X-Men y su relación con la marginación social

Foto: Marvel

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Lautaro Vincon* | Buenos Aires (Argentina)

1. CHARLES XAVIER

El profesor Charles Xavier, psíquico nivel omega, persiguió un ideal desde siempre: la integración de los mutantes en una sociedad donde los humanos los ven con malos ojos solo por ser “diferentes”. Xavier funda un instituto y recluta a sus primeros estudiantes –Jean Grey, Cyclops, Beast, Ice-Man y Angel– con el fin de luchar no solo contra los humanos que los atacan sino también con aquellos mutantes malvados que quieren dominar el mundo alegando que este les corresponde por derecho evolutivo –comandados por el eterno amigo/enemigo Magneto–.

Desde que Stan Lee y Jack Kirby lanzaron el Uncanny X-Men #1 allá por septiembre de 1963, Xavier las vivió todas: pasó de ser paralítico a caminar de nuevo; atravesó viajes temporales; enfrentó fuerzas cósmicas; sufrió la traición de sus estudiantes; fue dado por muerto y retornó del limbo. Su única marca característica, aquel rasgo que lo distinguió de los demás, siempre fue la esperanza de que los mutantes y los humanos pudieran convivir en paz, aceptándose y encontrando un equilibrio. Este deseo se conoce como “el sueño de Xavier”. Un sueño que se termina con la entrada de Jonathan Hickman en el universo X-Men.



2. TEMIDOS Y ODIADOS O MUTANTES Y ORGULLOSOS

Los X-Men siempre tuvieron su mejor recepción en el público juvenil, período etario que comúnmente se siente/está al margen o apartado de la sociedad debido a encontrarse en el momento definitorio donde las decisiones se hacen un lugar y fundan las bases de los años por venir. No es coincidencia que en la ficción la mayoría de los poderes mutantes se despierten bajo situaciones estresantes disparadas en plena adolescencia. Los personajes comandados por Xavier transmiten un mensaje de respeto e igualdad que aún continúa vigente. Asimismo, son la semilla del miedo para los humanos, a causa de la amenaza latente e imborrable que supone una nueva especie –con poderes incluidos– en comparación con una que ya creía tenerlo todo servido. Debido al odio que les tienen, los mutantes supieron unirse mucho más que otros grupos de superhéroes y ser un ícono incuestionable de la familia, luchando contra el eterno monstruo del racismo y la intolerancia, siendo así la representación perfecta de los marginados y los abanderados de las minorías a través de los años, llegando hasta nuestros días con los movimientos feministas, ecologistas, los colectivos LGTBIQ+, los pueblos autóctonos, la gente con capacidades diferentes, aquellos desplazados por su cultura, su religión o sus inclinaciones políticas; en fin: todos los que buscan la libertad de pensamiento y acción sin tener como objetivo último causarle un mal al prójimo.

Los X-Men, que comenzaron en los ’60 siendo la metáfora perfecta para los inadaptados en su propio entorno, se nutrieron de los problemas sociales acaecidos durante décadas y hoy, en tiempos de redes sociales, de hipercomunicación, donde el odio viaja casi tan rápido como la luz, le dan lugar a la lucha contra la discriminación en todas sus páginas, sea de forma explícita o de manera alegórica. De todos modos, a pesar de ser marginados por poderes que no solo se resumen a cuestiones físicas internas sino que a muchos los dotan de apariencias extravagantes, la historia de estos seres seguirá recorriendo la búsqueda de la aceptación con la esperanza de que llegue el día en que humanos y mutantes logren convivir en paz.



3. JONATHAN HICKMAN

Nacido en Carolina del Sur en septiembre de 1972, nueve años después del primer Uncanny X-Men #1. Es escritor y dibujante de comics. Trabajó varias veces para Marvel Comics, en títulos como ‘Secret Warrios’; ‘Fantastic Four’; el evento ‘Infinity’; y se encargó de los Avengers y los New Avengers culminando en ‘Secret Wars’ de 2015, la serie limitada que reinició casi por completo el universo marvelita. Además, suele frecuentar la editorial Image Comics, y algunos de sus trabajos allí son The Manhattan Projects, The Nightly News, Transhuman, Pax Romana y The Black Monday Murders. Lo nominaron al premio Eisner a mejor serie limitada por The Nightly News en 2008; a mejor guionista y mejor serie regular por The Manhattan Projects en 2013; a mejor serie regular por East of West en 2014 y a mejor guionista por East of West, The Manhattan Projects, Avengers e Infinity en el mismo año; también al premio Harvey en 2011 por Fantastic Four.

