Planes redibujados

 Foto: Abraham Tovar

Foto: Abraham Tovar

AC | Venezuela*

Migrar es difícil. No es sólo difícil, es devastador. Es dejar todo en el lugar donde creciste o pasaste la mayor parte de tu tiempo; dejar atrás a tu familia, tus amigos y tus lugares favoritos para llegar a un lugar donde estarás completamente solo para forjarte una vida nueva, adaptarte a nuevas culturas, climas, leyes y un millón de etcéteras más.

Difícil, ¿cierto?

Ahora imaginen hacer ese proceso tres veces. Quizás es difícil imaginar, pero como siempre digo: "Cada historia es diferente" y esta es mi historia.

Emigrar era algo que ya estaba en mente. Yo venía pensando, meditando y analizando la posibilidad de irme, y siempre, por una cosa u otra, le estaba dando largas a ese asunto. Es que emigrar en ese momento era nada más que un capricho; un arranque, un impulso, un deseo. Mi plan inicial era Buenos Aires (Argentina), pero muchas veces las cosas no salen como las planeas.

..."Hija esa es tu oportunidad. La estabas buscando y llegó. No es para dónde querías inicialmente, pero es un colchón, por algo se empieza" ...

Esas fueron las palabras que dijo mi madre cuando me dio la noticia que cambiaría mis planes y también mi vida. Era una oportunidad excelente, muy pocas oportunidades llegan así. ¿De qué hablo? Mi madre, por medio de un amigo cercano, ofreció la posibilidad de trabajar en el extranjero por seis meses y regresar a Venezuela. ¿Cuál era la oferta? Trabajo, comida y alojamiento garantizados durante mi estadía en el país y, además, me cubría los gastos del viaje. Era una oportunidad única, no se podía despreciar. Venía de una persona de confianza ¿Por qué dudar? Seis meses pasan rápido. En ese tiempo de trabajo, podía hacer algo de dinero, regresar a Venezuela y comenzar a hacer realidad mi idea de irme a Buenos Aires. Era perfecto.

El trabajo era en Bolivia, en un restaurante que estaba saliendo a flote y necesitaban a una persona que se hiciera cargo de la barra, atención al cliente, mejorar la carta de bebidas y entre otras actividades. Me venía como anillo al dedo, soy Bartender profesional, trabajar detrás de una barra es lo mío. Además, no me iba sola, conmigo iban tres personas más a trabajar (todos conocidos). Esto me hizo mucho más fácil tomar la decisión de ir. Uno de los chicos ya había ido a Bolivia a trabajar con esta persona y todo se había cumplido al pie de la letra. Todo se veía bien.

Debo admitir que las cosas pasaron muy rápido. El viaje se confirmó un día miércoles y ya el viernes de esa misma semana estaba saliendo de Venezuela. El viaje sería por tierra, saldría por Brasil y llegaríamos a Bolivia. Sería una experiencia inigualable. De toda esta experiencia voy a hablar más adelante, por ahora, solo quiero verme a mi misma en ese momento, con la mente en blanco, la maleta hecha y el corazón lleno de emociones.

Y es que no hubo despedidas, no hubo explicaciones, todo fue así, de inmediato. Si al caso vamos, no era necesario que me despidiera, al fin y al cabo regresaría a los seis meses. Eso fue hace tres años y sigo sin regresar a Venezuela.

Es que la vida da muchas vueltas y las cosas pueden cambiar de la noche a la mañana. Un viaje de trabajo a Bolivia por seis meses me llevó a pasar 17 días en Brasil, 6 meses en Bolivia, 9 meses en Buenos Aires y traerme hasta Austria, lugar donde me encuentro actualmente.

Cada país por el que pasé tiene su historia. Historia que tengo pensado compartir de manera detallada con cada uno de ustedes.

Mientras tanto diré: “Los planes, a veces, hay que dibujarlos mejor, no siempre salen como se quiere”.

Hasta la próxima.

(La próxima entrega estará en la edición digital del mes de diciembre de la revista 4Dromedarios)        


AC

*Venezolana radicada en Austria