Voces

Juan Carlos Chirinos, ese obsesionado por los animales

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Isaac González Mendoza* | Caracas (Venezuela)

Ha pasado casi un año desde que Juan Carlos Chirinos estuvo en Venezuela para participar en la IV edición de la Feria Internacional del Libro de Margarita (Filcar), en la que estuvo acompañado por los escritores Juan Jesús Armas Marcelo y José Esteban.

Esta conversación en nada se parece a una entrevista, porque qué sentido tiene publicarla después de tanto tiempo. También aparece descontextualizada. En el país de hace un año reinaba la desesperanza. Hoy día nos escolta una euforia salpicada de raciocinio y practicidad.

Pero así queríamos que ocurriera, tal vez para aproximarnos un poco a Gemelas, la última novela del escritor trujillano nacido en 1967. Así como en esa historia un montón de exóticos animales irrumpen la rutina de los ciudadanos de Madrid, nos cae en la Caracas oscura y de ambiente tenso un inventor de relatos fantásticos o llenos de gatos traviesos.

La novela, publicada originalmente en Madrid en 2013 (Casa de cartón)  y en Venezuela en 2016 (El Estilete), es un “thriller ecológico”, como lo define el autor, en el que en la capital española aparecen repentinamente un montón de animales exóticos: okapis, koalas, perezosos, guacamayas, corocoras, canguros y hasta un león. El inspector Agustín Bermejo junto a su compañero, Benjamín Cruz, se encargan de resolver el extraño caso, que además se ve desviado luego del suicidio de Susana, una bella mujer que esconde en un bolsillo un mensaje encriptado dirigido a Cristina, su pareja y personaje central de la trama.

Pero Chirinos ha aclarado que aunque se trata de un thriller ecológico, Gemelas no fue escrita con rol ecologista. Más bien tiene que ver con una inclinación por los animales por parte del escritor, quien reside en España desde hace más de dos décadas. De hecho, el autor es un mirmecólogo frustrado, profesión con la que caracteriza a Cristina.

En el fondo, el escritor quería utilizar los animales como decorado para hablar acerca del mal. En este caso -señala- el mal se manifiesta en forma de animales exóticos, pues convierten a Madrid en una ciudad desagradable. “Esconde más bien una búsqueda existencial”, explicó durante un conversatorio realizado el año pasado en la desaparecida Librería Lugar Común de Altamira, que contó con los comentarios de los escritores Violeta Rojo y Carlos Sandoval.

Antes de aquel 28 de marzo, pudimos hablar con Chirinos en el hotel donde se alojó en Caracas después de su viaje a Margarita. En la isla compartió encuentros con José Balza y los mencionados Armas Marcelo y Esteban, ambos invitados internacionales de España.

En el hotel en Caracas, el valerano está acompañado por los autores españoles, todos exhaustos después de tantas charlas y presentaciones de libros. Pero, a pesar de eso, Chirinos se muestra con una energía admirable.

Le preguntamos primero por qué suele decir, en tono de broma, que el centro del mundo es Valera, su ciudad natal.

—El centro del mundo también podrían ser Choroní o Calabozo, ¿no?

—En Calabozo hace mucho calor para ser el centro del mundo. Ese sería el centro de la tierra. Por varias razones Valera lo es para mí. Primero, por echar broma y por molestar. La segunda y la tercera, que son más serias, son porque lo universal es lo local. Si soy de Valera y quiero escribir sobre una realidad urbana y me pongo a escribir sobre París o Londres sin haber vivido allí, estoy siendo un poco asocial. Si viví en Valera o Caracas y Salamanca, por qué no escribir sobre la ciudad donde viví. Para mí es el centro porque todo centro es el nuevo centro. Y en tercer lugar porque es una estrategia de respuesta, una reacción digamos, hacia eso que dicen que Nueva York o Londres son el centro del mundo. ¿Y por qué tienen que ser ellos? ¿Por qué no podemos ser nosotros? ¿Por qué el norte está arriba y el sur abajo?

Es una cuestión neoestratégica. Para mí el centro del mundo es Valera y no quiere decir que yo sea chovinista, localista o xenófobo. Si digo que el centro del mundo está en Valera es porque puede estar en cualquier lugar.

Pero en realidad está en Valera.

Dos acontecimientos empujaron a Chirinos a tener consciencia sobre la escritura. Primero fue la muerte de su abuelo en 1982. Aquella pérdida lo motivó a escribir cuentos. Siete años después, escribió en su casa de Valera un relato que le gustó mucho, y que le hizo entender que quería convertirse en escritor y que para eso se había estado preparando. “Vi que había posibilidad y que podía tener algo de talento”.

—Cómo consideras ha sido tu evolución como escritor desde el libro de cuentos Leerse los gatos hasta ahora

—Creo que el libro Leerse los gatos me ayudó a poner en papel varias posibilidades, varias opciones de escritura o varios discursos. Y creo que he ido desarrollándolos paralelamente: son temas históricos, sociales, policiales, fantásticos. A partir de allí creo que he podido desarrollar. Me siento satisfecho con lo que he logrado y emocionado con lo que voy a lograr.

Leerse los gatos fue el primer libro que publicó Juan Carlos Chirinos. Aparecido en la editorial Memorias de Altagracia, es una recopilación de 22 relatos de 40 escritos durante seis años. Entre ellos se cuentan “Agnus rey”, “Campanita”, “Catrusia” y, el último, “Leerse los gatos”.

—¿Crees en la musa?

—Eso de la musa es una estrategia publicitaria para hacer que la literatura parezca glamorosa. La inspiración no existe. La inspiración es sentarte a trabajar todos los días. Es un oficio como cualquier otro, como ser abogado o carpintero. Sentarte a trabajar hasta que caiga algo. La inspiración ya es cuando, después de una o dos horas de trabajo, descubres que vas a decir algo, y has llegado allí no por casualidad, sino porque has estado investigando y leyendo.

Lo que sí puede existir son las ideas: uno a veces va caminando por la calle y se le ocurre algo y lo anota. O a veces escucho frases en la calle que son buenísimas y pueden ser frases para comenzar un cuento. Pero eso es un detallito, un momentico. Todo lo demás es trabajo.

Alguien decía, no me acuerdo quién, que la escritura es 1% inspiración y 99% transpiración.

La vida de Chirinos en Caracas era dura. Los sueldos que ganaba por escribir reseñas u ofrecer talleres y cursos no le alcanzaban para pagar el alquiler o comprar comida. Primero estudió Artes en la UCV por cuatro semestres, pero las huelgas y los problemas económicos en su casa lo obligaron a devolverse a Valera. Pasó un año meditando qué hacer y optó por inscribirse en la Escuela de Letras de la UCAB, para terminar los cinco años de carrera y graduarse, y lo logró. Pero la capital seguía siendo invivible para él.

—Y entonces en un momento dije: o me voy a Valera a trabajar en la ULA o me voy para fuera. Lo primero que salga. Lo primero que salió fue el crédito de Ayacucho y me fui. Si no me hubiera ido a Valera a trabajar en la ULA para sobrevivir y al menos estaría en casa de mi mamá, donde había comida. Pero no, me fui a España.

—Cómo fue el cambio cuando llegaste a España

—En cuanto llegué a Salamanca el cambio fue radical, por la paz que te da tener tiempo para escribir y estudiar. Salamanca es una ciudad pequeña, como Mérida. Es manejable. Mi primera novela la escribí en Salamanca.

La personalidad de Juan Carlos es la de un tipo bonachón, que inventa chistes espontáneos de lo más mínimo. Es raro cuando detrás de algún comentario no hay alguna broma. Eso sí, siempre habla con franqueza al referirse a alguna crítica dentro de la literatura.

—Qué opinas de la escritura experimental

—Generalmente la experimentación está ligada a lo formal, a la forma que le das al texto. Ese tipo de experimentación formal, como poner los diálogos metidos dentro de la narración,  hacer que el texto sea redondo, poner espacios en blanco, todo lo que significa la formalidad, eso no es experimental, es más bien hacer el ocho. Los que hacen eso o son muy muchachos y no han leído literatura o son imbéciles. O son gente adulta que cree que está descubriendo el agua tibia.

