Macuto

 Foto: Abraham Tovar

Foto: Abraham Tovar

LACSzz | Venezuela

Un alma en pena se ve a las orillas de Macuto

Un cuerpo revolcado por una ola,

una ola hecha brazos,

un abrazo disuelto en sal,

un náufrago en espera de un beso.

 

Ese silbido me atormenta,

llevo una guarura entre los hombros

que me pesa un mar.

 

El rasgar de la arena

por el talón curtido de vida,

me rasga de realidades

y una ola se hace perro

consolando las heridas,

y una ola se hace bálsamo

con sus sales en la arena

 

Maraca de agua entre las sienes,

naufragio de espejismos que reventaron en las piedras

agua que no sale de los pulmones,

me ahoga de fe, me ahoga de arena.

 

Y cada paso, me pesa un año

y cada año me pesa su luz

un resplandor que le robo a las lenguas del mar

el mar vestido de escarchas doradas,

el mar bañado de fuego,

de sol disuelto,

resto de vela chorreándose,

gastándose en deseos,

consumiéndose en ensueños,

su espelma glaseando en las olas,

la trae hasta mí para hacerla huellas.

 

El olor a sal me persigue,

me impregna los ojos llenos de mar,

por los orificios de la nariz,

rasguñándome el pecho,

percutiendo cuando caen

en la cantera de mis pulmones,

soy reloj de arena que espera ser invertido

para empezar una nueva cuenta,

pero sus manos no llegan.

 

Como un fantasma vago entre las olas,

trozo de madera encallando entre las piedras,

madera con olor a mango, ese el de tu boca,

Tu boca que fuera mi espejo,

tu boca que es mi sol que ahora se ve disuelto.

 

Me embelesa el fuego de tu boca,

que me llama, que me quema,

la madera flota hasta quemarse en ella

y cae en forma de estrellas

y abro mi boca para que caigan

disolviéndose en constelaciones

al hoyo negro de mi lengua.

 

El mar que hace alquimia inversa del cielo

resucita tu moribundo beso

para elevarlo en una media sonrisa en el cielo.

No me queda más que mirarla boca arriba desde las piedras,

esas rocas que fueron manto ante la intemperie del mar,

mar picado de envidia por las las pieles

pieles juntas, pieles curtidas,

incineradas en el mismo fuego que forjaron el manto.

Y yo, niño embelesado por tu sonrisa,

con los brazos haciendo cuna a la guarura,

espero atento a que me caiga encima.

 Foto: LACSzz

Foto: LACSzz