No te culpes

 Foto: Abraham Tovar

Foto: Abraham Tovar

Por Neysaraí Paz* | Venezuela

De:           Andrés Andrade Velásquez
                      <AAVelásquez@gmail.com>

Para:           Carlos Andrade
                      <Carlndrade62@gmail.com>

Fecha:   20 de julio de 2014, 16:14

Asunto: Re: Dime si es verdad, hijo


ENTIENDO QUE FUE DIFÍCIL para ti mandarme ese correo. No sé cómo hizo mamá para ubicarte después de tantos años desaparecido, pero me molestan sus intenciones. Los reencuentros no deberían ser para anunciar malas noticias, mucho menos si son así, en plural. Varias.

Lamento mucho que no te hayan contado lo de Carlitos, después de todo era tu tocayo y tu hijo, de ser por mí te lo habría dicho, pero el único contacto que me unía a ti era ese Mazinger Z que me regalaste el año antes de marcharte. Sé que no aguantabas los gritos de mamá. Quizás por eso te perdono, porque te entiendo.

Sin embargo, creo que debería ponerte al día y, aunque me agradaría que nos viéramos de nuevo, prefiero contarte esto por aquí. Me llamarás cobarde, puede ser, es algo que siempre he sido, y empezaremos por ahí.

¿Recuerdas la figura de Mazinger Z? Tuve que guardarla bajo la cama. Carlitos, que ya desde chiquito olía pega, tenía apetito por la destrucción. Minaba mis ganas de exhibirla, y, por qué no, de jugar. Además, sabes cómo era mamá, no tenía nada de paciencia y, en lugar de enseñarnos a no pelear, prefería pegarnos (pegarme) antes de que empezáramos.

La verdad es que Carlitos tendía a codiciar lo ajeno (lo mío) y si no se le complacía, como buen imitador, gritaba hasta conseguir lo que deseaba. Mi carácter es más pusilánime, heredado de ti, supongo. Así que en lugar de luchar decidí amoldarme a ellos. Lo que más apreciaba lo mantenía oculto, y lo demás se lo daba a Carlitos antes de que siquiera pensara en pedirlo. El silencio se hacía en la casa, mientras que yo, antes de culminar la adolescencia, ya era un hombre enjaulado en la rutina.

No te culpo por esto, probablemente si te hubieras quedado las cosas no serían diferentes. Tampoco me quejo, fui un estudiante excelente y me destaqué en la universidad. Lo que lamento es no haber tenido muchos amigos. En mi colegio era el detestado. Los demás me tenían manía porque era callado y responsable. Los profesores no dejaban de utilizarme de ejemplo cuando ellos se comportaban «mal». Les gustaba porque hacía más fácil su trabajo, pero yo nunca pude hacer el mío.

Antes de que sientas pena, con el tiempo uno lo supera, toca resignarse a afirmar que la infancia jamás regresa.

Sobre mi vida actual, despreocúpate, no es tan horrible, aunque seguramente mamá te hizo creer todo lo contrario.

Confieso que no me hice policía. Ese era mi sueño cuando mudaba los dientes. Quería ser un héroe, vencer a los malos y ser un ejemplo para otros. Tú eres adulto, la vida no es como la televisión. La televisión no te muestra que los hombres de uniforme compran la mercancía de tu hermano, al cual debían apresar, pero no, lo acribillaron cuando no quiso seguir pagándoles un porcentaje por «proteger la zona».

No sé qué debes sentir al saber esto, quiero que sepas que realmente lo lamento. Pero aún quedan unos puntos por aclarar.

Soy banquero, sí, esos que no soportas. Nunca te gustaron los bancos. Recuerdo escucharte decir que era un lugar maldito donde guardas tu plata y después no te la quieren dar. Admiraba tu sentido del humor y que no temías hacer el ridículo. Es algo que también heredé, como las ganas de huir del yugo de mamá.

Me independicé lo más pronto posible. Ahora alquilo un apartamento cerca de mi trabajo y veo a mamá solo el 31 y en su cumpleaños.

Pensarás que mi vida es solitaria, pues mi situación en el banco no se diferencia a la del colegio, pero desde que existe Netflix ya nadie está solo y menos yo, que tengo una dama que mantener.

Ella fue el salvavidas de un hombre hundido. Apareció durante la época en que ocultaba mi Mazinger Z. Le gustaban los canales de videos musicales, de esos que ahora escasean. Como nacimos en la buena era, veíamos a Michael Jackson y a Madonna, dos grandes inigualables. Está de más decir que ella quería ser como la Reina del Pop: cubrirse de escarcha y ser aplaudida en el escenario por los fans enloquecidos con su canto.

Como aún era un chamito no pensé que fuese a ser tan duro. Mantener a una diva no es sencillo, no puedes imaginar lo que cuestan el maquillaje y los vestidos, como tampoco lo cansada que es la vida del espectáculo. Más si debes montarte en dos rascacielos y portar zarcillos que parecen platos.  Y sí, todo corre por mi cuenta, es que ella me hace feliz. Desde el momento en que se robó el labial de mamá y me regresó la mirada en el espejo, supe que mi vida estaría dedicada a esa mujer.

Que se jodieran los policías, que se jodiera Carlitos, que se jodiera mamá que nunca debió tener hijos.

Ella traslada a otros mundos con su show. Siéndote sincero, nunca supo cantar, pero dobla las canciones con tal estilo y naturalidad que lo parece. En los carnavales se alza con la corona, sus admiradores cubren su escenario de flores, las mismas que terminan en la peluca que utiliza para homenajear a Karina.

Ella me hace libre.

De ella te informó mamá, cuando la vio en el club y por ende me vio a mí, envestido en el vestido más brillante. Así sus gritos no me afectaron como antaño.

No sé si sigas leyendo estas líneas, por si te interesa la bauticé Afrodita, en honor a Mazinger Z. Siempre lo he tenido en cuenta, papá.

Esta es la verdad. Siento que ahora tengas un hijo muerto y un hijo «marico». Aunque esto último es para otro correo.

Te quiere

Andrés.


Neysaraí Paz*

Estudiante del 9no semestre de Letras en la UCV. Ganadora del primer premio del concurso de cuentos de la Escuela de Letras por el relato No te culpes (Caracas, 2017). También fue otorgada con la Beca auspiciada por Marianne Díaz Rodríguez por el proyecto literario La planificación de lo insólito (2017). Actualmente dicta el taller “La narrativa y sus alrededores” en la Biblioteca de los Palos grandes.