Lo otro, la experimentación que tiene que ver con el contenido, eso lleva ya 50 años de trabajo. Porque descubrir de verdad lo que tú quieres decir te lleva años hacerlo. Te lleva toda la vida.

Yo le digo a mis alumnos: les apuesto una cena en el restaurante más caro de Madrid que nadie escribe un cuento que no esté escrito ya. Lo que no está escrito es cómo lo dice usted. Y por ese tiene que ponerse a trabajar, a investigar y a leer.

—¿Cómo te das cuenta de si escribes una novela o un cuento?

—Hay materia anecdótica que da para un cuento y otras que dan para una novela. Uno se da cuenta si puede alargar la historia. Es como esas piedras planas que uno lanza en el agua: las anécdotas son como esas piedras, unas llegan más lejos que otras.

—En tu caso dibujas una planificación, como una estrategia en un campo de fútbol o de béisbol, y comienzas a trabajar.

—Yo planifico mucho una novela. Escena por escena, capítulo por capítulo, diálogo por diálogo. Puedo llegar a lo mínimo, incluso a los personajes. Y así es cómo funciona todo. Yo creo que es como el ajedrez, que lo jugué mucho desde pequeño. En ese juego está todo. Pero lo difícil es todo lo demás, no mover las piezas, sino lo demás para poder jugar bien. Y entonces, cuando empiezo a escribir, ya me desordeno. Adonde sea que voy, me desordeno todo. Y a veces meto cosas que no estaban en la planificación. Y me vuelo la planificación porque me da la gana.

—¿Qué opinas sobre escribir la gran novela de la Venezuela chavista?

—Una novela sobre el chavismo, que están haciendo varias, algunas muy buenas, se escribieron ahora porque era la ocasión. Patria, de Aramburu, por ejemplo, es una novela que no me gusta nada, pero que apareció en un momento apropiado, oportuno, no oportunista. Y ha sido un best-seller increíble.

Pero como Patria se han escrito muchísimas novelas del País Vasco. Lo que pasa es que llegaron temprano, demasiado temprano, y no les hicieron caso. La gente va a pensar que la novela sobre el País Vasco era de Aramburu y no es así. Hay un montón de novelas sobre ese tema. Patria tuvo los suficientes lectores y promoción, además que llegó en un momento en que la gente quería leer sobre eso. Una vez que el Estado español derrotó a los criminales de ETA, entonces salió esta novela.

Por ejemplo, habían pasado casi 100 años después de la Guerra Civil de Estados Unidos, y Margaret Mitchell publicó Lo que el viento se llevó. Y la novela sobre la Guerra Civil de EE UU es Lo que el viento se llevó, es la que recuerda todo el mundo y la que todo el mundo lee. Al año le hicieron una película maravillosa.

Pero la novela es mejor, y además, Margaret Mitchell es más bonita que Vivien Leigh.

—¿Qué te dijo José Balza cuando, como escritor novel, le diste algunos de tus cuentos para que te dijera su opinión?

—Yo le escribí a él con mucha emoción, pero asustadísimo. Tenía 18 años. Y le entregué a José Balza, que era mi profesor, unas hojas de cuaderno con unos cuentos. Ya no recuerdo qué cuentos eran. Tampoco recuerdo si eran buenos, creo que no. A la semana siguiente, cuando me los devolvió, me dijo esto: ‘Son cuentos muy analíticos. Me gustan mucho, pero son muy analíticos’.

No me dijo más nada. Supongo que buscó algo bonito que decirme, que fuera alentador, que no me frustrara. Porque si se pone a decirme cosas malas me pego un tiro. Pero me dijo eso y me quedé contento.

La Venezuela de hoy es absolutamente diferente a la de hace un año, cuando se dio esta entrevista. Le preguntamos a Chirinos sobre cómo se sentía al regresar al país luego de cinco años sin venir.

—Me siento muy bien. No estoy eufórico, pero estoy contento. Estoy conmovido con muchas cosas. Por ejemplo, los dos españoles que vinieron conmigo, Juancho Armas Marcelo y Esteban, han sido tratados con mucha hospitalidad y cordialidad por todo el mundo en Margarita y Caracas, lo cual habla bien de nosotros.

Tenemos un espíritu hospitalario que no ha desaparecido. Yo sí veo caras preocupadas, caras obstinadas, gente que está harta de estar aquí. Pero no hemos perdido eso que es fundamental en el venezolano, la hospitalidad. Eso me tiene conmovido.

A nosotros nos toca recuperar el país. Tarde o temprano alguien tendrá que recoger lo que quede, aunque lo que quede esté en el suelo hay que recogerlo. Qué vamos a hacer.

Juan Carlos Chirinos | Foto: Archivo de El Nacional (referencial)

Juan Carlos Chirinos | Foto: Archivo de El Nacional (referencial)


Isaac González Mendoza*

Es periodista. Ha escrito para el diario El Nacional y textos suyos han aparecido en La Nación (Argentina), El Comercio (Perú) y El Tiempo (Colombia). Actualmente es parte del equipo de la página de noticias Efecto Cocuyo. Cofundador de la revista digital 4Dromedarios.


El gran preguntador: conversación con José Pulido*

Foto: Javier Cedeño Cáceres (2019)

Foto: Javier Cedeño Cáceres (2019)

Julio Bolívar | Venezuela

Desde que José Pulido se puso a escribir desde otra distancia, ya no es posible verlo en la avenida Urdaneta esperando una camioneta que lo lleve a Bello Monte, donde vive con su esposa la periodista Petruska Simme y su nieta de ojos grandes e iluminados. Sabemos de él por las noticias culturales, las redes sociales, un poeta que es traducido al italiano y un poco común embajador de los poetas venezolanos en Italia.

El cambio de horario nos obliga a escribirnos por messenger, por allí tocamos los temas de siempre que tiene que ver con los amigos comunes, las visitas a viejo historiador Guillermo Morón y una especie de cofradía de caroreños y larense visitando al viejo maestro de Cuicas devenido en caroreño. Recientemente El Papel Literario de El Nacional decidió publicar una selección de sus entrevistas, tan actuales que parece que las acabara de hacer, en esta conversación quisimos tocar esa faceta del periodismo con uno de sus mejores cultores.

José Pulido | Foto: Leonardo Noguera (El Nacional) (2014)

José Pulido | Foto: Leonardo Noguera (El Nacional) (2014)

Siempre has sido identificado como un narrador, o un poeta, por supuesto con razón y obra, pero antes que narrador eres periodista. Háblame de ese oficio en tu vida.

Escogí el periodismo porque deseaba ser escritor. Tuve leves inicios de obrero y de agricultor, pero sin destrezas manuales. Era poeta. Desde niño me gustaba conocer el origen de las palabras. Escribía sonetos que aprendía leyendo a los clásicos y a Cruz Salmerón Acosta. Primero fue la poesía. Era una obsesión. Y eso me hizo leer y escribir mucho. Decidí que me dedicaría a escribir. Busqué el oficio ideal para sobrevivir y escribir a la vez. En Villa de Cura comenzó a destacarse en el periodismo un amigo, un paisano de mi generación, Oldman Botello. Y dije “Me gusta lo que hace Oldman” y ese fue el arranque del periodismo.

¿Cómo fueron tus primeras notas en los periódicos de Villa de Cura, tu lugar de nacimiento?

Mis primeras notas ocurrieron en periódicos que yo mismo creaba y hacía con esténcil. Luego escribí en pequeños semanarios y una vez me publicaron un reportaje en El Regional de Maracay. Publiqué muy poco en ese diario, pero hacía mis propias fotos.  Después tuve mi primer trabajo serio en El Regional de Valencia.

En Villa de Cura escribí notas con mucho humor. Y algunas fueron para reclamar lo mal que estaban las calles. Siendo muy joven me conocieron un poco a nivel nacional porque en El Gallo Pelón me publicaron un soneto humorístico muy en la onda de lo que escribía Aquiles Nazoa.

Nadie te imaginaría como jefe de un periódico católico, pero lo fuiste en San Cristóbal, puedes contarnos tu relación con la iglesia y el periodismo católico.

