Jacqueline Goldberg: “La literatura siempre ha sido tiempo robado al tiempo”

 Jacqueline Goldberg (2018) | Foto: William Dumont (El Nacional)

Jacqueline Goldberg (2018) | Foto: William Dumont (El Nacional)

Keyla Brando | Venezuela

La escritora lleva en su maleta la película Reverón, su amigo Luigi Sciamanna le consiguió el disco bluray con subtítulos en inglés. Escogió esta cinta para presentarla en el cine foro que debe organizar como parte de su residencia de otoño en la Universidad de Iowa. Jacqueline Goldberg deja para sus lectores en Venezuela El cuarto de los temblores, un profuso trabajo sobre el temblor, condición que padece desde muy pequeña.    

 ¿Cuándo empezó el proceso de escritura del libro?

 No tengo una fecha exacta, pero calculo que en 2012. Este libro es un colash de mis investigaciones y anotaciones sobre el temblor. Ahora bien, hace cuatro años me senté a darle forma, sin saber muy bien hacia dónde estaba dirigido. Al principio pretendía hacer una narración hilada, pero después me di cuenta de que contaba con muchos fragmentos.

 ¿Por qué la demora en publicarlo? ¿Las editoriales o una decisión propia?

 Fue decisión propia. Lo retuve por dos años antes de entregarlo a la editorial. Siempre me sentaba a corregirlo. Hasta el último momento, ya en la imprenta, agregué unas tildes que faltaban. Tengo que recalcar la labor editorial de Carsten Totdmann. Desde el primer momento se apropió del proyecto. Su intención era que el libro temblara, por eso el diseño: alineado a la izquierda, sin justificar, con bastante aire, sin sangría. Detrás de cada página hay mucha dedicación y cariño. Otro editor sin duda me hubiese dicho: “Ya, basta de correcciones”. Pero él siempre estuvo atento a mis observaciones.  

 Estamos ante un testimonio, una confesión de vida, que ahora lo comparte con sus lectores. ¿Cómo se siente una vez que ha publicado el libro? ¿se quitó un peso de encima?

 Alguien me dijo que cuando escribiera sobre el temblor iba a dejar de temblar. Era un juego, por supuesto, no esperaba que eso sucediera. Me asustaba el hecho de que mi mamá lo leyera, pero ya lo hizo. Anteayer me llamó y compartió sus apreciaciones: “Es una joya. De tus libros, es el que más me gusta”. ¡Eso sí fue quitarme un peso de encima! Estoy contenta de haberlo escrito y decir lo que quería sobre el tema. Ahora bien, siento que no quiero seguir hablando sobre ello por un rato.

 En el libro presenta una profusa investigación sobre el temblor, desde la medicina hasta la literatura. ¿El temblor ha sido un Leitmotiv? ¿Hay una búsqueda consciente de estos legajos o se tropieza con ellos en su cotidianidad?

 Esos legajos los empecé a buscar especialmente para el libro. No han estado presente durante toda mi vida. En mis poemas hablo muy poco sobre el temblor, pero debo confesar que después se convirtió en una obsesión. Hasta los amigos que sabían sobre el proyecto me escribían para decirme que habían encontrado alguna imagen en un determinado libro. Ahora bien, mi atención no estaba enfocada exclusivamente en el temblor porque en paralelo continuaba con mi trabajo.  

 Es difícil encajar el libro dentro de un género. Hay poesía, ensayo, autobiografía. Se podría decir entonces que es transgenérico o como dices “des-generado”. ¿Podrías ahondar en esta idea?

 Los géneros son formas de dar forma a la voz. Me siento muy cómoda utilizando varios géneros porque así puedo expresar todo lo que siento. Evito encasillarme. Ni las editoriales ni las librerías son muy fanáticas de esta idea porque después no saben en qué estante poner el libro, pero ese no es mi problema. Los mismos tiempos imponen nuevas modalidades: mientras lees, te suena el celular, luego vas a la cocina y apagas la hornilla. No estoy descubriendo el agua tibia. La aproximación al conocimiento es fragmentaria. Nuestra vida está hipervinculada, por lo que es normal que se plasme en la literatura.

 ¿Cuál es la relación entre la fe y el temblor?

 La religión está presente en el libro meramente por un dato antropológico. Cómo obviar el hecho de que exista un santo de los temblores. Es la belleza que hay en esos elementos. Mi relación con la fe es un tema largo, pero te puedo decir que no la he buscado para que me dé alguna respuesta sobre mi temblor. En mi niñez me llevaron a una bruja, una tradición bastante maracucha, para buscar alguna explicación. La ciencia sigue sin decir nada.

