Voces

Criss Rodríguez, autora de Soltería feliz: "Todos tenemos una historia para contar y que puede ayudar a otros”

Criss Rodríguez Urbina | Foto: Víctor Vivas

Criss Rodríguez Urbina | Foto: Víctor Vivas

Por Daniela León | Caracas

Criss Rodríguez Urbina es una venezolana, oriunda del estado Falcón, que desde Chile puso su grano de arena desde la literatura, la música y los negocios para dejar a sus compatriotas en alto. Hoy ese aporte se ve reflejado en su primer libro: Soltería feliz, un texto que ella describe como una serie de herramientas para aceptar la soltería como un estilo de vida. 

Aunque Rodríguez es ingeniera química, egresada de la Universidad del Zulia, encontró en las redes sociales y en la escritura un espacio en el que podía sanar y a la vez ayudar a quienes se sienten agobiados por las críticas sociales que giran en torno a estar soltero. 

“En mis redes sociales enseño a otras mujeres que se puede vivir de otra forma y el libro se trata de tomar las bondades de la soltería como modelo de vida, sin preocuparte porque no has cumplido con la sociedad o porque no te has casado”, agrega Rodríguez.

Libro.jpg

La selección de los consejos para el texto no fue al azar, pues Criss ya había utilizado  estas herramientas en su vida personal. Hace un poco más de dos años ella afrontó una ruptura sentimental cuando creía estar segura de poder conseguir el tan “anhelado” matrimonio. “En ese momento busqué una oportunidad de mejora, ya que sufrí muchísimo al no encajar en ese patrón social porque no me había casado y, bueno, con un corazón roto muchas susceptibilidades se abren y me puse a indagar por qué me estaba pasando eso y cómo iba a ser feliz realmente”.

La autora de Soltería Feliz cree en que cada persona tiene un propósito distinto, por lo que definitivamente “no todos estamos diseñados para llevar el mismo estilo de vida”. Rodríguez también invierte su tiempo en el mundo de la música, es flautista y miembro directivo de la Fundación Música para la Integración, dedicada a rescatar a músicos migrantes. También es miembro de la orquesta Flautas y ILLAWARA del departamento de Música de la Universidad de Chile y,  por si fuera poco, se desempeña como gerente de contratos de una transnacional en Santiago de Chile.

La nueva actividad que ocupa su tiempo actualmente es la promoción del libro, que fue bautizado el pasado 2 de junio y calificado como Best Seller gratuito en Amazon. 

“En lo que resta del año está planteado hacer todo lo posible para que este libro llegue a muchas más personas. Han salido propuestas maravillosas después de escribir este libro y también está planteada una segunda parte. El tema me apasiona mucho y quiero que las personas solteras se sientan reconectadas con su esencia”. 


El proceso de creación del libro fue uno de los cambios más significativos en la vida de Criss, asegura que la hizo crecer, ser enfocada y mucho más disciplinada. “El libro te lleva a poner en papel todas las experiencias que ayuden a otros que pasen por lo mismo que tú y yo no sabía lo poderoso que es un libro porque se vuelve una herramienta que puedes consultar en cualquier momento”.


El objetivo actual de esta nueva escritora es seguir acumulando aprendizajes y compartirlos para continuar rompiendo los paradigmas sociales. Considera que vivir el proceso de hacer un libro es gratificante y valioso para obtener el resultado que llega a los lectores y los acompaña en grandes momentos de sus vidas. “Todos tenemos una historia para contar y que puede ayudar a otros”. 


Daniela León

Licenciada en Comunicación Social, egresada de la Universidad Católica Santa Rosa en Caracas, Venezuela. Su carrera se ha desarrollado en los medios de comunicación digitales como la página web de El Nacional y en la investigación para documentales. Además realiza reportajes para diversos medios.


Laurence Debray: Yo no condeno a mis padres

Foto: Efe

Foto: Efe

Isaac González Mendoza* | Caracas (Venezuela)


Del 17 al 23 de junio Laurence Debray estuvo en Venezuela por segunda vez en el año para participar en la Semana de Francia, en la que presentó la edición venezolana de su libro Hija de revolucionarios (editorial Curiara, 2019), una narración histórica en la que deconstruye la relación personal y la vida de sus padres, el filósofo francés Régis Debray y la antropóloga venezolana Elizabeth Burgo, íconos del compromiso intelectual-revolucionario de la década de 1960. 

En febrero vino luego de 10 años de ausencia para entrevistar al presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó. 

Cuatro meses después, notó una Caracas más cambiada. “Se nota que está cayéndose a pedazos. Es un poco triste ver eso en una ciudad que podía ser y que ha sido importante, nueva y eficaz”, dice la historiadora, periodista y documentalista franco-venezolana ya desde París, donde sigue trabajando en un documental sobre Venezuela para el canal franco-alemán ARTE que debe entregar en octubre. 