El Diario Católico de San Cristóbal, estado Táchira. Una experiencia preciosa. El director era monseñor Nelson Arellano Roa con quien aprendí mucho. Tenía un gran sentido del humor y le gustaba mi manera de trabajar y de escribir. Me apoyó en todo. Él y Marina Rivas, quien era la administradora del diario nos dieron el más cariñoso y fuerte apoyo a Petra y a mí. Me gustó esa experiencia porque no solo se trataba de difundir conocimientos: también de ayudar en concreto a cada comunidad difundiendo sus inquietudes, necesidades, su cultura. Siendo yo tan pecador, el padre Nelson me soportaba y me animaba. Hasta lo ayudé una vez en misa. Pero me reprochaba a veces porque me bebía el vino de consagrar.

Cómo fue tu experiencia en Valencia en el diario El sol.

Fue un sueño, un diario que duró poco. Igual que el sol desde la mañana a la tarde. Ya ahí desarrollaba mi modo de acercarme a la comunicación: narrativa y poesía revueltas con el periodismo. Fue un proyecto que no cuajó. Ni siquiera recuerdo la sala de redacción.

Has publicado un libro con grandes entrevistas, Muro de confesiones y La sal de la tierra, no sé si coincides, pero pereciera que en cada entrevista esperamos a un observador que estructura la conversación como si fuera un relato que describe al personaje entrevistado. Recuerdo la imagen de la mosca revoloteando sobre la chaqueta de Julio Cortázar y su café. ¿La ficción siempre acecha tus textos periodísticos? ¿O te sientes deudor de aquello que se llamó “El nuevo periodismo” que nos ha dado a estos cronistas contemporáneos?

Descubrí el nuevo periodismo después que hacía algo parecido, aunque yo aprendía en cada entrevista, no era un periodista con la conciencia y el talento de Gay Talese o Tom Wolfe. En mis entrevistas la ficción es aquello que me imagino en torno a los entrevistados. Trato de reflejar sus verdades y sus mentiras y de ubicarlos en el lugar que quizá les corresponde. El lugar que podría corresponderles de acuerdo a su sensibilidad.

Tu vida transmite una pasión eterna con el periodismo, un día estás en la redacción de un periódico, otro en una revista; pero en particular siempre con entrevista a artistas de diversa índole, ¿qué importancia le das a ese ejercicio de preguntar? Más allá del personaje entrevistado, de su fama, o del libro o la obra de teatro reciente ¿qué buscas en el entrevistado?

El periodismo es mi oficio y trato de hacerlo siempre, aunque no me paguen, porque se trata de un servicio que debo prestar a la gente, a la sociedad y a mi mismo: es lo que sé hacer y debo hacerlo…como hablar, como respirar. En el entrevistado busco el porcentaje de autenticidad y de sinceridad que contengan tenga su existencia y su persona.

Algunos dicen que para hacer una buena entrevista solo necesitas conseguir a una celebridad, más o menos revisar lo que ha hecho y ya está, listo, preguntar lo consabido. ¿Qué piensas al respecto?

Voy a decir algo ya dicho: hay quienes harían un caliche, una mala entrevista, si tuvieran la oportunidad de entrevistar a Jesucristo. Y hay quienes pueden lograr una maravillosa entrevista haciendo preguntas al señor o a la señora que barren la calle.

¿Por qué te gusta entrevistar en medio de tanta visibilidad y grandilocuencia mediática, donde cada quien se promueve como quiera, o se autoentrevistan? ¿Cuándo entrevistas cuál es tu objetivo?

Mi objetivo primordial es que en la entrevista haya algún párrafo o alguna frase que le sirva al espíritu o a la mente del lector. Definir al personaje de la manera más justa. Y más contundente. Y más estética. Y que al mismo tiempo la gente pueda saber cuán justo o errático es el entrevistador.

Hay entrevistadores que han logrado desaparecer al preguntar, dejar solo al personaje que despliegue sus ideas, casi que las preguntas se las hiciese el mismo. Como una reflexión. ¿Qué piensas de este tipo de periodismo?

Cada entrevistado es distinto. También cada entrevistador. Si decides que el entrevistado haga todo, sería más honesto que el entrevistado escribiera su entrevista. La entrevista es un diálogo entre alguien que quiere vender una imagen y alguien que trata de que esa imagen contenga la menor cantidad de mentiras posible.

¿Planificas las entrevistas, estudias la obra de los entrevistados o surgen las preguntas en la conversación?

A veces se analiza al entrevistado, se estudia su obra. Cuando estás trabajando en una redacción te sale la pauta el mismo día: “entrevista a fulano” y si no sabes nada de fulano debes sincerarte con el entrevistado y hacer el mejor trabajo posible. Hay entrevistados que solo desean publicar su punto de vista, su interés y lo demás les resulta indiferente.

He leído, la manera como escribes ciertos acercamientos a la biografía, con pintores, músicos, pero no con narradores o poetas o políticos. ¿Por qué la preferencia con la música y la pintura?

No he tenido preferencias. He entrevistado a tantos poetas y escritores como a pintores y músicos. La biografía ha surgido con Dudamel porque me la solicitaron y me encantó la idea. Con dos o tres pintores a quienes he hecho biografías, ha sido por cuestión de amistad. Y mis biografías son en realidad muy fallidas, muy emotivas. Ningún amigo escritor o poeta me ha pedido que le escriba la biografía porque narradores y poetas en el fondo acarician la idea de escribir algún día sus memorias.

Tu trabajo por medios impresos, como El Nacional, te dio la oportunidad de conocer a muchas personas, recientemente el Papel Literario del mismo periódico que ahora es digital, decidió publicar algunas de tus entrevistas, que motivó al medio a recordarnos aquellas entrevistas, ¿cómo se decide cual se publica y cual no?

No lo sé, me parece una de las ideas del escritor y editor Nelson Rivera, quien siempre ha sido justo y certero y es además un buen lector. Él ha sido muy amplio y considerado conmigo desde que publiqué mis primeras novelas. Y creo que muchos lectores le agradecen haber publicado esas entrevistas porque no las conocían. Una entrevista o cualquier escritura de interés no deberían quedar en el olvido: la gente nace y crece todos los días. Nelson escoge las entrevistas que se publicarán, aunque ha publicado todas las que pude encontrar. Hay muchas más en los archivos. Lo que ha salido no es ni la cuarta parte de lo que hice. Me parece que eso mismo debe hacerse con otros entrevistadores. Por otra parte, El Nacional es mi periódico, mi casa periodística.

Fuiste un corresponsal de Guerra a la caída de Somoza en Nicaragua. ¿Cómo es la vida de un corresponsal en medio de una guerra? ¿Cómo recoge la visión de las partes en conflicto?

Esa experiencia es un desastre, estás desamparado, tienes mucho miedo, duermes en cualquier parte, escasean el agua limpia y la comida. Y lo peor de todo: cualquiera puede matarte y sin que nadie se lo reclame. En mi caso, no pude recoger la visión de las partes en conflicto: solo lo que habían hecho ambos antagonistas en la carne y el alma de la población. Uno se dedica a echar los cuentos de lo que ve, de la muerte y la esperanza. A veces la esperanza es mínima y la muerte una montaña.

Una vez, no recuerdo cuando, creo que, en la redacción del Diario de Caracas, o caminando por la avenida principal de Boleíta, comentabas que querías hacer un periódico especializado solo en investigación, aún no comenzaba esta tendencia de la crónica y la investigación donde han aparecido nuevos medios, múltiples formas digitales. ¿Puede volver a soñar ese periódico? ¿Cómo sería?

Lo soñé y participé en la conformación del equipo de investigación que creó El Diario de Caracas. Apoyé los inicios de muchos cronistas y promoví la crónica. Nada de eso fue meritorio: era el desarrollo normal de la comunicación que siempre anda buscando su voz, una voz acorde con los tiempos.

El periódico que sueño sería intelectual, apegado a los Derechos Humanos, oficiante de la sabiduría, creyente del arte y la cultura, que jamás renunciara a la dignidad y a la honestidad. Por eso es solo un sueño.

¿A quién te gustaría entrevistar todavía?

A cualquiera que tuviera algo interesante qué decir. ¿Alguien en concreto? Los escritores más imponentes se han ausentado: Virginia Wolf, Rilke, Walt Whitman y Jorge Luis Borges. Entre los que no han muerto me gustaría entrevistar al señor que vive En el monasterio Mater Eclessiae, el Papa Benedicto.

