El gato

Foto: Javier Cedeño Cáceres | @CaracasEscribe

Foto: Javier Cedeño Cáceres | @CaracasEscribe

Ezequiel Borges | Caracas (Venezuela)

El otro día llovía en Chacao
y yo me fumaba un cigarrillo
en la puerta de una tasca, 
uno de esos locales españolados
que tanto nos gustan
a los caraqueños.

Muy tranquilo le daba caladas
a mi cigarrillo mentolado
en el umbral,
mientras la lluvia arreciaba
y a más de cinco metros
no se veía nada.

Y fue entonces
cuando escuché el maullido
de un gato,
que, más bien,
era como un sollozo
que no paraba,
en medio de la niebla
de la lluvia.

Al cabo,
me di cuenta que era un grito
sosegado,
casi humano,
que venía de unas bolsas de basura
que estaban
a unos diez pasos.

Así que me puse la chaqueta
en la cabeza,
y caminé los diez pasos
hasta las bolsas de basura,
bajo la lluvia de Chacao.

Desenredé las bolsas negras,
que eran muchas,
y al final
encontré a un niño llorando,
a un pobre niño
llorando solo 
bajo la lluvia,
como en un nido.

Me lo llevé a comer perros calientes
en una esquina,
se comió cinco
o seis,
se despidió de mí
con una sonrisa,
y nunca más
lo volví a ver.

Y la lluvia
siguió sonando
contra el pavimento,
contras las ventanas,
contra las puertas,
contra las alcantarillas,
contra el tiempo,

y sólo yo supe
que había visto
a un niño gato
llorar.


Ezequiel Borges

Poeta venezolano*