Su primer día de libertad

Por Eduardo Liendo

Ahora, cuando se habla y se trata insistentemente de lograr una amnistía general de los presos políticos en el país, como un paso indispensable para emprender una difícil ruta hacia la superación de la grave crisis que nos aqueja,  hasta el punto de colocar a  la nación en riesgo de destrucción y caos, he recordado un excelente reportaje periodístico aparecido en la revista Pandora de El Nacional, publicado el  20 de abril de 1985 en su Nº 145, bajo la conducción de Soledad Mendoza, secundada por el joven periodista y narrador Eloi Yagüe y la acción reporteril de la combativa y eficiente periodista Luisa Barroso.

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Me parece de interés su relectura, la cual propongo. Para los efectos de cierta actualización, me limito a hacer algunos comentarios que coloco entre paréntesis, estimulado por el hecho de haber sido honrado entonces con la invitación al encuentro en Los Próceres.

Su primer día de libertad fue el título en la portada de la revista, acompañada de una foto colectiva de Ricardo Jiménez, realizada frente al monumento de Los Próceres que exalta la Batalla de Boyacá. En la misma se pueden apreciar, de izquierda a derecha, Héctor Mujica, Rómulo Valero, Antonio Lauro, Eleazar Díaz Rangel, Pedro Pablo Aguilar, Jesús Faría, Simón Alberto Consalvi, Antonio Estévez, José Agustín Catalá, Luis Boyardo Sardí, Guillermo García Ponce, Eduardo Liendo  y Manuel Caballero.

Al inicio de la presentación se afirma: “Más  de medio siglo de experiencia carcelaria ha hecho de este grupo un conjunto armónico a pesar de las diferencias de edad, educación y de militancia política. Los une la cárcel y la vocación de servicio al país”. El reportaje también incluye en las páginas centrales de la revista las opiniones de Ramón J. Velásquez, Antonio García Ponce,  Carlos Andrés Pérez e Isaac Pardo.

 José Agustín Catalá

 Foto: Sandra Bracho | Cortesía de El Nacional (Febrero 2011)

Foto: Sandra Bracho | Cortesía de El Nacional (Febrero 2011)

Encarna en buena medida la condición de resistente del civismo, después de haber padecido varios meses prisionero en la Seguridad Nacional, “emprende la tarea más peligrosa y trascendente de entonces, concluye la impresión del Libro Negro  de la Dictadura. Llevado nuevamente a prisión es sometido a infamantes torturas. Finalmente en septiembre de 1953 es trasladado junto con ciento cincuenta y cinco presos a Ciudad Bolívar, en la bodega del vapor Guayana.

Cuatro años más tarde sale en libertad con la condición de que no ejercería su oficio de impresor. Sin embargo, soporta otros  arrestos durante el año 57. Al caer el dictador, es el primer venezolano que ocurre ante el Procurador General de la Nación para denunciar en extenso escrito, todo cuanto conoce del proceso de torturas y crímenes políticos ocurridos bajo el régimen del General Marcos Pérez Jiménez en el lapso comprendido entre febrero de 1949 y diciembre de 1957…

(José Agustín Catalá se convirtió durante varias décadas en el editor de textos opositores,  críticos o literarios. José Vicente Abreu, Jesús Sanoja, José León Tapia, Eleazar Díaz Rangel, Rafael Arraiz Lucca, Milagros Socorro, entre otros destacados autores, fueron publicados por su editorial: Centauro. Falleció en diciembre de 2011 a los 97 años) 

Jesús Faría

 Foto: cortesía de elmuelleesplaya.blogspot.com

Foto: cortesía de elmuelleesplaya.blogspot.com

 (Su sola presencia imponía el respeto por su integridad. Aunque ya yo me había desvinculado desde hacía varios años de la militancia comunista en ese encuentro de Los Próceres, lo saludé con el reconocimiento y afecto de otras ocasiones. La presentación del entrevistado y su comentario no tienen desperdicio.)

"Jesús", como lo llaman sus camaradas, es el Secretario General del Partido Comunista de Venezuela. Fue uno de los presos más famosos y que más cárcel sufrió durante la dictadura de Pérez Jiménez. Jesús ha pasado dieciocho años de su vida entre la cárcel y el exilio. Es el decano del grupo. Durante los últimos años de la dictadura estuvo haciendo planes para el primer día que estuviera libre. Dedicaba tiempo a la idea  de salir a encontrarse con una mujer y esconderse con ella por un tiempo, no hablar nada de política y dedicarse única y exclusivamente al amor.

