El otro Joaquín Cortés

 Foto: Joaquín Cortés

Foto: Joaquín Cortés

Javier Cedeño Cáceres* | Venezuela

Cuando esperas encontrarte con Joaquín Cortés, lo menos que pasa por tu mente es un Joaquín que ya no toma fotografías o hace cine, un Joaquín que ya no capta con el lente de una cámara la esencia humana; aquel que con imágenes narraba una historia universal logrando que hasta el más indiferente pudiera asimilarla y tener una percepción clara de la identidad, origen, genio y temperamento de los individuos que únicamente él ha podido inmortalizar.

Este Joaquín Cortés solo necesita de lápiz y papel. Cada uno de sus planos se convirtieron en páginas llenas de palabras adornadas de colores rítmicos a través de comas, puntos, acentos, comillas. Para la iluminación se vale de recursos literarios: epítetos, hipérboles, antítesis. El sonido ya no depende de microfonía, sino de la conjugación perfecta de la gramática española complementada con la música compuesta por sílabas empleadas con la intención de dar un sentido claro a su expresión. Toda esta composición tiene la simpleza de poder ser editada por un borrador de goma. Este Joaquín Cortés ahora escribe literatura.

—Ya no hago cine y no creo que vaya a hacerlo nuevamente.  Pero es una decisión de tipo físico, porque no tengo las condiciones. Yo no estoy haciendo fotos tampoco: ahorita estoy escribiendo.

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—En ese momento me dije a mí mismo: “No hago más cine”. Decidí que ahí se terminaba mi carrera como cineasta.

II

 Joaquín Cortés (2018) | Foto: LACSzz

Joaquín Cortés (2018) | Foto: LACSzz

Después de haber recorrido Venezuela y parte del mundo con su cámara, actualmente Joaquín vive en un apartamento ubicado en los Altos Mirandinos sin ser ajeno a las dificultades del país. Su hogar ahora es un refugio y depende de un transporte público casi inexistente para poder movilizarse. A esto se le suma la separación a cuentagotas de su familia: uno de sus hijos se fue del país y en pocos días su hija también abandonará Venezuela.

—La razón de ahora por lo que la gente se va es muy distinta y dramática. Es una cosa que es dolorosa. Ellos no se van porque van a estar mejor, sino que aquí no pueden hacer nada. No hay oportunidades y eso no es justamente lo que a mí me pasaba en España.

Joaquín se refiere a la España que dejó, esa Barcelona que lo vio nacer en 1938 y donde vivió su niñez junto a su madre. En esa ciudad, a los 12 años de edad, vivió una de las etapas más traumáticas de su vida, cuando una parálisis inmovilizó sus piernas y, como tratamiento, le aplicaban constantes descargas eléctricas que al final no sirvieron para nada. Ante el temor de quedar inválido, Joaquín ingresó a un gimnasio para practicar, a pesar de sus limitaciones, lucha grecorromana.

 Foto recuerdo del Liceo Escolar de Barcelona (España), 1949

Foto recuerdo del Liceo Escolar de Barcelona (España), 1949

—Fue muy duro para mí tener esa edad y no poder caminar. Mi abuelito me llevaba cargado al gimnasio porque yo no podía hacerlo solo. Fue una época fuerte; era mucho sacrificio, eran ocho horas metido en un gimnasio.

Con el tiempo, la actividad física le devolvió la movilidad a sus piernas: “Un día me conseguí al médico que me daba las descargas eléctricas y él no lo podía creer”. El para entonces futuro cineasta se destacó competitivamente en el deporte que le regresó la esperanza, llevando a cabo una vida normal, no muy diferente a los del resto de los españoles de esa época. Su estilo y calidad de vida no fue un motivo para abandonar España.  

 Ganador en el campeonato de lucha grecorromana. Barcelona (España), c. 1955

Ganador en el campeonato de lucha grecorromana. Barcelona (España), c. 1955

A diferencia de los actuales motivos migratorios de sus hijos, Joaquín contrasta con las razones que lo empujaron a dejar su país natal junto a su madre en 1956.

—Yo trabajaba de grabador de metales y mi vida transcurría normal. No tenía ninguna inquietud de venirme para acá a hacer plata ni nada de eso, esa no era mi motivación.

De una dictadura a otra dictadura: salió de la de Franco para llegar a la de Pérez Jiménez y así establecerse en una Venezuela rica y vanguardista.

—Yo viví la Venezuela de 1956, tenía 17 años cuando llegué. Cumplí el mismo día que llegamos. Viví esa Venezuela, si no, no podría imaginar como era. Claro, no había escuelas de cine, no había nada, pero había esa cosa alegre de la gente, esa parte dicharachera que se ha ido perdiendo con el tiempo.