Hickman está acostumbrado a manejar grandes abanicos de personajes y a abarcar tramas que pinchan cada rincón del universo que va a trabajar; es un arquitecto camaleónico que logra adaptarse a varios géneros en un mismo argumento, como es ir desde el policial, pasando por el suspense hasta llegar al space opera. Regularmente deja salir sus conocimientos en diseño y otras áreas del medio gráfico, utilizando recursos como el uso predominante del color blanco y el negro, frases lapidarias que ocupan gran parte de la página, símbolos y todo tipo de esquemas, la división de capítulos, las infografías y la creación de abecedarios (como se puede ver en las sagas previas a Secret Wars, con el alfabeto de los Constructores; o en las nuevas historias mutantes, con el alfabeto krakoniano).

 

4. EL FUTURO O UN NUEVO PRESENTE

Alejado del camino que toman las grandes empresas de entretenimiento en medio de la ola de inclusión (como claramente se ve en la industria tanto del comic como la televisiva o la cinematográfica), Hickman da un giro de ciento ochenta grados y, para promocionar su incursión en la franquicia X-Men, lanza frases como “Cuando dos especies agresivas comparten el mismo entorno, la evolución requiere adaptación o dominación” o twittea un gif con la conocida escena de 2001: Odisea Espacial en la que los monos bailan alrededor del monolito. Hickman no busca que las nuevas páginas de los X-Men estén saturadas de interculturalidad; tampoco que haya disertaciones camufladas sobre elecciones sexuales. Los mutantes son, y serán, siempre los mismos. Por supuesto, seguirán siendo los soldados de la inclusión. Aunque ya no necesitan apegarse a, y sufrir por, sus diferencias. Ya no necesitan repreguntarse acerca de los estatutos de la normalidad y quién o quiénes la determinan. Ellos, como nosotros, son hijos de una generación que acepta la subjetividad de cada hecho; la pluralidad de todos los aspectos que conforman nuestra realidad cotidiana.

Hickman se olvida y destruye todo lo que Marvel Comics construyó durante más de cincuenta años. Da un paso al frente, un paso más allá. Rompe con el establishment.

Empieza House Of X y Powers Of X, dos miniseries regulares que deben ser leídas en conjunto y que culminarán en octubre con la salida al mercado de Dawn Of X (nunca mejor nombrada “El Amanecer de X”).

Xavier es contactado por una mutante con un poder único: tras morir, regresa al útero materno con los recuerdos de su vida anterior, creando así una infinidad de realidades donde las nuevas oportunidades están al alcance de la mano; el don de la resurrección está acompañado de un mecanismo de defensa que la vuelve indetectable para el resto de los mutantes. Esta mujer en cuestión le enseña todo lo que sabe, haciéndolo partícipe de cada paso truncado que la mutantidad dio en el pasado –es decir, en todos los comics que venimos leyendo desde 1963–. Cansado de intentar y perder, enterándose de que su especie ha sido marginada y sometida, odiada y asesinada incontables veces en incontables realidades, Xavier entiende que este es un nuevo universo. Que es momento de aprovechar las segundas oportunidades. Y, más cerca del clásico Magneto, decide dejar su dichoso sueño de lado para enfocarse en una única ley: enfrentar a la humanidad cueste lo que cueste. Dominarlos. Demostrarles quién heredará la Tierra. Porque eso es, ni más ni menos, que el fin último de la evolución.

Así es como Hickman relanza a los X-Men, quizá más temidos y odiados que nunca porque ahora sí tienen una excusa válida para serlo: ya no son los mismos, no son los que buscan la coexistencia pacífica sin importar que los marginen y los eliminen sin justificaciones; en esta nueva etapa son ellos los que se alzan, los que se muestran, los que dicen basta, los que hacen valer sus derechos y le aclaran a la sociedad que no seguirán permitiendo ningún desplante, ningún maltrato –fiel reflejo de nuestra actualidad–; los mutantes son una obra más de este mundo; no son diferentes porque, simplemente, las diferencias no existen: solo existe la igualdad. Y dejan bien en claro que, al que no le guste, puede retirarse sin hacer ruido. Caso contrario, ellos tomarán cartas en el asunto.


LAUTARO VINCON

(Buenos Aires, 1991)

Escritor sin seudónimo, fotógrafo aficionado, músico improvisado. Se pasea entre la ciencia ficción, la fantasía, el thriller, el terror y la weird fiction. Le gustan el café, los videojuegos y los gatos. Asistió al taller de escritura de Leandro Ávalos Blacha. Actualmente colabora en la revista digital venezolana “4 Dromedarios”. Facebook: /vinconlautaro