Las ruinas del cielo

Foto: AC

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Lino Zabala | Río Grande del Sur (Brasil)

I

Tenue

es otra vez la luz del sol difunto

y tenue el agua que busca

la cidrera soñolienta

entre los surcos.

Tenuemente

su lento andar de sublime

aventurera, se hará menos tenue

y más impresionista

y menos sublime

y más conquistadora

y arrasará sublimemente

de raíz las almas

del pueblo náufrago y sin rumbo

que rema tenue

y como puede

entre las ruinas

y  entre el sol difunto.

II

Cómo es posible que no quieran

o puedan hacer nada,

cómo es posible

que la ira o la rabia se soslayen

en sus caras y en sus ojos,

que sus manos no se curven

a levantar las migajas

o al menos una rama,

que no tiemblen como tú

al ver las nubes caer,

que no sientan lástima o rigor

al caminar sobre las ruinas del cielo,

o tristeza y coraje

al verte levantar los escombros

y armar lentamente el anti-cielo,

de las sobras; sin soles de mal brillo

sin nubes de pobreza, sin pájaros

cantando a la desdicha, sin sequías,

sin antagonismos

sin batallas desmedidas por petróleo o por amor,

-y evidentemente-

sin mi voz.

III

Este techo podrido se cae sobre mí

como un cielo desgastado,

y cubre por completo mi infortunio y mi placer.

Sin embargo…

En un piscar de ojos, el piso y también yo

estaremos limpios de añoranzas

y será tan fácil tapar las goteras del cielo,

que el aire árido se hará brisa cálida,

y dejaré de temerle a la cruel verdad

y a sus farsas institucionales,

y caminaré con los pies y el alma descalzos

y sentiré coraje al pisar los escombros,

porque en un piscar de ojos,

escondida entre las sombras

bajo el apagón y la sequía

hallaré el relámpago y la nube de lluvia

que buscaba.


LINO ZABALA

*Escritor venezolano radicado en Brasil