Lo que ocurrió fue bien diferente a lo que había planeado con tanto gusto. Al salir de la cárcel de Ciudad Bolívar el 24  de enero de 1958, se trasladó a Caracas para asistir a una reunión del Buró Político, pero todavía le quedaba la noche y acariciaba con emoción la idea de poderse perder con una mujer lejos de los balances políticos. Tampoco pudo cumplir su deseo. Esa primera noche la pasó en casa de  Miguel Otero Silva, con algunos de sus camaradas y con Luis Augusto Dubuc, quien venía de la cárcel de San Juan de los Morros”. (Jesús Faría falleció el 24 de enero de 1995).

Antonio Lauro

 Foto: José Grillo | Cortesía de El Nacional

Foto: José Grillo | Cortesía de El Nacional

La reportera advierte  que “el maestro Lauro accedió muy amablemente a acompañarnos a Los Próceres para la foto, sin embargo, no quiso comentar nada sobre su prisión”.

(Fue apresado en 1948 después del golpe de Estado que derrocó a Rómulo Gallegos. De la cárcel fue enviado al exilio, en el que permaneció durante 10 años, hasta 1958. En la fotografía luce un hombre en  plenitud de sus facultades: el notable músico compositor de grandes valses para guitarra clásica, entre otros esa joya  que bautizó “Natalia”. Falleció en 1986,  un año después de este especial encuentro. Su valiosa obra musical quedará por siempre).

Simón Alberto Consalvi

 Foto: Jairo Altuve | Cortesía de El Nacional

Foto: Jairo Altuve | Cortesía de El Nacional

Dejo claro que Consalvi para el momento es canciller de la República por segunda vez. Destaca también su fino humor.

“Las dos veces que fui  detenido estaba cumpliendo mi responsabilidad como periodista. La primera fue  después del golpe del 48. Me arrestaron cuando decía un discurso en la Asociación Venezolana de Periodistas (AEV): me llevaron al Obispo y a los pocos días fui liberado… Luego fui detenido en 1952, me fueron a buscar a La Esfera. Estuve preso tres años en la cárcel de Ciudad Bolívar. De allí salí en 1955 para La Habana. De la cárcel al avión”.

Luego Consalvi refiere a su incorporación a la resistencia en Cuba, donde vuelve a caer preso: “Compartí un calabozo con Raúl Roa, futuro canciller de la Revolución en la fortaleza de El Príncipe en La Habana. La dictadura de Batista  me obligó a irme a Estados Unidos, allí compartí un apartamento de sesenta dólares con Jaime Lusinchi”.

(Simón Alberto, aquel afable civilista, ya no está entre nosotros. Falleció en 2013. Pero su aporte como periodista de excepción  permanecerá vigente por mucho tiempo más).

Héctor Mujica

 Foto: Vasco Szinetar | Cortesía de El Nacional

Foto: Vasco Szinetar | Cortesía de El Nacional

Periodista, escritor, ex director de la Escuela de Periodismo de la Universidad Central de Venezuela y ex candidato a la Presidencia de la República por el Partido Comunista.

Su primera prisión fue en 1950. Dos meses más tarde salía en libertad. Hasta 1955 es asiduo huésped de los calabozos del Obispo y la Cárcel Modelo, sometido a constantes tormentos.

 —El exilio, decían los griegos, es peor que la muerte. Pero cuando me anunciaron mi padre y mi esposa que nos iríamos a Chile, bendije el ostracismo. Venezuela era una inmensa cárcel de más de novecientos mil kilómetros cuadrados.

—Ocho años más tarde, en 1963, es prisionero nuevamente. Fue llevado al Retén de El Junquito y desde allí dirige una de las huelgas más grandes de nuestra historia carcelaria. Movilizó más de tres mil presos  políticos en todo el país.

Como era disputado suplente por el Distrito Federal, el Partido Comunista me sacó de El Junquito al Capitolio.

(Héctor Mujica, afable, culto y valiente caballero, murió en el año 2002. Quien ahora rememora este encuentro en Los Próceres  le guarda un especial agradecimiento por haber gestionado mi inclusión en el último decreto de Raúl Leoni, que concedió el indulto a varios presos políticos o que permanecían bajo la limitación de  la ley de conmutación de pena por extrañamiento del país, en el año 1969).