III

 Pesca en el llano durante la filmación de  Caballo Salvaje  | Foto: Igor Barreto

Pesca en el llano durante la filmación de Caballo Salvaje | Foto: Igor Barreto

Mientras camina al lugar de la entrevista, Joaquín Cortés cumple su labor de abuelo y padre. Aconseja a su nieta, de 10 años de edad,  sobre qué podría estudiar en unos cuantos años: “Cuando tú estudies todo será diferente, Sofía”, le dice. Llega a un asiento improvisado bajo el sol y se acomoda. Mira la cámara fijamente como queriendo descifrarla e imagina lo que pudo haber hecho hace muchos años con los avances tecnológicos que existen actualmente. “Imagínate, la misma cámara para tomar fotos y grabar”.

—Es magnífico que todo el mundo pueda usar una cámara, pero de ahí a ser documentalista hay una diferencia. Es bueno que la tecnología se haga accesible. Una de las cosas que me ha dolido más es tener la edad que tengo y no poder participar en lo que pasa en Venezuela. Ya no tengo físicamente la oportunidad de moverme; de poder hacerlo, yo estuviera registrando el momento de la Venezuela actual.

Aunque hubiese querido, él no podía imaginarse documentando las protestas antigubernamentales de 2017. En cambio, se resignó a admirar el trabajo de otros fotógrafos  que estuvieron en el momento correcto para grabar o tomar imágenes de la historia reciente del país. Está satisfecho con los materiales que, desde una perspectiva periodística, muestran la realidad de Venezuela y que, en un futuro, permitirán la elaboración de trabajos documentales. Pero tiene una opinión distinta del cine documental actual en Venezuela: “Creo que los cineastas están silenciados, creo que se autosilencian. Pero el material existe y eso es lo importante. Yo soy optimista”.

 Aviso de  Caballo Salvaje  para el Festival de Cannes

Aviso de Caballo Salvaje para el Festival de Cannes

Un grupo de niños que juega  interrumpe la toma durante la entrevista y Joaquín aprovecha la pausa para hablar sobre su estilo de hacer cine. Aclara que, ante todo, lo primordial al momento de trabajar es la sinceridad; la sinceridad del director consigo mismo y con los personajes.

—No hay que tratar de dárselas de vivo. Se va a notar. Yo siempre he dicho que las películas y las fotografías son como la gente que las hace. Cualquiera puede darse cuenta de cómo es un realizador porque su reflejo interior quedará plasmado en la película.

Como con El Domador [1978], con quien prácticamente dejó que el personaje principal, Enrique Altahona, cumpliera con su día a día y solo se limitó a grabarlo en su vida cotidiana. “La película la vas a hacer tú, no yo. Tú vas a hacer las cosas y yo te voy a seguir”, le dijo a El Domador antes de iniciar las grabaciones. Así fue.

—No sé. Yo pienso que es el mejor personaje que he tenido. Cuando uno hace una película lo más difícil es conseguir al personaje: tardé un año para conseguir a Enrique. Yo no quería hacer El Domador con cualquier domador. Yo vi a domadores por toneladas y no me convencían. Al que yo buscaba era una figura como él. Empezamos a hablar y me di cuenta de que este era el personaje, ni siquiera necesité hacerle pruebas.

 Joaquín Cortés con Enrique Altahona, El Domador | Foto: Jorge Beltrán

Joaquín Cortés con Enrique Altahona, El Domador | Foto: Jorge Beltrán

Este estilo improvisado Joaquín lo define como “cine de descubrimiento”, que consiste en hacer las películas a medida de que se va desarrollando, sin nada preconcebido. “Sin guión, pero no sin la idea”.

No se trata de trabajar sobre cualquier tema y dejarlo al libre albedrío, se debe tener conocimiento y algún concepto sobre la técnica y el lenguaje cinematográfico, previendo los recursos necesarios para el montaje. “No trato de imponer un criterio de como es el cine documental, lo que trato es dejar un espacio a esa otra oportunidad. Algunos colegas lo aplican de alguna forma sin saberlo”.

Así como El Domador, todos sus personajes son universales y se fundamentan en la simpleza que de cada uno de ellos. Los adornos innecesarios no se observan en la composición natural de Sorte (1977), ni en Minas de diamante (1979), ni en Mujeres de Oro (2012) y tampoco en Una gran ciudad (1973); este último tiene como protagonista el compendio multifacético de los transeúntes de Nueva York.

—Cuando la gente trata de hacer un personaje universal y lo desconecta de su medio para hacerlo más internacional, no funciona. Lo que sirve es que se muestre algo que usted no conoce y eso es lo que pasa con esos personajes. Yo he visto el El Domador con público de otros países y lo que les impresiona es que no es como ellos. Lo más internacional se convierte en lo más provincial.  