¿A tu juicio, como lector de grandes conversaciones, cómo sería tu lista de las mejores entrevistas?

Carlos Eduardo Frías entrevista al joven Arturo Uslar Pietri en 1934

De una vez, Arturo Uslar Pietri lanza con lucidez unos conceptos que marcarían su producción literaria.

En esa entrevista Uslar dijo:

“En mí la afición literaria fue precoz, voluntaria y casi morbosa. A una edad en que aún leía con dificultad, amaba ya la letra impresa, ese olor tierno de la tinta y del papel que flota en los depósitos de las librerías. Con esfuerzo, con dolor, con incomodidad del cuerpo y del espíritu quería escribir y me constreñía a hacerlo como una disciplina”.

Carmen Clemente Travieso entrevista a Armando Reverón en 1946

Interesante la atmósfera que se logra, aunque se nota la escasez de preguntas profundas para un pintor como ese, pero la descripción de su mundo y de su espiritualidad hace trascendente esa entrevista. Se pone de manifiesto la soledad de un gran artista que sin embargo, en su ternura de hombre infantil, conserva la amistad y la fidelidad del mono Pancho y de su dulce Juanita.

Rómulo Betancourt entrevistado por MOS en 1963

Ellos se conocían desde la adolescencia, estudiaron juntos. No temían hablar de sus puntos de vista. Una de las mejores entrevistas. Betancourt siempre sabía lo que estaba diciendo. Hablaba con la certeza de que sus palabras no perderían vigencia. Miguel Otero escribía con arte pero preguntaba con la contundencia de quien no permite engaños. ¿Cómo no va a ser trascendente una entrevista con dos protagonistas de una misma época?

Guillermo Meneses entrevistado en 1976 por Tomás Eloy Martínez

Creo que haciendo un juego de misterio y de incertidumbres, Tomás Eloy consigue un magnífico retrato de Meneses. Me atrevería a decir que esta entrevista, en sí misma, es un cuento de Tomás Eloy. Una obra maestra, de verdad.

Ramón Hernández en 1980 entrevistando a Germán Carrera Damas

Fue una entrevista puntual en torno a la Venezuela de esos días. Es importante  el castellano precioso y lúcido de Ramón Hernández. Creo que Hernández es uno de los mejores entrevistadores en la historia del periodismo venezolano. Él investiga mucho antes de entrevistar. Sabe lo que debe preguntar para conseguir buenos resultados.

Miyó Vestrini entrevistando a Carlos Cruz Diez en 1971

Miyó profundizaba en los entrevistados. Logra que Carlos Cruz Diez exprese con total claridad sus planteamientos. Lo deja fluir. Ella explica con claridad:

Todo lo que propone Cruz Diez son situaciones. Y es importante partir de este criterio para colocarse frente a su obra sin patrones culturales determinados. Dejarse envolver y arrastrar por la situación propuesta, en este caso el color, no deteniéndose jamás en definiciones o limitaciones preestablecidas. –Los patrones culturales contribuyen a la ceguera –señaló–. Se pierde la facultad de ver. Mientras menos patrones culturales se tengan, más receptivo se es a la vanguardia cultural. Hay que intentar despertar esa cosa dormida que hay en nosotros, reaprender a mirar. La cultura es muy vieja, hay que renovarla y para ello, debemos ir hacia las sensaciones, destruyendo los patrones culturales

Nelson Hippolyte Ortega con Yolanda Moreno  1985

Es uno de los grandes entrevistadores. Esta entrevista es extraordinaria. No hay ocultamientos, Nelson refleja la verdad de dos seres. Casi simultáneamente a las preguntas-respuestas, Nelson logra mostrar la relación entre la artista y su esposo, lo mucho que él interfiere en ella. Y cómo ella, siendo aparentemente manejable, es una artista que defiende lo que hace.

Elizabeth Fuentes 1984 entrevista a Edmundo Chirinos

Sin mostrar preguntas y respuestas, Elizabeth consigue un retrato de Chirinos de lo más premonitorio. Ahí estaba todo su terrible potencial. Elizabeth ha actuado como el psiquiatra que coloca en el diván a su paciente. El diván del ego, las confesiones de un demonio desatado que apenas podía ocultar su verdadera esencia. Después, Ibéyise Pacheco lo desnudaría por completo.

La entrevista con José Ignacio Cabrujas hecha por Luis García Mora, Víctor Suárez, Ramón Hernández y Trino Márquez en 1987

José Ignacio Cabrujas hacía que cualquier entrevista con él fuera trascendente, inolvidable. Mucho más si respondía ante tantas figuras del periodismo. Ahí está el país, completo. Creo que Cabrujas es la imagen auténtica de la cultura venezolana, de una generación que aprendió a esgrimir la cultura como instrumento de transformaciones.

Gabriel García Márquez entrevistado por Boris Muñoz en 1997

Una maravilla de entrevista, he ahí el nuevo periodismo. Boris relata todo, lo describe todo, con un lenguaje certero y precioso. Y muestra al Gabo. Así era él. Boris se mueve en las palabras con paciencia, humildad y gracia. Es un intérprete del entrevistado con apenas expresar un gesto, una situación.

Isaac Chocrón entrevistado por Milagros Socorro en 2011

Esta es una de las entrevistas que he leído varias veces. Milagros hace un retrato de Chocrón como nadie lo hizo. He ahí la gracia, la sabiduría y el desenfado de un entrevistador y de una entrevistadora, tejidos, como una obra maestra. A Chocrón lo entrevistamos muchas veces, siempre hubo alguien entrevistándolo, pero la entrevista de Milagros es la mejor. Ella lo trasladó al futuro.


José Pulido *

Comunicador social, escritor, poeta. (Nació en Villa de Cura, estado Aragua. Venezuela (1-11-1945)

Asistente a la dirección de la revista BCV Cultural (1999)

Asesor Comunicacional de diversas instituciones culturales. Talleres y diplomados en diversas universidades. Uney, ULA Trujillo. Asesor del Museo de Arte Contemporáneo. 1996.

Dirigió las páginas de arte de El Nacional (1981-1988), El Diario de Caracas (1991-1995) y El Universal (1996-98). Miembro fundador de los suplementos Bajo Palabra (1995)  y El otro cuerpo (1997-1998)

Jefe de redacción, bajo la dirección de Salvador Garmendia, de la revista cultural Imagen (1994-1996). Jefe de redacción del diario Ultima Hora en Acarigua, 1978. Jefe de redacción y subdirector del Diario Católico de San Cristóbal entre 1975 y 1977.

Le fue otorgado el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, año 2000, por su poemario Los Poseídos.

Ha publicado los poemarios: Esto, García Hijos, editores. (1971). Paralelo Lelo, García Hijos, editores. (1971). Peregrino de vidrieras (2001) Duermevela (2004). Es coautor de los poemarios: Linajes (1994).Vecindario (1994). Cortejos (1995). Invocaciones, 1996,  Ediciones Pavilo.

Fue editado en la Antología del Círculo Metropolitano de Poesía de Caracas, publicada por el Centro de Estudios Ibéricos y Americanos de Salamanca “Federico de Onís-Miguel Torga” en 2005.

Los Poseídos, (poemario, ediciones Pavilo) (1999).

La Academia de la Historia publicó el libro de entrevistas: Muro de confesiones (1985).

Ha publicado en narrativa:

Pelo Blanco (novela), Editorial Planeta.(1987)

Una mazurkita en La Mayor (novela premio Otero Silva, de Planeta, 1989)

Vuelve al lugar que se te ha señalado (cuentos). Ediciones Contraloría General de la República.

(Un cuento de este libro fue publicado en Narrativa venezolana attuale, Bulzoni Editore, Roma) (1995)

Los Mágicos (novela, Monte Avila(1999)

La canción del ciempiés (novela, Alfadil) (2004)

La sal de la tierra (entrevistas, Banco Central de Venezuela, 2004).

