea problemas filosóficos, sobre todo existenciales. Los personajes están en un espacio y un tiempo que les imposibilita ser. Esa brutalidad en la que están inmersos los frustra, por eso exploran diferentes ocupaciones, para alcanzar un poco la satisfacción.


Algo similar le sucede a K. en "El castillo", una de las novelas deFranz Kafka. Su búsqueda es un constante fracaso porque está situado en una aldea donde los habitantes le obstaculizan cualquier intento de conseguir su objetivo: entrar en el castillo. O puede compararse con Antoine Roquetin, protagonista de "La Náusea", quien expresa en su diario lo absurdo que le parece el mundo, mientras escribe una obra acerca de la vida del Marqués de Rollebon, tarea a la que tampoco le encuentra sentido.

En los cuentos de "Una larga fila de hombres", de Blanco Calderón, está esta propuesta de individuos pretendiendo sobrevivir en una ciudad hostil. Allí se encuentra el caso del personaje de “La malla contraria”, atrapado entre la soledad, un amor platónico, sus textos “memorables” y un afán por volver a sentir la gloria en un partido de fútbol. Al final, termina por aceptar su derrota y conserva la esperanza de erradicar su soledad.

Con su narración lúdica y austera, acompañada por la banda sonora de Mark Sandman, "The Night" no solo encarna un país en crisis, sino un mundo en el que diariamente se agudiza el lado oscuro de la humanidad, brotado de las crisis existenciales. Está a la vista: en Oriente surgió el Estado Islámico, en Estados Unidos el “francotirador de Dallas” y en Venezuela “El Picure”.