IV

 Londres (1974) | Foto: Joaquín Cortés

Londres (1974) | Foto: Joaquín Cortés

l¿Cómo con una fotografía se puede decir tanto? No sé, pero Joaquín logró que las ironías se encuentren en una sola imagen y se confronten. Como captar el momento en el que un coche para bebés coincide frente a frente con un anciano en sillas de ruedas en una calle de Londres (1974). El inicio y el final de la vida resumida en ese instante que para cualquiera hubiese pasado desapercibido, pero en cambio, Joaquín supo lo que ocurría y se ubicó para perpetuar la escena bajo un encuadre perfecto.

“Tuve la idea equivocada de que no se podía hacer cine y fotografía al mismo tiempo. Siempre estuve equivocado; podía haber seguido tomando fotos y haciendo cine”. En las etapas de las vida en que Joaquín se dedicaba a la fotografía, evitaba mezclarse con el cine, pero ahora percibe la realidad desde otro punto de vista, aunque está convencido de cuál fue su mayor éxito en la vida. “La fotografía. Sin duda mi mayor éxito está en la fotografía. Por supuesto que el cine también ha sido muy gratificante. Tú ves una película y no es la misma impresión que te da una fotografía. El cine tienes que verlo en unas condiciones diferentes. La fotografía tú la ves y a lo mejor queda impresa en tu mente para el resto de tu vida. Son dos medios que trabajan en el espectador de forma distinta. Yo le doy mucho valor a la fotografía”.

 Foto: Joaquín Cortés

Foto: Joaquín Cortés

Por ese valor es que lamenta que en Venezuela no haya una institución dedicada a destinar recursos para proyectos fotográficos, a diferencia del cine al que sí le otorgan presupuestos para financiar películas.

 Foto: Joaquín Cortés

Foto: Joaquín Cortés

—Hay una falla muy grande. Tu tienes ideas para una película, vas al Centro Nacional de Cinematografía y te dan dinero para la película, pero en fotografía no. Hoy en día, más que nunca, ir a un sitio a hacer un trabajo fotográfico cuesta dinero. No hay un respeto hacia la fotografía, no lo hay por parte de quienes tienen que tomar esas decisiones. En Venezuela hay muy buenos fotógrafos, pero están muy desprotegidos y eso me parece injusto.

V

 Foto: Joaquín Cortés

Foto: Joaquín Cortés

No le importa si sus libros se publican o no. Se conforma con crear el mundo infinito que ofrece la escritura, pues, el ejercicio de inventar partiendo de la nada es algo que le fascina. Solo se deja llevar gradualmente hasta que la historia nazca, tan espontánea como los ciclos de la naturaleza.

—La fotografía es diferente a la literatura: tú puedes pensar en algo y luego lo transformas, lo escribes y empiezas a reescribir. Ese proceso te lleva a quién sabe dónde. En cambio la fotografía es un “click” y ahí está todo.

Se acerca el final de la conversación y el Joaquín actual deja de hablar en retrospectiva, sobre ese pasado en el que era cineasta y fotógrafo. Se da cuenta de que lo que hace actualmente nada tiene que ver con lo que hizo siempre. El proceso es distinto. Ya tiene escrito un libro de cuentos y está redactando su primera novela.

 Foto: Joaquín Cortés

Foto: Joaquín Cortés

—Puedes hacer un gran libro con un lápiz y un papel. Por eso cuando me dice la gente: “Mira, me acabo de comprar la cámara no sé cuánto”, ¿con eso crees que vas a hacer lo que no has hecho hasta ahora?. Entonces comprate un lápiz y un papel y escribe El Quijote, Doña Bárbara. No hay nada más sencillo que escribir… Mi novela empieza en una Venezuela deshinibida, poderosa y con recursos. Termina en la situación en que estamos ahora. Es a través de ese personaje principal es que vamos a vivir todo eso. En ese protagonista hay una mezcla de varias personalidades.

¿Con qué palabras iniciará la obra literaria de Joaquín Cortés? No sé sabrá, si no dentro de algún tiempo. Lo que se sabe es que evocará el pasado de la Venezuela bonita que recibió a Joaquín y que con su imaginación volverá a una época donde sus personajes padecerán sus dramas individuales, mientras que paralelamente, en algún lugar de ese tiempo, el joven Joaquín Cortés explora y descubre poco a poco su pasión por el cine y la fotografía, hasta convertirse en uno de los más grandes artistas creadores de Venezuela.  

 Joaquín Cortés con su madre Carmen Peteiro. Barcelona (España), 1940.

Joaquín Cortés con su madre Carmen Peteiro. Barcelona (España), 1940.


Fotografías cortesía de:

  • LACSzz

  • Joaquín Cortés, Cuadernos Cineastas Venezolanos (2010)

  • Maestros de la Fotografía en Venezuela (2014)


Javier Cedeño Cáceres*

Periodista, cronista. Editor de la revista digital 4Dromedarios. Premio “Periodista Digital del año 2018“ (El Nacional).