La redención en una “mula” de 90 años

Foto: captura

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Isaac González Mendoza | Venezuela

El tiempo le ha pasado factura a Earl Stone (Clint Eastwood). A los 90 años de edad, su negocio de horticultor ha caído en bancarrota y se siente muy solo, pues su obsesión por el trabajo lo alejó de su familia, que también optó por distanciarse de él ante su indiferencia hacia eventos sociales como bodas o bautizos.

De manera casual, Stone consigue una fuente de ingresos totalmente distinta a los honestos oficios que ha practicado durante toda su vida, entre ellos haber sido uno de los héroes de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial: se ha convertido, con su modesto carro, en una “mula”, que en el lenguaje popular es la persona que trafica drogas.

Como es un hombre mayor, tranquilo y cordial, le va muy bien evitando que la policía lo detenga para inspeccionarlo, así que se convierte en un exitoso empleado en este nuevo emprendimiento. Tanto así que logra comprarse una lujosísima camioneta y paga fiestas para su familia y sus compañeros veteranos. De la noche a la mañana, pasa de ser un fracasado a alguien con dinero y querido por muchos.

La mula, la última película del oscarizado Clint Eastwood, que se estrenó ayer en Venezuela, aborda temas muy actuales como el racismo, la doble moral, el narcotráfico, la dificultad de las personas de más de 70 años de edad para adaptarse a la era del Internet. Se agrega el drama de que esta “mula” es quien carga con el ritmo de la historia, la familia.

Desde 2008, cuando interpretó al malhumorado Walt Kowalski, Eastwood no actuaba en una película dirigida por él mismo. Esta vez actúa el papel de un personaje que quiere redimirse de sus errores cometiendo otro error. A sus 88 años de edad, este genio cinematográfico parece regresar al concepto de William “Will” Munny, el terrible vaquero de Unforgiven (1992)con el que ganó sus dos primeros Premios Oscar.

Las mismas circunstancias que se presentan en Unforgiven llevan a Stone, a su edad limitado para un mercado invadido por los equipos tecnológicos, a dedicarse a una actividad ilegal. Se siente un inadaptado de nuestra era.

En una de las escenas, Eastwood sintetiza la incompatibilidad con el siglo XXI de Stone, la doble moral, el racismo y las limitaciones de la generación millennial.

En esa parte, el protagonista se detiene en plena carretera para ayudar a una pareja de negros a cambiar un neumático. El hombre, que no sabe cómo hacerlo, le dice a Stone que va a buscar por el Internet de su teléfono. Y él le responde: “Esta generación usa el Internet para todo”. Luego Stone, ignorando que podría ofenderlo, le dice en actitud de amigo “nigger”, el insulto en inglés utilizado por años contra las personas negras. “Ya no usamos eso. Puedes decirme negro”, le responde el hombre.

Stone, aunque se muestra como un hombre duro e insensible, es un personaje lleno de amabilidad que incluso llega a aconsejar a sus peores enemigos. Sabe que aunque es una “mula” muy vieja, todavía tiene tiempo para dar buenos consejos y arreglar un poco su entorno. Pero el tiempo sigue siendo limitado.