Mutatio Cadmiae

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Jesús Alberto Moreno Granados | Colombia*

La máquina de escribir se averió aquella mañana.  Frente a la ventana abierta, el rocío de varios amaneceres y madrugadas y la ausencia frente a ella habían corroído las palancas porta tipos, echándoles a perder irremediablemente. La herrumbre se había solidificado mientras el gato a su lado miraba por la ventana farfullando un gruñido de caza a algo invisible.  En la pantalla en blanco y negro un ojo en primerísimo plano mira a un lado y otro. Desde la penumbra otro par de ojos observan impávidos, el ojo gigante proyectado. Títulos en letra blanca. “Perception it´s the media”. El ojo gigante mira y aparecen muchos otros ojos expectantes, revelados por la luz de la película que inunda la sala junto al ruido crujiente de un pivote que termina con la aparición del actor. Pantalón negro, camisa blanca, ala ancha: lleva en sus manos un cable conectado a un amplificador oculto: mira al público con los ojos exageradamente abiertos. Caminando se acaricia con la punta del cable el cráneo, el cuello, la nuca, los hombros. Comienza a enredarse el cable en las piernas, gira y se enlaza el torso; los brazos quedan atrapados mientras el ruido de interferencia pareciera sincronizarse con la luz intermitente de la vela encendida en la sala, -que imperceptiblemente-  ha llegado a una penumbra alterada por las sobras del actor en movimiento, ahora totalmente enredado en el cable. Cae al suelo con el sonido de una interferencia electrónica que calla en un susurro mientras la vela se apaga. El público estalla en aplausos en una histeria estética y los presentes miran en derredor que el actor ha desaparecido de la escena.

Martín Gastón Dheradio pulsa stop en el control remoto y detiene el reproductor. Enciende las luces del salón de clases 304 y de vuelta al escritorio se dirige al grupo con tono cansado y subrayado hastío, casi sin mirarles:

-Esto es todo por hoy. Nos vemos el martes, por favor recuerden el ensayo.-  

La clase sale, esparciéndose en un ruido chirriante de pasos con zapatillas deportivas.   

M.G Dheradio comenzó a viajar a los diecinueve años. Conoció Latinoamérica, estudió en Europa y volvió como desertor de las guerras del Coltán. No fue buen soldado y como alumno era parte de la generalidad mediocre. Cumplió 53 años siendo laureado como profesor insigne en la universidad de Yhuve y fue –mucho antes de la alopecia- un prominente artista joven de las artes multimedia que desapareció del panorama artístico,  del barrio, la ciudad y del país tras ser recluido en un hospital psiquiátrico, luego de lanzar el éxito en ventas que granjearía fama al desaparecido durante los siguientes treinta años.

Vivió una vida que durante mucho tiempo sintió haberle robado a otra persona, cuestionándose siempre sobre quién estaba viviendo la vida que realmente le pertenecía, en cuál ciudad estaba y en qué vuelo habría de haber llegado a ella. De un lado a otro, de una ciudad feroz a otra vacía recordaba años, rostros, sonidos y lugares. Encuentros fortuitos y sucesos nimios, cartas sin escribir, gente, canciones y documentos perdidos. El profesor Martín observaba el ojo de M.G Dheradio en la pantalla. Ese ojo sin tiempo del actor conservado en celuloide  observa en stop al profesor dentro del aula vacía, encerrado en la nostalgia acre del destierro: el que mira no  existe más que proyectado, y el que es mirado -de pie en el salón- reside dentro de sí sin saber dónde.

Apagué el proyector, cerré el aula. Viajé, otra vez. He llegado a casa y acaricio al gato que ronronea junto a la máquina de escribir dañada.  


*Jesús Alberto Moreno Granados, artista venezolano radicado en Colombia