El bululú de las Ninfas (Novela, Editorial Alfa, Colección Orinoco, 2007)

Dudamel, la sinfonía del barrio, Libros de El Nacional 2011

El requetemuerto (novela, Ediciones B) 2012

Los héroes son villanos tímidos (cuentos 2013 Otero Ediciones)

Forma parte de la Antología en homenaje a Miguel de Unamuno, XV Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca 2012

Ponzoña de paisaje, novela (2015, Editorial Negro sobre Blanco)

Invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova en 2018


Conversación con Alejandro Pérez Roulet: “Somos un pueblo adolescente”

Alejandro Pérez Roulet | Foto: cortesía

Alejandro Pérez Roulet | Foto: cortesía

Julio Bolívar* | Venezuela

Alejandro Pérez Roulet es un escritor argentino radicado temporalmente en la isla de Margarita, venido de la psicología se dedica a observar la vida insular y a escribir relatos. Recientemente ha publicado su primera colección de cuentos, Mardeamor, donde reúne textos con diversos personajes en situaciones de la vida de hombres solos que solo buscan la felicidad.

  1. Alejandro, acaba de salir tu primera colección de relatos, 9 en total, que van desde un microrrelato a un cuento largo que da el título a este libro. ¿Cuál es tu motivación principal al publicarlos?

Comencé a escribir desde joven, pero destruía la mayoría. Hace 20 años comencé a darle más importancia, pero sin demasiadas ilusiones en publicar, es más con la escritura hacía catarsis. Pero a medida que transcurría el tiempo y comenzaba a estar más satisfecho con la producción envié un cuento que fue premiado y eso me motivó más aún para seguir escribiendo. Una vez que tuve una cantidad razonable como para darle a la gente en forma de libro las cosas se sucedieron rápido y de modo muy armónico aquí en la isla de Margarita. Me motivó esencialmente el hecho que tenía cosas para decir y llegar a la gente, que pudiera hacer reír, reflexionar y entretener. Y, no debo olvidarme del empuje de los amigos de argentina que me decían: está bueno, seguí, dale.

  1. Después de leer tu libro, pensamos en dualidades: el amor y el desamor, posibilidad e imposibilidad. Pasiones complicadas, incluso el texto dedicado a la presencia del Tirano Aguirre en la isla, amor al poder, trastocado por la erótica de una india local que enloquece al tirano español. ¿Por qué te planteas esa dualidad?

El Tirano Aguirre obedece en primer lugar a mi interés por la historia de la conquista, pero me pareció interesante el personaje, puro tánatos, pura locura y cualquier cosa que simbolice belleza, amor, a Lope le trastoca los valores, pero eso le pasa porque está loco, no discrimina, es un paranoico y en nombre de Dios justifica todo. Se autoimpone un: ego te absuelvo. No registra la compasión, el tipo. La mujer para él es como el diablo o algo maligno y esto le sirve de excusa en el cuento para no amar una. Hasta mata en su locura a su hija con un pretexto débil. Cuando Inés se le presenta él la ve como una bruja pero a la vez la abraza y llora sobre su vientre, ahí convive esa dualidad de la que hablás. En definitiva, la imposibilidad de amar. No hubiera querido estar en esa época en aquel momento, nadando o pescando, o tomando sol en la playa El tirano.

  1. Soledad, indecisión, dudas permanentes, dolor, invención de ideales personales, cierto hedonismo y narcisismo atraviesan las emociones de tus personajes masculinos, esto son los rasgos de tus personajes. ¿Háblame de esta obsesión, que no observamos en tus personajes femeninos, en Mardeamor?

¡Qué buena pregunta! Ocurre que son personajes citadinos de una ciudad como Buenos Aires. Hay mucha gente sola en mi ciudad. Y tenemos esa cosa de melancolía, así como el tango. Cuantas letras se refieren a hombres abandonados por una mujer y si vos lees esas letras los tipos terminan destruidos y yo creo que aquí hay algo de eso como impronta cultural. Incluso el cine argentino en películas como Adiós muchachos. La música de Piazzola, por ejemplo Adios Nonino.La nostalgia, la soledad, las preguntas que se hacen de alguna manera los personajes: ¿Qué es esto de vivir y amar y la finitud de los encuentros, en última instancia la finitud de la vida? El personaje Federico se hartó de su sociedad, de la corrupción, de su mórbida soledad que ya le fastidia. Y sí, eso no lo observamos en Nicole, una mina increíble que a Federico lo va desarmando, aunque él se resiste, pero ante la muerte de Eladio se replantea y se juega por el amor de Nicole, quien también representa lo contrario a Federico, ella se juega, cae de sorpresa desde Canadá, esto a él lo apabulla y le gusta. Nicole de algún modo le tiende la mano para llevarlo a su mundo un mundo donde no hay que temer al amor, al encuentro.



  1. A pesar de que tus cuentos son historias íntimas, se deja colar la realidad social que se vive en el país. Situaciones vividas también en Argentina, tu país de origen.  Al final una especie de homenaje al alma pura del habitante inocente de la realidad que le toca vivir. Lo que revela una sensibilidad social del narrador. Cierto tono justiciero, en cuentos como “El Tirano”, “La paloma” y “Mardeamor”. Háblame de este aspecto en tu libro.

Fíjate que en el caso de Mardeamor solo describo lo que veo y escucho, incluso el diálogo con el taxista fue real, el tipo hizo catarsis, se despachó con gusto. ¡Quedé agotado! La Argentina es una sociedad deteriorada con pérdida de valores, pero, aunque haya cambiado el gobierno la cosa es muy difícil y los estándares de vida se van achicando. Hay mucha impericia. Somos una sociedad que todo lo discute, a todo se opone. No escuchamos al otro. Discutimos hasta las decisiones de la justicia, somos un pueblo adolescente que repetimos siempre las mismas travesuras. Rígidos en lo ideológico lo que lleva a crear grietas. ¿Y está el tipo que se levanta a las cuatro de la mañana para ir a trabajar, se desloma y entonces qué, ¿Vive dignamente? ¿Tiene tiempo para estudiar? Creo que somos nuestro peor enemigo. Si a alguien tengo que hacer responsable es a la propia sociedad que no ha sabido elegir y a la vergonzosa clase política que tenemos en argentina. Los pueblos también se equivocan. Ya no hay estadistas que miran el futuro más allá de una generación. En cambio, tenemos políticos que miran la próxima elección y ver como se salvan económicamente. En Mardeamor, Eladio es ese hombre simple que está orgulloso de su mujer, de su trabajo, se siente digno con su peñero, en el fondo es un hombre que dentro de su universo es feliz, porque no tiene delirios de grandeza. Él ama lo simple.

  1. En tus cuentos tienes una concepción del cuento más tradicional que experimental, incluso en uno de ellos que parece algo fantástico. Mi juicio puede ser impreciso, pero tú me dirás.

En este libro sí efectivamente. “Entramado de Universos” es un texto que lo escribí porque me interesa la Física, las teorías de cuerdas y universos paralelos. Este cuento o relato estuvo escrito con idas y venidas al principio con poca claridad, pero sabes de dónde viene la chispa o cómo empezó la idea de escribirlo. Tendría 7 u 8 años iba con mi madre al centro y tomábamos el subte o metro, no recuerdo bien, pero estábamos bajando y cerró la puerta y se le quedó el taco largo de su zapato trabado en la puerta y el subte arrancaba y mi madre me tenía agarrado de la mano. Habrá durado diez segundos el episodio. Pero ahí nace

  1. Se siente en tus relatos un manejo de imágenes muy cinematográficas, en algunos cuentos como el de tema cubano. Me recuerda algo de Ricardo Piglia en su novela- thriller Plata quemada.

Así es, estuve que por más de 25 años tuve una productora de cine documental e institucional y también trabajé en noticias y la imagen y oficio heredado de mi padre y con algunos ingredientes propios hace que me sea fácil visualizar lo que escribo por eso es que muchas veces podrían ser susceptibles de ser filmadas estas historias. Es algo que llevo dentro y tal vez definan mi estilo si es que lo tengo. “La Paloma” es un relato, en realidad, que se lo debo al personaje Hermes, amigo de mi familia, mis hermanos y mío, que trabajó 40 años en la NBC; me cuenta siempre historias increíbles. Hoy tiene 83 años, pero es un pibe, lleno de energía y gran cocinero. La Paloma es en realidad una historia suya. Fue real. Pero para entender bien cómo se maneja el personaje, hay que conocer a Hermes, a lo mejor lo traemos a visitar la isla.