Sin embargo, quedó marcada por la resistencia cultural e intelectual que se ha forjado en el país. Entre lo que vio destaca la exposición Vivir a pedazos de la escultora Diana Carvallo y el encuentro Noche de ideas que se realizó en la sede del Impact Hub, en Los Palos Grandes, bajo la moderación el poeta Willy Mckey y el humorista el profesor Briceño. “Me di cuenta de que el régimen no se esperaba esa chispa venezolana ni esa resistencia cultural, artística, intelectual. A pesar de todo hay mucho dinamismo. La gente aguanta, son luchadores. Creo que los venezolanos están aprendiendo mucho gracias a la crisis. No todo es malo. Hay que ver el lado bueno. Creo que están adquiriendo una cierta madurez social y política, lo cual es importante para el futuro”. 

El 20 de junio presentó Hija de revolucionarios en la Alianza Francesa, donde estuvo acompañada por la historiadora Inés Quintero y el periodista Alonso Moleiro. Recuerda que ese día se emocionó porque no esperaba que fuera tanta gente, tomando en cuenta los problemas de transporte de Caracas y la amenazante lluvia. “Me emocionó ver a mi familia reunida en el acto, a Argenis Martínez, que fue mi jefe en El Nacional. En fin. Mucha gente reunida y compartiendo ese momento conmigo”. 

Su corta estadía no solo le sirvió para participar en la Semana de Francia. También pudo ver a sus primas, al embajador de Francia en Venezuela, Romain Nadal, y al maestro Jacobo Borges, a quien entrevistó para su documental, así como subir el Ávila y caminar en el Parque del Este, actividades que le encanta hacer: “El Ávila para mí es una potencia casi sagrada. Son momentos apartados de lo cotidiano que te dan mucha fuerza, te llenan física y espiritualmente”. 

La idea de escribir Hija de revolucionarios surge luego de que en España, cuando Laurence presentaba su primer libro, Juan Carlos de España: la biografía más actual del rey, un periodista le preguntó si ella era la hija de quien delató al Che Guevara. Entonces surgieron preguntas que la autora  escribió en el libro: “¿Cómo es posible que mis padres aprobaran un proyecto político como aquel, fundado sobre la represión, la exclusión y el poder absoluto? ¿Cómo pudieron pensar que una economía establecida por funcionarios podía ser viable? ¿Pueden justificarse, en nombre de la emancipación y la igualdad, todas las decisiones erráticas?”. 

El resultado -explica- fue un diálogo entre la generación actual, que no ha vivido el compromiso político como en aquella época, y la de sus padres, que entregaron sus vidas a aquel proyecto. Ambos, señala Debray, están disgustados por la publicación. Y es que Régis tampoco se esperaba que tendría tanto éxito, así que no prohibió la impresión. Ha pasado lo contrario: el año pasado, Hija de revolucionarios recibió en Francia el Premio del Libro Político, el Premio de los Estudiantes y el Premio de los Diputados. 

—Luego de más de un año de la aparición y el éxito de Hija de revolucionarios, ¿qué piensa ahora del libro? ¿Le cambiaría algo?

—No, no le cambiaría nada. Hay una nueva publicación en francés en Debolsillo y revisé cosas que los lectores me mandaron. Me permitieron completar y hacer correcciones. Pero si no no hubiera cambiado nada. La única cosa es que luego de viajar por América Latina te das cuenta de que lo leen de manera diferente. Cada público lo percibe de manera distinta. Por ejemplo, en muchos países, como México o Argentina, lo vieron como un libro muy feminista, de lo que yo no me había percatado porque en Francia hay feminismo pero la lucha está muy avanzada en comparación con estos dos países. Entonces no me daba cuenta. Aprendo mucho al confrontarme con otras lecturas. Para mí es muy enriquecedor. Ellos lo vieron feminista porque hablo de que mujeres, como mi madre o mi abuela, tienen destinos políticos importantes. No viven bajo la sumisión de los hombres. Al contrario, son muy emprendedoras. 

—En el libro no solo habla de usted como la hija de unos revolucionarios, sino de una generación de intelectuales destacados que quisieron entregarse a esa ideología. 

—Creo que es un diálogo generacional entre mi generación, que no ha vivido el compromiso político así, de manera tan radical, y mis padres, que sí se metieron en un compromiso político durante toda su vida, incluso su familia estuvo sujeta a la política, a la ideología. Estoy como cuestionando y trato de desmitificar todo ese proceso. 

—¿Por qué cree que en la actualidad los intelectuales no se caracterizan por comprometerse políticamente?

—Es que el compromiso gasta mucho, gasta una vida, energía. Creo que mis padres no tuvieron juventud al final. Pero también mira a la generación de mis padres: mi padre fue el único francés revolucionario de verdad. El caso de él no fue hablar en los cafés sobre la revolución. Era ir y combatir y entregar su vida y energía a eso. Sus compañeros, en cambio, hicieron el mayo 68, que duró tres semanas, y se quedaron en el Barrio Latino y luego se fueron todos a la playa. Tampoco había tantos. 