Isaac  Pardo

 Foto: cortesía de la Biblioteca Isaac J. Pardo del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos

Foto: cortesía de la Biblioteca Isaac J. Pardo del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos

 La reportera deja constancia de la dificultad para entrevistarlo y la imposibilidad de convencerlo para asistir al encuentro programado en  Los Próceres, pero logra una corta y muy contundente declaración telefónica:

—“Estoy muy satisfecho de haber sido preso de Juan Vicente Gómez  y la condecoración más alta que jamás haya recibido y  recibiré fueron los grillos de setenta libras, los setentones que llevé durante mi prisión.

Al salir de la cárcel lo primero que hice fue darme un buen baño, ponerme agua de colonia, vestirme y salir a caminar. Me dirigí a la esquina de Las  Gradillas, quería conversar. Allí  tuve la suerte de encontrarme con el poeta Ramos Sucre”.

(Isaac Pardo falleció en el año 2000 con el fin de un milenio, dejando una valiosa obra literaria, en la cual sobresale su importante ensayo sobre  los orígenes de la utopía Fuego bajo el agua (1983), por el que le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura (1984).

Guillermo García Ponce

 Foto: Manuel Sardá | Cortesía de El Nacional

Foto: Manuel Sardá | Cortesía de El Nacional

Es un nombre sonoro e importante en la historia política contemporánea de  Venezuela. Para el momento del reportaje que comentamos de abril de 1985 se le presenta como periodista, escritor testimonial, experto en fugas y Miembro de la Junta Patriótica.

El catire Guillermo, como le dicen sus amigos, relata que apenas era casi un niño cuando conoció la cárcel durante el régimen de Eleazar López Contreras, en sitios de reclusión conocidos con el nombre de El Rastrillo y El Garaje. En esas dos oportunidades se fue derechito para su casa. En 1949 es arrestado por la Seguridad Nacional, durante una reunión en la Asociación Venezolana de Periodistas (AVP). Conoció los calabozos de la SN en compañía de Luis Estaban Rey. También fue una corta prisión y  se fue al salir para su casa. En 1950 cae nuevamente. Casi inmediatamente  lo confinan a San Fernando de Apure. Pero al llegar sin hacer ningún tipo de contactos se fuga y se incorpora a la lucha clandestina.

—“La prisión más larga la  sufrí en la década del sesenta. Pasé cinco años en el Cuartel San Carlos, hasta que me escapé por el túnel durante los carnavales de 1967. Al salir de la boca del túnel nos llevaron a una camioneta y nos trasladaron a un sitio de reunión donde nos esperaba el cerebro de la fuga, Antonio José Urbina, más conocido como Caraquita. Con él estuvimos reunidos desde las siete y media de la noche hasta las tres de la madrugada. Así pasé mi primer día”.

(Esa noticia de la fuga del San Carlos conmovió al país. Junto a Guillermo escaparon Pompeyo Márquez y Teodoro Petkoff. Nosotros, presos en Tacarigua,  armamos una verdadera algarabía. La mención del inolvidable Antonio José Urbina me hace rememorar una simpática anécdota. Siendo Urbina  embajador en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez se realizó en la embajada un acto de celebración. Allí se encontraban viejos amigos y funcionarios invitados, de modo que unos lo llamaban Caraquita y otros señor embajador, motivo por el cual el aludido exigió: "Vamos a ponernos de acuerdo, o me llaman Caraquita o me llaman embajador, pero embajador Caraquita no puede ser".)

(Guillermo García Ponce se convirtió después de la toma del poder por Hugo Chávez en una figura fundamental en el nuevo gobierno. Pienso que era  el revolucionario partidario de Chávez de mayor experiencia y jerarquía política. Abogaba por el desmontaje del Estado democrático  y su conversión en un Estado socialista “ortodoxo”. Dicho sin eufemismos era un comunista autoritario. En algún momento parecía ser el hombre fuerte y duro en el equipo gobernante, más radical que Luis Miquelena y José Vicente Rangel. Supongo que un hombre tan astuto como Chávez comprendió el peligro de mantener como alta figura del poder a un hombre carismático, con trayectoria y renombre, y lo apartó del primer plano. Es lo que se me ocurre para explicar su actitud posterior mucho más discreta como director de un periódico de limitada circulación. GGP falleció en septiembre de 2010. Una vez le pregunté a Antonio, su hermano y buen amigo,  sobre  su muerte y me dijo: murió así porque nunca quiso operarse.)

Pedro Pablo Aguilar

 Foto: Luigi Scotto | Cortesía de El Nacional

Foto: Luigi Scotto | Cortesía de El Nacional

La presentación es sucinta: Parlamentario, dirigente nacional de Copei y de la corriente Herrero-Pablista que adversa al ex presidente Caldera.