  1. Coméntame tus lecturas, autores latinoamericanos, venezolanos que hayas leído.

A los 17 años me metí de lleno con Sábato y Cortázar. He leído tantos…No consigo leer del todo a García Márquez menos a Vargas Llosa, Borges nunca me ha llegado y lo he leído muy poco. Me gustaba más escucharlo hablar de literatura y eso que me lo cruzaba muchas veces en la calle cerca de su casa en la calle Maipú o en la galería del Este la que sale a Florida. Voy a Venezuela: Un maestro: Herrera Luque, Eduardo Liendo. Me voy al Norte y me quedo con Paul Auster y Philip Roth. Cruzo el charco y estoy en Europa, uff! aquí esta lo sagrado para mí: Umberto Eco, Michael Houellebecq,Flaubert,Camus,Yourcenar,Tolstoi,Jean Pierre Luminet, Proust, en fin me estoy olvidando de otros seguramente.

  1. ¿Después de este libro Mardeamor, cual es nuevo proyecto?

Estoy escribiendo una novela cuyo personaje central es una mujer que trabaja en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina. Llevará tiempo. Es fuerte la historia y pasa la trama por actos de corrupción que han ocurrido en mi país.

Preparo un segundo libro de cuentos, creo que te comenté antes, fuertes, osados del orden de lo fantástico y no aptos para gente impresionable. En verdad tratan de ser sacudidores de movilizar al lector, trato de llevar al lector a participar. Ahora debo decirte que estoy trabajando en una serie de cuentos para otro libro: Cuentos Góticos, imagínate.


Julio Bolívar

Escritor venezolano*


El otro Joaquín Cortés

Foto: Joaquín Cortés

Foto: Joaquín Cortés

Javier Cedeño Cáceres* | Venezuela

Cuando esperas encontrarte con Joaquín Cortés, lo menos que pasa por tu mente es un Joaquín que ya no toma fotografías o hace cine, un Joaquín que ya no capta con el lente de una cámara la esencia humana; aquel que con imágenes narraba una historia universal logrando que hasta el más indiferente pudiera asimilarla y tener una percepción clara de la identidad, origen, genio y temperamento de los individuos que únicamente él ha podido inmortalizar.

Este Joaquín Cortés solo necesita de lápiz y papel. Cada uno de sus planos se convirtieron en páginas llenas de palabras adornadas de colores rítmicos a través de comas, puntos, acentos, comillas. Para la iluminación se vale de recursos literarios: epítetos, hipérboles, antítesis. El sonido ya no depende de microfonía, sino de la conjugación perfecta de la gramática española complementada con la música compuesta por sílabas empleadas con la intención de dar un sentido claro a su expresión. Toda esta composición tiene la simpleza de poder ser editada por un borrador de goma. Este Joaquín Cortés ahora escribe literatura.

—Ya no hago cine y no creo que vaya a hacerlo nuevamente.  Pero es una decisión de tipo físico, porque no tengo las condiciones. Yo no estoy haciendo fotos tampoco: ahorita estoy escribiendo.

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—En ese momento me dije a mí mismo: “No hago más cine”. Decidí que ahí se terminaba mi carrera como cineasta.

II

Joaquín Cortés (2018) | Foto: LACSzz

Joaquín Cortés (2018) | Foto: LACSzz

Después de haber recorrido Venezuela y parte del mundo con su cámara, actualmente Joaquín vive en un apartamento ubicado en los Altos Mirandinos sin ser ajeno a las dificultades del país. Su hogar ahora es un refugio y depende de un transporte público casi inexistente para poder movilizarse. A esto se le suma la separación a cuentagotas de su familia: uno de sus hijos se fue del país y en pocos días su hija también abandonará Venezuela.

—La razón de ahora por lo que la gente se va es muy distinta y dramática. Es una cosa que es dolorosa. Ellos no se van porque van a estar mejor, sino que aquí no pueden hacer nada. No hay oportunidades y eso no es justamente lo que a mí me pasaba en España.

Joaquín se refiere a la España que dejó, esa Barcelona que lo vio nacer en 1938 y donde vivió su niñez junto a su madre. En esa ciudad, a los 12 años de edad, vivió una de las etapas más traumáticas de su vida, cuando una parálisis inmovilizó sus piernas y, como tratamiento, le aplicaban constantes descargas eléctricas que al final no sirvieron para nada. Ante el temor de quedar inválido, Joaquín ingresó a un gimnasio para practicar, a pesar de sus limitaciones, lucha grecorromana.

Foto recuerdo del Liceo Escolar de Barcelona (España), 1949

Foto recuerdo del Liceo Escolar de Barcelona (España), 1949

—Fue muy duro para mí tener esa edad y no poder caminar. Mi abuelito me llevaba cargado al gimnasio porque yo no podía hacerlo solo. Fue una época fuerte; era mucho sacrificio, eran ocho horas metido en un gimnasio.

Con el tiempo, la actividad física le devolvió la movilidad a sus piernas: “Un día me conseguí al médico que me daba las descargas eléctricas y él no lo podía creer”. El para entonces futuro cineasta se destacó competitivamente en el deporte que le regresó la esperanza, llevando a cabo una vida normal, no muy diferente a los del resto de los españoles de esa época. Su estilo y calidad de vida no fue un motivo para abandonar España.  

Ganador en el campeonato de lucha grecorromana. Barcelona (España), c. 1955

Ganador en el campeonato de lucha grecorromana. Barcelona (España), c. 1955

A diferencia de los actuales motivos migratorios de sus hijos, Joaquín contrasta con las razones que lo empujaron a dejar su país natal junto a su madre en 1956.

—Yo trabajaba de grabador de metales y mi vida transcurría normal. No tenía ninguna inquietud de venirme para acá a hacer plata ni nada de eso, esa no era mi motivación.

De una dictadura a otra dictadura: salió de la de Franco para llegar a la de Pérez Jiménez y así establecerse en una Venezuela rica y vanguardista.

—Yo viví la Venezuela de 1956, tenía 17 años cuando llegué. Cumplí el mismo día que llegamos. Viví esa Venezuela, si no, no podría imaginar como era. Claro, no había escuelas de cine, no había nada, pero había esa cosa alegre de la gente, esa parte dicharachera que se ha ido perdiendo con el tiempo.

III

Pesca en el llano durante la filmación de  Caballo Salvaje  | Foto: Igor Barreto

Pesca en el llano durante la filmación de Caballo Salvaje | Foto: Igor Barreto

Mientras camina al lugar de la entrevista, Joaquín Cortés cumple su labor de abuelo y padre. Aconseja a su nieta, de 10 años de edad,  sobre qué podría estudiar en unos cuantos años: “Cuando tú estudies todo será diferente, Sofía”, le dice. Llega a un asiento improvisado bajo el sol y se acomoda. Mira la cámara fijamente como queriendo descifrarla e imagina lo que pudo haber hecho hace muchos años con los avances tecnológicos que existen actualmente. “Imagínate, la misma cámara para tomar fotos y grabar”.

—Es magnífico que todo el mundo pueda usar una cámara, pero de ahí a ser documentalista hay una diferencia. Es bueno que la tecnología se haga accesible. Una de las cosas que me ha dolido más es tener la edad que tengo y no poder participar en lo que pasa en Venezuela. Ya no tengo físicamente la oportunidad de moverme; de poder hacerlo, yo estuviera registrando el momento de la Venezuela actual.

Aunque hubiese querido, él no podía imaginarse documentando las protestas antigubernamentales de 2017. En cambio, se resignó a admirar el trabajo de otros fotógrafos  que estuvieron en el momento correcto para grabar o tomar imágenes de la historia reciente del país. Está satisfecho con los materiales que, desde una perspectiva periodística, muestran la realidad de Venezuela y que, en un futuro, permitirán la elaboración de trabajos documentales. Pero tiene una opinión distinta del cine documental actual en Venezuela: “Creo que los cineastas están silenciados, creo que se autosilencian. Pero el material existe y eso es lo importante. Yo soy optimista”.

Aviso de  Caballo Salvaje  para el Festival de Cannes

Aviso de Caballo Salvaje para el Festival de Cannes

Un grupo de niños que juega  interrumpe la toma durante la entrevista y Joaquín aprovecha la pausa para hablar sobre su estilo de hacer cine. Aclara que, ante todo, lo primordial al momento de trabajar es la sinceridad; la sinceridad del director consigo mismo y con los personajes.