 ¿Cambiaría algo si supieras la causa de tu temblor?

 Ciertamente nada va a cambiar porque mi condición no empeorará. Pero quiero dejar constancia de mis temblores para mi hijo, mis sobrinos y mis futuros nietos. Quizás más adelante salgan a la luz nuevas investigaciones sobre el tema.

 El temblor y la escritura… ¿Son dolorosos?

 La escritura duele porque expones tus penas y el temblor lo empeora porque hace que me duela la mano. No puedo tomar apuntes o contestar exámenes. Debo descansar constantemente.

 ¿El temblor es una discapacidad?

 Prefiero llamarlo una condición, pero puede ser perfectamente entendido como una discapacidad.

 El temblor forma parte de su vida. ¿Lo ha naturalizado y aceptado como suyo?

 No me queda de otra.

 ¿Qué padece peor: el temblor o la situación del país?

 La situación del país es un gran temblor que derrama todos los días copas y vasos. Que hace que uno se clave el tenedor y el cuchillo.

 ¿El país ha incrementado sus temblores?

 Sé que he temblado de rabia. Mis manos son como un sismógrafo. No puedo disimular: si me pasa algo, tiemblo. La intensidad depende del contexto.

 En todas sus lecturas sobre el tema, ¿ha encontrado alguna diferencia entre la mujer que tiembla y el hombre que tiembla?

 No creo. Sin embargo, en Facebook compartí un estado en el que preguntaba por los temblores y solo las mujeres respondieron. Eso me parece muy curioso.

 Todo lo que tiembla está vivo, ¿el temblor le recuerda que está viva?

 ¡Claro! Más bien los momentos en los que he dejado de temblar me causan más asombro.

 ¿Qué se siente haber recibido la residencia de otoño del Programa Internacional de Escritura de la Universidad de Iowa? ¿Buscaba una oportunidad así?

 Es un sueño. Esta es una de las residencias más completas y prestigiosas del mundo para los escritores. Hace algunos años hubo una posibilidad de postularme, pero decidí no hacerlo porque me hijo estaba muy pequeño y tenía un empleo fijo. Ahora trabajo por mi cuenta, ya mi hijo está grande y decidí intentarlo. Estoy contenta y asustada a la vez.

 ¿Por qué asustada?

 Porque son casi tres meses fuera de mi casa y jamás he estado tanto tiempo completamente dedicada a reflexionar sobre la literatura, quizás porque me inclino hacia la poesía. Un poema lo cierras y puedes volver luego a él. Siempre he tenido que compartir mi tiempo entre la escritura y la cotidianidad (el trabajo, los estudios, la maternidad). La literatura siempre ha sido tiempo robado al tiempo.

 La beca la va a alejar del país por un rato. ¿Lo ve como una oportunidad de oxigenarse para regresar?

 Dudo que me desconecte del país. Mi familia queda aquí. Simplemente lo voy a ver desde una ventana distinta. Yo misma estoy muy curiosa de esa experiencia. Qué sentiré al volver.

 

¿Cuál siente que debe ser el papel del escritor en tiempos tan oscuros como los que transita el país?

Seguir dando cuenta de lo que vivimos y lo que sentimos. En algún momento eso servirá para otros. Los historiadores y los periodistas hablan sobre lo que acontece; los escritores plasman las reacciones más humanas.

El temblor es…

No tengo más nada que decir sobre el temblor. Todo está en el libro.

Sobre la autora:

Venezolana con ocho apellidos polacos 

Su familia es polaca, se crió en Maracaibo y hace 27 años que vive en Caracas. Estudió Letras en la Universidad del Zulia, pero primero incursionó en Economía. Ahora comenta que debió haber cursado Comunicación Social porque su vida profesional se ha desarrollado en gran parte en periódicos y revistas. Es doctora en Ciencias Sociales y nunca ha dado clases. La academia responde a un interés intelectual. También es editora y apasionada por la gastronomía. Su poemario Limones en almíbar recibió la mención especial del jurado del Premio Tenedor de Oro 2015 a la Publicación Gastronómica. En 2012 ganó la décimo segunda edición del Premio Transgenérico de la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana con su libro Las horas claras y en agosto de este año viajará a Estados Unidos para la residencia de otoño del Programa Internacional de Escritura de la Universidad de Iowa. En esta oportunidad pasó algo inédito: irán dos venezolanos, la escritora y Roberto Echeto.


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La entrevista fue publicada originalmente en El Nacional. La presente es una versión aumentada para la revista 4Dromedarios

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