Tuvo una corta prisión de seis meses durante el año 1957. Cumplió esos meses de encierro en la Cárcel del Obispo. Salió en libertad el propio 23 de enero cuando una muchedumbre liberó los presos.

—Como buen andino, sin perder tiempo, lo primero que hice al saberme  libre fue dirigirme a Miraflores… Con la mala suerte para mí, que ya había gobierno.

(En la últimas décadas del siglo XX y las primeras del XXI Pedro Pablo  Aguilar fue o ha sido un político muy activo desempeñándose como diputado y senador de la República y como secretario general del partido socialcristiano Copei, a pesar de su avanzada edad y la fractura de su partido. En una entrevista concedida  a la periodista Macky Arenas (agosto  de 2016) deja manifiesta su fe democrática:

“El autoritarismo sigue corriendo por la sangre de mucha gente aunque no lo confiesen. Como cristiano pienso que Dios no nos puede castigar toda la vida. Más que un líder, lo que se requiere es reinstitucionalizar al país. En la medida en que Venezuela recupere la democracia se recuperarán los partidos”, dice el dirigente político.)

Eleazar Díaz Rangel

 Foto: Sandra Bracho | Cortesía de El Nacional

Foto: Sandra Bracho | Cortesía de El Nacional

Para el momento del encuentro en Los Próceres se desempeñaba como director de la Escuela de Comunicación Social de la UCV y presidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas FELAP. La reportera deja constancia de que el entrevistado goza de un enorme prestigio en su gremio. Ha  podido agregar que muchos de sus conocidos y amigos le hacen bromas considerándolo una suerte de Dorian Grey por el aspecto lozano que ha mantenido  a pesar de los años.

—“La verdad es que no fue el primer día sino una noche: yo tenía dos años y medio preso en el Cuartel San Carlos por juicio militar y hubo necesidad de esperar que el decreto del presidente Leoni apareciera en la “Gaceta Oficial” de esa noche, aunque los noticieros estuvieron anunciándolo desde el mediodía. Era 27 de julio de 1966, día del periodista, otra razón para no olvidarlo. Yo salía luego de una sostenida campaña de la Asociación Venezolana de periodistas (AVP), el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) y del Círculo de Periodistas Deportivos (CPD) por mi libertad. De manera que con Aída mi esposa y varios amigos fuimos a la Casa del Periodista,  donde se celebraba esa fecha, y prácticamente me cargaron en hombros. (Allí creo que me tomé el primer Whisky en treinta meses).Después nos fuimos a continuar la celebración en casa de mis padres. Te lo cuento hasta la media noche porque  después es el  segundo día  y tú querías saber  cómo fue el primero. Pero te digo que uno siente algo raro cuando después de largo tiempo rescata la libertad, pero por supuesto no es que le haga falta el calabozo. ¡Poder caminar por la calle, mirar otras paredes y otros rostros, es un cambio total!

(Eleazar Díaz Rangel ha desempeñado algunos  cargos de evidente relevancia pública. Fue Senador del Movimiento al Socialismo (MAS), presidente de Venezolana de Televisión en el período 1994 – 96 y director de Últimas Noticias, el diario de mayor circulación en el país, desde el año 2001 hasta la fecha actual. Su palabra siempre ha gozado de particular atención para numerosos venezolanos. Muchos de sus amigos cercanos siguen sin comprender y asimilar su identificación con el “chavismo”. Lo consideraban “un hombre de Pompeyo” por su proximidad política y proverbial amistad con este importante  líder. Pero, me consta, siempre se le quiso y respetó mucho. En las amistosas reuniones organizadas como almuerzos (hoy sería imposible) por el  muy apreciado Héctor Rodríguez Bauza, con frecuencia él representaba un poco la voz divergente a un antichavismo casi unánime entre los presentes. Seguramente, muchos esperan todavía que en las críticas condiciones que vive la nación el apreciado Lulo de otros días ponga  su autorizada voz en función de lograr una amnistía general de los numerosos presos políticos que desean tanto como tú ayer “¡Poder caminar por la calle, mirar otras paredes y otros rostros, es un cambio total!”. Necesitamos ese cambio total, Eleazar).

 Carlos Andrés Pérez

 Foto: cortesía de El Nacional

Foto: cortesía de El Nacional

La presentación del reportaje es precisa y contundente: ex presidente de la República, senador vitalicio y uno de los políticos más carismáticos y populares del país.

(El hombre se hace esperar pero no llega. Alguien comenta que tiene un retraso, que pronto vendrá para la foto. Pero finalmente no se retrata en grupo, pero ofrece su respuesta a la entrevistadora.)