—No hay que tratar de dárselas de vivo. Se va a notar. Yo siempre he dicho que las películas y las fotografías son como la gente que las hace. Cualquiera puede darse cuenta de cómo es un realizador porque su reflejo interior quedará plasmado en la película.

Como con El Domador [1978], con quien prácticamente dejó que el personaje principal, Enrique Altahona, cumpliera con su día a día y solo se limitó a grabarlo en su vida cotidiana. “La película la vas a hacer tú, no yo. Tú vas a hacer las cosas y yo te voy a seguir”, le dijo a El Domador antes de iniciar las grabaciones. Así fue.

—No sé. Yo pienso que es el mejor personaje que he tenido. Cuando uno hace una película lo más difícil es conseguir al personaje: tardé un año para conseguir a Enrique. Yo no quería hacer El Domador con cualquier domador. Yo vi a domadores por toneladas y no me convencían. Al que yo buscaba era una figura como él. Empezamos a hablar y me di cuenta de que este era el personaje, ni siquiera necesité hacerle pruebas.

Joaquín Cortés con Enrique Altahona, El Domador | Foto: Jorge Beltrán

Joaquín Cortés con Enrique Altahona, El Domador | Foto: Jorge Beltrán

Este estilo improvisado Joaquín lo define como “cine de descubrimiento”, que consiste en hacer las películas a medida de que se va desarrollando, sin nada preconcebido. “Sin guion, pero no sin la idea”.

No se trata de trabajar sobre cualquier tema y dejarlo al libre albedrío, se debe tener conocimiento y algún concepto sobre la técnica y el lenguaje cinematográfico, previendo los recursos necesarios para el montaje. “No trato de imponer un criterio de como es el cine documental, lo que trato es dejar un espacio a esa otra oportunidad. Algunos colegas lo aplican de alguna forma sin saberlo”.

Así como El Domador, todos sus personajes son universales y se fundamentan en la simpleza que de cada uno de ellos. Los adornos innecesarios no se observan en la composición natural de Sorte (1977), ni en Minas de diamante (1979), ni en Mujeres de Oro (2012) y tampoco en Una gran ciudad (1973); este último tiene como protagonista el compendio multifacético de los transeúntes de Nueva York.

—Cuando la gente trata de hacer un personaje universal y lo desconecta de su medio para hacerlo más internacional, no funciona. Lo que sirve es que se muestre algo que usted no conoce y eso es lo que pasa con esos personajes. Yo he visto el El Domador con público de otros países y lo que les impresiona es que no es como ellos. Lo más internacional se convierte en lo más provincial.  

IV

Londres (1974) | Foto: Joaquín Cortés

Londres (1974) | Foto: Joaquín Cortés

l¿Cómo con una fotografía se puede decir tanto? No sé, pero Joaquín logró que las ironías se encuentren en una sola imagen y se confronten. Como captar el momento en el que un coche para bebés coincide frente a frente con un anciano en sillas de ruedas en una calle de Londres (1974). El inicio y el final de la vida resumida en ese instante que para cualquiera hubiese pasado desapercibido, pero en cambio, Joaquín supo lo que ocurría y se ubicó para perpetuar la escena bajo un encuadre perfecto.

“Tuve la idea equivocada de que no se podía hacer cine y fotografía al mismo tiempo. Siempre estuve equivocado; podía haber seguido tomando fotos y haciendo cine”. En las etapas de las vida en que Joaquín se dedicaba a la fotografía, evitaba mezclarse con el cine, pero ahora percibe la realidad desde otro punto de vista, aunque está convencido de cuál fue su mayor éxito en la vida. “La fotografía. Sin duda mi mayor éxito está en la fotografía. Por supuesto que el cine también ha sido muy gratificante. Tú ves una película y no es la misma impresión que te da una fotografía. El cine tienes que verlo en unas condiciones diferentes. La fotografía tú la ves y a lo mejor queda impresa en tu mente para el resto de tu vida. Son dos medios que trabajan en el espectador de forma distinta. Yo le doy mucho valor a la fotografía”.

Foto: Joaquín Cortés

Foto: Joaquín Cortés

Por ese valor es que lamenta que en Venezuela no haya una institución dedicada a destinar recursos para proyectos fotográficos, a diferencia del cine al que sí le otorgan presupuestos para financiar películas.

Foto: Joaquín Cortés

Foto: Joaquín Cortés

—Hay una falla muy grande. Tu tienes ideas para una película, vas al Centro Nacional de Cinematografía y te dan dinero para la película, pero en fotografía no. Hoy en día, más que nunca, ir a un sitio a hacer un trabajo fotográfico cuesta dinero. No hay un respeto hacia la fotografía, no lo hay por parte de quienes tienen que tomar esas decisiones. En Venezuela hay muy buenos fotógrafos, pero están muy desprotegidos y eso me parece injusto.

V

Foto: Joaquín Cortés

Foto: Joaquín Cortés

No le importa si sus libros se publican o no. Se conforma con crear el mundo infinito que ofrece la escritura, pues, el ejercicio de inventar partiendo de la nada es algo que le fascina. Solo se deja llevar gradualmente hasta que la historia nazca, tan espontánea como los ciclos de la naturaleza.

—La fotografía es diferente a la literatura: tú puedes pensar en algo y luego lo transformas, lo escribes y empiezas a reescribir. Ese proceso te lleva a quién sabe dónde. En cambio la fotografía es un “click” y ahí está todo.

Se acerca el final de la conversación y el Joaquín actual deja de hablar en retrospectiva, sobre ese pasado en el que era cineasta y fotógrafo. Se da cuenta de que lo que hace actualmente nada tiene que ver con lo que hizo siempre. El proceso es distinto. Ya tiene escrito un libro de cuentos y está redactando su primera novela.

Foto: Joaquín Cortés

Foto: Joaquín Cortés

—Puedes hacer un gran libro con un lápiz y un papel. Por eso cuando me dice la gente: “Mira, me acabo de comprar la cámara no sé cuánto”, ¿con eso crees que vas a hacer lo que no has hecho hasta ahora?. Entonces comprate un lápiz y un papel y escribe El Quijote, Doña Bárbara. No hay nada más sencillo que escribir… Mi novela empieza en una Venezuela deshinibida, poderosa y con recursos. Termina en la situación en que estamos ahora. Es a través de ese personaje principal es que vamos a vivir todo eso. En ese protagonista hay una mezcla de varias personalidades.

¿Con qué palabras iniciará la obra literaria de Joaquín Cortés? No sé sabrá, si no dentro de algún tiempo. Lo que se sabe es que evocará el pasado de la Venezuela bonita que recibió a Joaquín y que con su imaginación volverá a una época donde sus personajes padecerán sus dramas individuales, mientras que paralelamente, en algún lugar de ese tiempo, el joven Joaquín Cortés explora y descubre poco a poco su pasión por el cine y la fotografía, hasta convertirse en uno de los más grandes artistas creadores de Venezuela.  

Joaquín Cortés con su madre Carmen Peteiro. Barcelona (España), 1940.

Joaquín Cortés con su madre Carmen Peteiro. Barcelona (España), 1940.


Fotografías cortesía de:

  • LACSzz

  • Joaquín Cortés, Cuadernos Cineastas Venezolanos (2010)

  • Maestros de la Fotografía en Venezuela (2014)


Javier Cedeño Cáceres*

Periodista, cronista. Editor de la revista digital 4Dromedarios. Premio “Periodista Digital del año 2018“ (El Nacional).


Jacqueline Goldberg: “La literatura siempre ha sido tiempo robado al tiempo”

Jacqueline Goldberg (2018) | Foto: William Dumont (El Nacional)

Jacqueline Goldberg (2018) | Foto: William Dumont (El Nacional)

Keyla Brando | Venezuela

La escritora lleva en su maleta la película Reverón, su amigo Luigi Sciamanna le consiguió el disco bluray con subtítulos en inglés. Escogió esta cinta para presentarla en el cine foro que debe organizar como parte de su residencia de otoño en la Universidad de Iowa. Jacqueline Goldberg deja para sus lectores en Venezuela El cuarto de los temblores, un profuso trabajo sobre el temblor, condición que padece desde muy pequeña.    

 ¿Cuándo empezó el proceso de escritura del libro?

