La Poesía es un modo de ver la Vida

Por: Amaranta Sofía Campos

 Foto: Abraham Tovar

Foto: Abraham Tovar

Quien diga que la poesía no está en todos lados, vive sin música en la cabeza. La poesía está en la cotidianeidad, porque la hace llevadera y mágica. Puede haber algo etéreo en la acción de lavar los platos, el uno a uno con la esponja, la espuma entre los dedos, la alquimia de rebautizar un utensilio doméstico con una nueva oportunidad de ser usado otra vez. Puede haber un silencio sagrado en el correr del agua que se reparte generosamente entre tus manos y la olla. Si vemos la rutina con los ojos de la poesía -no del poeta- todo se vuelve trascendental.

La poesía transmite todo un mundo de sensaciones en un par de palabras mundanas; no se necesitan demasiadas para llevar el mensaje. Aunque habla sobre libros extensos e innecesarios, lo que Borges dice en su prólogo de Ficciones parece muy adecuado a esta idea: “Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos.”

Se necesitan segundos para que la música de las palabras conjuren un nuevo universo dentro de nosotros a través de un poema.

Desde que inventamos las palabras, las hemos combinado con ritmo para comunicarnos. La literatura comenzó oralmente con los grandes poemas épicos, que eran recitados de memoria y acompañados por música. El ritmo es el que crea, es la cópula imprevista de una palabra con la otra lo que gesta ese nuevo significado rítmico.

En todo lo que hacemos, lo que pensamos, lo que sentimos, hay poesía.

Dice Eugenio Montejo, este gran poeta venezolano, que la poesía es la última religión que nos queda.

Sólo pide ser sentida, dejar que las palabras realicen su alquimia y muestren un nuevo lado de la cotidianeidad que no habíamos visto.