—Mi vida de presidiario es muy accidentada. Caí preso el propio 24 de noviembre de 1948 en Maracay. Había ido a esa ciudad con Valmore Rodríguez cumpliendo órdenes del presidente Gallegos, para tomar contacto con el jefe de la Guarnición, comandante Gámez. En el justo momento que redactábamos el acta constitutiva del nuevo gobierno llegaron a hacernos presos. En abril de 1950 lo confinan a Timotes en el estado Mérida. Allí planifican el encadenamiento del pueblo para celebrar el 5 de julio. En combinación  con compañeros de lucha se apoderan de todas las cadenas y candados del lugar y el día de la Declaración de la Independencia de la Patria, toda Chiriguare amaneció encadenada. Lo trasladan a Caracas y lo expulsan a Curazao. CAP refiere otras instancias de prisión sufridas en Colombia y en Táriba, estado Táchira, pasa trece días  tapiado en un calabozo por orden del gobernador Juan Pérez Jiménez. Es llevado nuevamente a Caracas  y confinado a Puerto Ayacucho. A los tres meses lo expulsan del país.

(Todos los adultos del país saben que este terco y apasionado político pocos años después regresó al poder. Su segunda Presidencia se extendió entre los años 1989- 1993. El proceso de su defenestración de la Presidencia estuvo marcado por motivaciones políticas que hoy se presentan más claramente como una conjura de sus enemigos, adversarios e indiferentes,  incluyendo  altos dirigentes de su propio partido. Después de sometérsele a un antejuicio de mérito y despojársele de su alto cargo, CAP, en sus palabras de valoración de lo ocurrido, pronuncia una frase que por su significación quedará firmemente gravada  en  la memoria histórica del país: “Hubiera preferido otra forma de muerte”. Es confinado en el Retén Judicial de El Junquito y luego, por razones de edad, se le concede la prisión domiciliaria. No debe haber sido un día feliz ese primer día en libertad, cuando salió al exilio. Sin embargo, allí no concluye su carrera política. Pero  eso es una larga historia que sobrepasa la intención de este ligero comentario.)

Antonio García Ponce

Médico pediatra, dedicado a la fundación y mantenimiento de consultorios sociales durante más de una década. Le debe a la cárcel el descubrimiento de sus grandes dotes de maestro de la cocina.

(La presentación anterior de Antonio García Ponce obvia alguna referencia a su extensa actividad política: miembro  del Comité Central Partido Comunista de Venezuela, de su Buró Político, y  secretario general de   la Juventud Comunista. Hermano menor de Guillermo García Ponce.)

—Después de cuatro años de prisión en la Cárcel Modelo, Antonio fue sacado del calabozo al avión. Una vez instalado en su butaca, decidió cumplir con lo que se había prometido hacía bastante tiempo: tomarse una cervecita bien fría. Así se hizo y en poco tiempo un enorme malestar se apoderó de su cuerpo analcohólico, vomitó todo y creyó que moría en el cielo. Antonio relata la horrible molestia  que lo aquejaba  y la negativa de las autoridades de Zúrich a concederle entrada en Suiza, por lo que debe continuar hasta Ámsterdam, donde finalmente el aire y la alegría de la ciudad lo recuperaron para la vida.

(Antonio García Ponce se transformó en las últimas décadas en un escritor prolífico  y de compleja  clasificación, dueño de una prosa vigorosa y concisa. La investigación histórica y el conocimiento de ciertas oscuras zonas del poder están presentes en una novela como La ilusión del miedo perenne (1992), publicada luego con el título Nayda: la esposa de Stalin. O una descarnada estimación  de los procesos del socialismo  real y diversos populismos en su libro Adiós a las izquierdas (2003); o la revisión política de los acontecimientos de la guerrilla venezolana de los años sesenta en su libro Sangre, locura y fantasía (2010). Y una extensa producción biográfica que comprende, entre otras personalidades, Isaías Medina Angarita (2005) Cipriano Castro (2006) Victorino Márquez Bustillo (2008) y numerosos trabajos periodísticos y narrativos más. De manera que, en el inventario de una vida tan intensa y plena de contingencias, creo que al final sobresale como lo que es: un tenaz  y excelente escritor que, además, cocina muy bien).

Rómulo Valero

Médico neumólogo y terapista. Le roba a la muerte a los que rozaban su  frontera.