 No tengo una fecha exacta, pero calculo que en 2012. Este libro es un colash de mis investigaciones y anotaciones sobre el temblor. Ahora bien, hace cuatro años me senté a darle forma, sin saber muy bien hacia dónde estaba dirigido. Al principio pretendía hacer una narración hilada, pero después me di cuenta de que contaba con muchos fragmentos.

 ¿Por qué la demora en publicarlo? ¿Las editoriales o una decisión propia?

 Fue decisión propia. Lo retuve por dos años antes de entregarlo a la editorial. Siempre me sentaba a corregirlo. Hasta el último momento, ya en la imprenta, agregué unas tildes que faltaban. Tengo que recalcar la labor editorial de Carsten Totdmann. Desde el primer momento se apropió del proyecto. Su intención era que el libro temblara, por eso el diseño: alineado a la izquierda, sin justificar, con bastante aire, sin sangría. Detrás de cada página hay mucha dedicación y cariño. Otro editor sin duda me hubiese dicho: “Ya, basta de correcciones”. Pero él siempre estuvo atento a mis observaciones.  

 Estamos ante un testimonio, una confesión de vida, que ahora lo comparte con sus lectores. ¿Cómo se siente una vez que ha publicado el libro? ¿se quitó un peso de encima?

 Alguien me dijo que cuando escribiera sobre el temblor iba a dejar de temblar. Era un juego, por supuesto, no esperaba que eso sucediera. Me asustaba el hecho de que mi mamá lo leyera, pero ya lo hizo. Anteayer me llamó y compartió sus apreciaciones: “Es una joya. De tus libros, es el que más me gusta”. ¡Eso sí fue quitarme un peso de encima! Estoy contenta de haberlo escrito y decir lo que quería sobre el tema. Ahora bien, siento que no quiero seguir hablando sobre ello por un rato.

 En el libro presenta una profusa investigación sobre el temblor, desde la medicina hasta la literatura. ¿El temblor ha sido un Leitmotiv? ¿Hay una búsqueda consciente de estos legajos o se tropieza con ellos en su cotidianidad?

 Esos legajos los empecé a buscar especialmente para el libro. No han estado presente durante toda mi vida. En mis poemas hablo muy poco sobre el temblor, pero debo confesar que después se convirtió en una obsesión. Hasta los amigos que sabían sobre el proyecto me escribían para decirme que habían encontrado alguna imagen en un determinado libro. Ahora bien, mi atención no estaba enfocada exclusivamente en el temblor porque en paralelo continuaba con mi trabajo.  

 Es difícil encajar el libro dentro de un género. Hay poesía, ensayo, autobiografía. Se podría decir entonces que es transgenérico o como dices “des-generado”. ¿Podrías ahondar en esta idea?

 Los géneros son formas de dar forma a la voz. Me siento muy cómoda utilizando varios géneros porque así puedo expresar todo lo que siento. Evito encasillarme. Ni las editoriales ni las librerías son muy fanáticas de esta idea porque después no saben en qué estante poner el libro, pero ese no es mi problema. Los mismos tiempos imponen nuevas modalidades: mientras lees, te suena el celular, luego vas a la cocina y apagas la hornilla. No estoy descubriendo el agua tibia. La aproximación al conocimiento es fragmentaria. Nuestra vida está hipervinculada, por lo que es normal que se plasme en la literatura.

 ¿Cuál es la relación entre la fe y el temblor?

 La religión está presente en el libro meramente por un dato antropológico. Cómo obviar el hecho de que exista un santo de los temblores. Es la belleza que hay en esos elementos. Mi relación con la fe es un tema largo, pero te puedo decir que no la he buscado para que me dé alguna respuesta sobre mi temblor. En mi niñez me llevaron a una bruja, una tradición bastante maracucha, para buscar alguna explicación. La ciencia sigue sin decir nada.

 ¿Cambiaría algo si supieras la causa de tu temblor?

 Ciertamente nada va a cambiar porque mi condición no empeorará. Pero quiero dejar constancia de mis temblores para mi hijo, mis sobrinos y mis futuros nietos. Quizás más adelante salgan a la luz nuevas investigaciones sobre el tema.

 El temblor y la escritura… ¿Son dolorosos?

 La escritura duele porque expones tus penas y el temblor lo empeora porque hace que me duela la mano. No puedo tomar apuntes o contestar exámenes. Debo descansar constantemente.

 ¿El temblor es una discapacidad?

 Prefiero llamarlo una condición, pero puede ser perfectamente entendido como una discapacidad.

 El temblor forma parte de su vida. ¿Lo ha naturalizado y aceptado como suyo?

 No me queda de otra.

 ¿Qué padece peor: el temblor o la situación del país?

 La situación del país es un gran temblor que derrama todos los días copas y vasos. Que hace que uno se clave el tenedor y el cuchillo.

 ¿El país ha incrementado sus temblores?

 Sé que he temblado de rabia. Mis manos son como un sismógrafo. No puedo disimular: si me pasa algo, tiemblo. La intensidad depende del contexto.

 En todas sus lecturas sobre el tema, ¿ha encontrado alguna diferencia entre la mujer que tiembla y el hombre que tiembla?

 No creo. Sin embargo, en Facebook compartí un estado en el que preguntaba por los temblores y solo las mujeres respondieron. Eso me parece muy curioso.

 Todo lo que tiembla está vivo, ¿el temblor le recuerda que está viva?

 ¡Claro! Más bien los momentos en los que he dejado de temblar me causan más asombro.

 ¿Qué se siente haber recibido la residencia de otoño del Programa Internacional de Escritura de la Universidad de Iowa? ¿Buscaba una oportunidad así?

 Es un sueño. Esta es una de las residencias más completas y prestigiosas del mundo para los escritores. Hace algunos años hubo una posibilidad de postularme, pero decidí no hacerlo porque me hijo estaba muy pequeño y tenía un empleo fijo. Ahora trabajo por mi cuenta, ya mi hijo está grande y decidí intentarlo. Estoy contenta y asustada a la vez.

 ¿Por qué asustada?

 Porque son casi tres meses fuera de mi casa y jamás he estado tanto tiempo completamente dedicada a reflexionar sobre la literatura, quizás porque me inclino hacia la poesía. Un poema lo cierras y puedes volver luego a él. Siempre he tenido que compartir mi tiempo entre la escritura y la cotidianidad (el trabajo, los estudios, la maternidad). La literatura siempre ha sido tiempo robado al tiempo.

 La beca la va a alejar del país por un rato. ¿Lo ve como una oportunidad de oxigenarse para regresar?

 Dudo que me desconecte del país. Mi familia queda aquí. Simplemente lo voy a ver desde una ventana distinta. Yo misma estoy muy curiosa de esa experiencia. Qué sentiré al volver.

 

¿Cuál siente que debe ser el papel del escritor en tiempos tan oscuros como los que transita el país?

Seguir dando cuenta de lo que vivimos y lo que sentimos. En algún momento eso servirá para otros. Los historiadores y los periodistas hablan sobre lo que acontece; los escritores plasman las reacciones más humanas.

El temblor es…

No tengo más nada que decir sobre el temblor. Todo está en el libro.

Sobre la autora:

Venezolana con ocho apellidos polacos 

Su familia es polaca, se crió en Maracaibo y hace 27 años que vive en Caracas. Estudió Letras en la Universidad del Zulia, pero primero incursionó en Economía. Ahora comenta que debió haber cursado Comunicación Social porque su vida profesional se ha desarrollado en gran parte en periódicos y revistas. Es doctora en Ciencias Sociales y nunca ha dado clases. La academia responde a un interés intelectual. También es editora y apasionada por la gastronomía. Su poemario Limones en almíbar recibió la mención especial del jurado del Premio Tenedor de Oro 2015 a la Publicación Gastronómica. En 2012 ganó la décimo segunda edición del Premio Transgenérico de la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana con su libro Las horas claras y en agosto de este año viajará a Estados Unidos para la residencia de otoño del Programa Internacional de Escritura de la Universidad de Iowa. En esta oportunidad pasó algo inédito: irán dos venezolanos, la escritora y Roberto Echeto.


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La entrevista fue publicada originalmente en El Nacional. La presente es una versión aumentada para la revista 4Dromedarios

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