Letra Cautiva

Purgatorio

Foto:  @ACcinema

Foto: @ACcinema

Ezequiel Borges | Caracas (Venezuela)

Me llamo Anna,
Anna Ajmátova
y soy una mujer
que escucha los pasos
de los soldados
acercarse,
de los comisarios
vestidos de cuero barato,
cubiertos de insignias rojas
que, en realidad,
no valen nada,
soy una mujer
que sabe
que mañana
no tendré ni un marido
ni un hijo
y que nadie dará un rublo
por mí.

Soy una mujer
perdida
a las orillas de un río
que no quise soñar
y que no puedo olvidar.

No es necesario que me digan
que voy a sufrir
por ser quien soy,
sé perfectamente
lo que me espera mañana
o quizás fue ayer
que se llevaron
lo único que me quedaba.

Estoy sola,
verdaderamente sola,
y, sin embargo,
¿dónde están mis compañeras
de azar en este mundo?

Este río

es lo único que me queda,
lo único que me queda
es una moneda
para comprar
un pedazo de pan,
una última lágrima,
pero antes de terminar
en la borrasca siberiana
con el círculo lunar
sobre mi cabeza,
le preguntaré a mi madre:
"¿has sido tú la que le dictó a Dante 
las páginas sobre el infierno?",
y yo misma responderé
por mi madre,
que sí,
que fui yo aquella
la que se que escapó del infierno
a punta de palabras.


Ezequiel Borges

Poeta venezolano*


Refugio

Foto: Abraham Tovar

Foto: Abraham Tovar

Alejandra Hoffman | Venezuela

¿Alguna vez has ido a un centro de acogida?

Ese lugar al que recurres

cuando necesitas refugio.


Así es como pasas por mi vida:

solo cuando 

ella 

no

te es

suficiente. 


Y luego estoy yo:

que te dejo entrar

una y otra vez.

Que te atiendo en las tormentas

y te bajo la fiebre

para que dentro de unas semanas

regreses con la misma enfermedad.


Mujeres venezolanas

Foto: Abraham Tovar | @ abraham95o

Foto: Abraham Tovar | @abraham95o

Ezequiel Borges | Caracas (Venezuela)

…para Nidia Hernández


La última luna,

la luna que queda

en el horizonte,

es tuya,

mujer venezolana,

nunca te temeré

porque tuve una madre

y era buena.

Tú,

Susana Duijm,

de niño yo te amaba

en las estampillas,

tú, Teresa de la Parra,

aristócrata

y escritora de ocasión,

eso dicen,

¿quiénes seríamos si no nos

hubieras contado la Caracas de los años veinte?

Tú, Teresa Carreño,

Gertrudis, María Teresa,

que en el otoño de 1863

tocaste tu piano

para el viejo guerrero

Abraham Lincoln

en la Casa Blanca,

tú, Ana Enriqueta Terán,

que decías:

"algo de mí que besa a quien no besa",

tú Morella Muñoz que fuiste mi madrina y yo,

yo no lo sabía

hasta que fue tarde

para devolverte el beso,

tú Sofía Imber,

que nos cuidaste a mí

y a mi padre

y que nunca te podremos devolver

el amor,

tú Luisa Cáceres de Arismendi

que tuviste doce hijos

y todos se los entregaste a la causa

de la libertad,

tú Yulimar Rojas que puedes

saltar tres veces

sin que te agarre la dictadura,

tú,

mujer venezolana

-de todos los tiempos-,

al amparo de quien

he crecido maltrecho pero hombre,

debes saber

que en este día incierto

me recuerdas

a mi madre valiente.


Ezequiel Borges

Poeta venezolano*


Las ruinas del cielo

Foto: AC

Foto: AC

Lino Zabala | Río Grande del Sur (Brasil)

I

Tenue

es otra vez la luz del sol difunto

y tenue el agua que busca

la cidrera soñolienta

entre los surcos.

Tenuemente

su lento andar de sublime

aventurera, se hará menos tenue

y más impresionista

y menos sublime

y más conquistadora

y arrasará sublimemente

de raíz las almas

del pueblo náufrago y sin rumbo

que rema tenue

y como puede

entre las ruinas

y  entre el sol difunto.

II

Cómo es posible que no quieran

o puedan hacer nada,

cómo es posible

que la ira o la rabia se soslayen

en sus caras y en sus ojos,

que sus manos no se curven

a levantar las migajas

o al menos una rama,

que no tiemblen como tú

al ver las nubes caer,

que no sientan lástima o rigor

al caminar sobre las ruinas del cielo,

o tristeza y coraje

al verte levantar los escombros

y armar lentamente el anti-cielo,

de las sobras; sin soles de mal brillo

sin nubes de pobreza, sin pájaros

cantando a la desdicha, sin sequías,

sin antagonismos

sin batallas desmedidas por petróleo o por amor,

-y evidentemente-

sin mi voz.

III

Este techo podrido se cae sobre mí

como un cielo desgastado,

y cubre por completo mi infortunio y mi placer.

Sin embargo…

En un piscar de ojos, el piso y también yo

estaremos limpios de añoranzas

y será tan fácil tapar las goteras del cielo,

que el aire árido se hará brisa cálida,

y dejaré de temerle a la cruel verdad

y a sus farsas institucionales,

y caminaré con los pies y el alma descalzos

y sentiré coraje al pisar los escombros,

porque en un piscar de ojos,

escondida entre las sombras

bajo el apagón y la sequía

hallaré el relámpago y la nube de lluvia

que buscaba.


LINO ZABALA

*Escritor venezolano radicado en Brasil


El amor es una palabra

Foto: Luis Abraham Suárez Castillo

Foto: Luis Abraham Suárez Castillo

Ezequiel Borges | Caracas (Venezuela)

El amor es una palabra
que no significa nada
sino haces nada por ella.

El amor es una palabra,
nada más y nada menos,
que no significa nada
si no peleas por ella,
por una simple palabra.

Caerán cometas
desde el cielo,
y los hombres
y las mujeres
los observarán 
con sus tubos
de cristal,
pero al amor
no lo podrán ver.

No es la luna,
no son las luciérnagas
lo que debes ver
esta noche,
sino a ti mismo
soñando
un amor
u otro.

¿Quién te quitó el amor?

El amor
es una palabra
que uno debe
seguir
algunas veces.

No siempre.

¿Quién te la quitó?

Si fuiste tú mismo el que te quitó
la palabra amor,
deberías reconocerlo
y seguir caminando,
como un hombre
que ha perdido algo
y no sabe muy bien
qué ha perdido.

Si no has perdido
nada,
el amor regresará
a ti.


Ezequiel Borges

Poeta venezolano*