—El primer día de libertad después de tres primeros años entre el Fortín “San Carlos” en La Guaira y la isla de Tacarigua en el Lago de Valencia, lo pasé muy bien. En el avión viajaba una reina de belleza colombiana que le alegraba   -con solo verla- no digo el primer día sino toda una vida a cualquiera. Yo estaba aislado del resto del pasaje porque la custodia me había llevado esposado hasta el avión, aunque en un gesto insólito para quien no sea venezolano, los tres me abrazaron y me desearon suerte… Aterricé en Roma, donde después de mucho caminar, me reuní con Cesar Rengifo, Marco Negrón y Mercedes su mujer, a quienes debo la visita a un mercado -vista y olfato recobrados. Una mañana en el  Museo Nacional con el gran Cesar de Cicerone… Mi segundo primer día, después de tres años más en Tacarigua y trece interminables días en la cárcel  de Maracaibo, fue la casa del director de la cárcel, viejo amigo de mi padre (mi padre era cotero, perfumerista, fundador de Acción Democrática, buena  concha cuando Pérez Jiménez y demás yerbas) y la casa  a orillas del Lago que nos prestó Francisco Hung a mí y a la mujer que más he querido desde entonces.

Al salir de la cárcel lo que más me impresionó fue la luz, el color y el movimiento. Tanto que me produjeron una sensación de mareo durante todo el día.

(Rómulo Valero, distanciado de la militancia política que ejerció durante años, ha sido como médico el guardián de  la salud de muchos venezolanos, entre los cuales se incluyen destacadas figuras políticas y culturales; verbigracia: Eloy Torres, Pompeyo Márquez, Freddy Muñoz, Germán Lairet, que fueron sus pacientes, así como  Teodoro Petkoff, Héctor Rodríguez Bauza, Rafael Cadenas y  la larga lista de pacientes ex tacariguences que lo hemos tenido como `médico de confianza desde  los tiempos en que aun era un avanzado estudiante  de medicina. Beber un trago con Rómulo representa aun hoy (2018), a sus 80 dinámicos años, escuchar que atiende su teléfono y discretamente expresa alguna instrucción a quien la solicita o se marcha si se trata de alguna emergencia que nunca deja de atender. Sin duda, un destacado médico, un gran amigo, un buen lector y un hípico de raza.)

Luis Bayardo Sardi

Dirigente Nacional del MAS y candidato a la Secretaría General de ese partido, su  primera prisión la conoció por su actividad contra la dictadura de Pérez Jiménez. (Presentación de 1985).

—“El 23 de enero de 1958  me encontraba entre los presos imposibilitados de saber los alcances democráticos de  la salida de Pérez Jiménez. La verdad fue que millares de personas rodearon los muros de la cárcel indicando el inicio de una nueva era política. Todavía recuerdo la conmovedora acogida que dispensaron a los que salíamos  en libertad. Después vendríamos en autobús  a Caracas, adonde entramos deslumbrados por la alegría democrática y la solidaridad cívica entonces reinante. De inmediato fui a reunirme  con mi mamá y mis familiares. Pude también saludar amigos de infancia y juventud, y celebrar tan hermoso e insustituible día de libertad”. 

(Bayardo fue un actor muy importante en la concepción de la primera etapa del MAS, entonces novedosa, representaba una ruptura con el comunismo centralista y dogmático. Las tesis sobre “El nuevo modo de ser socialista”, según Teodoro Petkoff,  tuvieron el aporte significativo de la reflexión política “bayardiana”, fórmulas que auguraban un porvenir de amplio desarrollo democrático para la izquierda revolucionaria venezolana. Lamentablemente este camino se frustró. Bayardo fue un hombre de muchas lecturas en varios idiomas y de una curiosidad y memoria impresionantes, cualidades estas que en una época pre Internet eran mucho más apreciadas. Lo conocí en la prisión de Tacarigua y no puedo dejar de sonreír al recordar la  tarde en que para iniciar un diálogo en el patio me dijo: ¿Eduardo, tú  entiendes esa vaina de Marx sobre la renta de la tierra? Falleció en Italia).

Antonio Estévez

 Foto: cortesía de El Nacional

Foto: cortesía de El Nacional

Una de las figuras más importantes del mundo musical del país. Fue el director fundador del Orfeón Universitario. Su obra más conocida es “La cantata criolla”.

—Estuve solo seis meses preso en la Cárcel Modelo de Caracas y ocho meses confinado en San Carlos, estado Cojedes. Cuando salí en “libertad” de La Modelo me dieron cuarenta y ocho horas para salir de la ciudad y presentarme  a la Seguridad Nacional  en San Carlos. Al salir traté de aprovechar esas horas lo mejor posible para garantizarme un confinamiento menos penoso. Fui en busca de mi amigo Miguel Moreno, secretario de la Junta Militar de Gobierno y ex miembro del Orfeón Universitario. Él me dio una carta para el gobernador de Cojedes, Orlando Novellino. Fui a verlo y le entregué la carta. Él la leyó y se quedó callado y serio. Al fin me dijo: “No voy a poder complacer a Miguel la casa que me pide para usted. No está en condiciones. Se aniega cada vez que llueve. Tendré  que buscarle una más cómoda. Con respecto al piano, lo siento pero aquí no tenemos piano, voy a hacer una diligencia a ver qué podemos hacer, la verdad es que lo siento”. Yo  me quedé mudo. No había leído la carta y nunca pensé contar con ese trato tan especial. Lo del piano lo suplí con el armonio de la Catedral gracias al padre Palao. A los pocos meses llegó un piano para mí de Música y Arte.

(En el encuentro de Los Próceres el maestro Estévez siempre estuvo rodeado de amigos cercanos que querían saludarlo y compartir un rato con él. Después supe que era un hombre de numerosas anécdotas.

 “Notable compositor y director de orquesta venezolano del siglo XX, que dio música en clave lírica al famoso poema Florentino y el Diablo de Alberto Arvelo Torrealba, a través de su magistral obra "La Cantata Criolla", estrenada el 25 de julio de 1954, y que le hizo merecedor del Premio Nacional de Música". Posiblemente constituye la expresión más alta del vínculo entre poesía y música  en la cultura venezolana.

El maestro se fue de parranda celestial  o  diabluna  el año 1988, pero le dejó a su pueblo y al mundo su extraordinaria  Cantata  que, fundida a los versos de Alberto Arvelo Torrealba, representa un perenne  enfrentamiento en nuestra historia).

Manuel Caballero

 Foto: cortesía de El Nacional

Foto: cortesía de El Nacional

Periodista, historiador, humorista (a veces). Director de la Escuela de Historia de la UCV (para la fecha).

—Aunque he estado preso varias veces, te hablaré de las prisiones más largas: en la Cárcel Modelo en Caracas, en 1952, y en la cárcel de Fresnes en los alrededores de París, en 1956- 57.

Lo primero que hice al salir de la Cárcel Modelo fue quedarme callado. En efecto, salí de la cárcel para el barco que me llevaba al exilio, acompañado de dos siniestros miembros de la Seguridad Nacional. Me hice el propósito de no dirigirles la palabra.

Cuando salí de Fresnes, lo primero que hice fue comprarme Le Monde y leérmelo de cabo a rabo hasta los avisos económicos. Estuve preso por razones políticas (en mi defensa dije que era el segundo venezolano en tal situación en Francia, después de Miranda, no sé si era verdad pero sonaba bonito), al mismo tiempo y en el mismo sitio  que Ben Bella, el líder argelino. El juez me preguntó si quería el régimen que se daba a los políticos o por  el contrario el que se daba a los comunes. Creí que se trataba de una trampa. Me negué a solicitar el régimen político.  Lo que significó no sólo que conviví con presos comunes, sino sobre todo  la mayor de las torturas: me estaba prohibido, como a todos ellos, leer el periódico.

(Manuel Caballero es uno de esos nombres que uno recuerda no solo con respeto y admiración, sino que los extraña como por una necesidad de orientación franca y amistosa de lo que nos ocurre, en medio de este desastre de país. Así extrañamos a José Ignacio Cabrujas, a Juan Nuño, a  Teodoro Petkoff, que tiene una forma tan singular de irse estando todavía.  La obra de Manuel Caballero es tan prolífica y ambiciosa que sólo enumerar sus títulos ya es una tarea. Sugiero para obtener un rápido perfil introductorio consultar en Google un texto  titulado: No más de una cuartilla: recuerdo de Manuel Caballero, (por Kelvin Brito)

Personalmente, tengo muy gratos recuerdos de Manuel, pero evitaré la tentación de rememorar ahora su comentario sobre mi literatura, expresado públicamente durante una entrevista. Gracias, Manuel. Falleció un 12 de enero de 2010).

Eduardo Liendo

 Foto: Manuel Sarda | Cortesía de El Nacional

Foto: Manuel Sarda | Cortesía de El Nacional

En la presentación de Pandora se dice: es el más joven del grupo, escritor y autor de El mago de la cara de vidrio, Los topos  y Mascarada. Acaba de firmar contrato con una editorial venezolana y con editoriales españolas. (Se refiere a la publicación de Los platos del diablo (Planeta) y El cocodrilo rojo (Soleven RCTV).

“Mi primer día de libertad fue una vivencia extraordinaria que casi me resulta inenarrable por la carga emocional que tuvo.

En mi caso no solamente se trata de alguien que salía de una celda a la calle después de casi seis años de reclusión, sino que prácticamente sólo conocía bien mi barrio, Los Jardines de El Valle, y de pronto, en un mismo día, pasé varias horas en el aeropuerto de Orly en París y luego mi destino inmediato fue la ciudad de Zúrich en Suiza.

De modo que ese día yo estaba descubriendo el mundo, fuera de los libros, como si hubiese nacido contando veinticinco años de edad. Ese día descubrí también la minifalda (más exactamente las estupendas piernas de las mujeres, porque en la época que yo caí preso usaban algo horrible que llamaban moda saco) también descubrí el whisky y reconocí el aire libre. Demasiado para un mismo día. Durante el tránsito  en el aeropuerto de Lisboa cometí el infantilismo más hermoso de mi vida: en uno de los baños saqué el bolígrafo de mi bolsillo y escribí en la pared blanca ¡Muera Salazar! (años más tarde, en un juicio menos apasionado,  califiqué este acto de “ingenua temeridad”).

Tuve la fortuna de salir de la prisión en compañía de extraordinarios amigos: Víctor Córdova, Julio Conde Alcalá, Oscar Guaitero, Fernando Zago. Para colmar mi dicha ese día me estrené el  traje más costoso y elegante, regalo de mi modesta familia, que alguna vez he tenido.

Fue un día de los que valen diez años.

Ramón J Velásquez

 Foto: cortesía de El Nacional

Foto: cortesía de El Nacional

En la presentación de su persona que aparece en la revista se dice: Quizás  es uno de los venezolanos con más sentido y sensibilidad para la política, periodista, escritor, presidente de  la Comisión para la Reforma del Estado. (Todo muy cierto y confirmado con los años, por eso tal vez sobra el “quizás”, pero claro, como dice el refranero: “Después que pasa el toro todo el mundo es matador". Algunos lo llamaron por su revelación del país “la memoria de Venezuela”.)

Respondió así a la  pregunta planteada:

—Estuve preso el cuarenta y nueve, el cincuenta y cuatro y por última vez en agosto de 1956. Fui acusado de planificar un magnicidio el día del desfile de la Semana de la Patria en compañía de Chapino Gerbasi, Pedro Fonseca, Juan Páez Ávila y otros. Fui trasladado a la cárcel de Ciudad Bolívar, compartí la prisión con el último grupo de universitarios. Entre ellos estaban: Alexis Adam, Luis Boyardo Sardi, Francisco Prada, Efraín Mazzei… Salimos en libertad el 24 de enero de 1958 a las siete de la mañana. Afuera había una multitud esperándonos con Monseñor Bernal a la cabeza. Minutos antes de salir el jefe de la guarnición nos dice: “Espero que se porten bien”. Le contesté. “Por portarnos bien es que estuvimos aquí”.

 (En 1993 este gran venezolano fue designado por el Congreso de la República para cumplir con una tarea fundamental  en la supervivencia del régimen democrático: fue investido como presidente de la República para cumplir con el lapso de la transición política después de la precipitada  destitución del presidente Pérez. En aquel momento tormentoso con el militarismo amenazante, la crisis bancaria,  el desprestigio de los partidos políticos y otras serias  calamidades, solo un hombre de su sabiduría política e histórica, su serenidad  y firmeza de ánimo, podía sortear los múltiples obstáculos y arribar al puerto de un proceso electoral que revitalizara la democracia en estado crítico. Él cumplió. Dejó este mundo de los vivos con casi cien años de edad y todavía muy buena memoria. Sus Infidencias imaginarías de Juan Vicente Gómez nos siguen narrando interioridades del poder. En la Biblioteca Nacional conversé muchas veces con él y recibí su estímulo).

(El singular encuentro de ex presos políticos en Los Próceres –1985- nos habla de la posibilidad de convivencia entre venezolanos de diferentes posiciones políticas, culturales, generacionales, individuales. Sin duda es una enseñanza importante para tratar de superar muchas de las graves calamidades que ya vivimos y que podrían convertir al país en un mar de hambre, sangre, dolor y muerte. Impulsar y lograr una amnistía general de presos políticos sería un paso importante en el rescate de la convivencia pacífica y la venezolanidad, peligrosamente deteriorada).