También quiero subrayar que yo admiro mucho a esa generación por su entrega. Eran gente con mucha ética. Lo que quiero decir es que no hicieron todo eso por dinero. También cuestiono el hecho de tener que pasar por la violencia, si de verdad esas ideas eran buenas, por qué no preguntaron a Fidel Castro por qué había presos políticos, por qué había pena de muerte. Yo cuestiono eso. Pero con cierta admiración. 

En mi caso, no haría nada de eso. No me metería en una guerrilla con las armas a aguantar no sé cuántos días y comer, no sé, oso… yo ni loca. Me quedaría en mi casa. 

Me parece importante subrayar lo que se vive hoy en Venezuela. No quiero que el régimen de Maduro destiña lo que ellos hicieron, porque lo que están haciendo es negocio. 

—Y de hecho lo hacen. Aún incluyen en sus discursos a figuras de aquella época.

—Exacto. Entonces también hay que mostrar que Venezuela se quedó paralizada en el pasado, en una cosa que ya no suena, porque estamos en el siglo XXI hablando de inteligencia artificial, de robots. Sabes: ya el futuro es este. Además que Venezuela siempre comercializó con Estados Unidos y fue muy americanizada.

—¿Cuál sería el papel del intelectual en este momento entonces? 

—Resistir. Poner palabras sobre los dolores, conceptos sobre lo que viven los venezolanos. Por ejemplo, Diana Carvallo con su escultura hace lo mismo que un escritor con las palabras. Todo el mundo tiene pequeñas armas para resistir la cotidianidad. Porque en Venezuela hoy la cotidianidad es sobrevivir. Todo lo que no es sobrevivir es importante para el alma y el espíritu, para aguantar. 

—En una oportunidad dijo que no se considera escritora, sino que hace varias cosas, como el documental sobre Venezuela. 

—Yo veo que hoy los jóvenes hacen de todo, incluso la gente que trabaja en empresas o que montan su propia empresa. Yo soy madre, esposa, escritora, autora de documentales. Antes estaba en finanzas. Mañana no sé, en lo que me interese. Quién sabe. Todo está abierto. Uno crea su camino caminando, como dice Antonio Machado. Creo que hoy en día no hay que ponerse barreras o quedarse en una casilla. Eso no es así. El mundo actual te empuja a hacer cosas muy variadas. Algún día, no sé, abriré una pastelería porque me encantan los pasteles, quién sabe. No hay que encerrarse en un papel. Porque como el mundo cambia, igual la interacción con el mundo tiene que cambiar también.

—¿Cómo es para una hija escribir sobre la vida de sus padres, que además son unos intelectuales tan destacados? ¿Sintió pudor o pena cuando escribía?

—Pena por mí (se ríe). Por ellos no. Yo creo que es una búsqueda muy íntima. Lo escribí porque ellos no me la contaron. Quizás sentí un poco de pudor porque tampoco quería… o sea el libro se hubiera vendido mucho más si hubiera hecho la lista infinita de todas las amantes de mi padre, por ejemplo. Pero no entré en eso porque no me interesaba. Yo necesitaba entender mi infancia con ellos y necesitaba entenderlos a ellos. Y la lista de amantes no me ayudaba a entender tanto las cosas. Entonces es como un trabajo de deconstrucción íntimo. Pero no me prohibí decir cosas. Incluso en un momento dado digo que la intimidad de ellos les pertenece a ellos. Solo ellos tienen la verdad.

—¿De alguna manera le ha acomplejado ser la hija de Régais Debray y Elizabeth Burgos?

—Mira yo siempre intenté escaparme de eso. Pero fue siempre bastante pesado y sigue siéndolo. También tuve suerte porque me abrieron a muchas amistades, como el caso de Jacobo Borges o Diana. Lo que pasa es que la gente te pone una etiqueta encima. Eso es lo más pesado. Y segundo: en realidad no quieren acceder a ti sino a tus padres por medio de ti. Así que uno tiene pocos amigos y se protege. 

—En uno de los capítulos más duros del libro habla sobre cómo se sintió traicionada cuando Régais Debray apoyó a Hugo Chávez a principios de siglo. Muchos lo hicieron en aquel momento pensando que era una nueva oportunidad para cambiar el país. ¿Cree que haber caído en esto fue un error colectivo?

—Yo creo que la élite fue muy cómplice de Chávez y fue la que puso a Chávez en el poder, eso es cierto. Tampoco hubo esa fuerza intelectual de resistencia que advirtiera. Lo que sí es que yo tenía una cuenta pendiente con mi padre porque él, conociendo el castrismo desde el interior, el caudillismo, con su militancia, cómo podía aceptarlo, cómo no alarmó. Él nunca aceptaría un Chávez en Francia. ¿Cómo lo podría aplaudir para Venezuela? 

—¿Si pudiera volver al pasado y cambiar las decisiones de sus padres, lo haría? ¿Cree que cometieron muchos errores? 

—Ay, no sé, no soy responsable de ellos (se ríe). Ellos pensaron ponerse del buen lado de la historia porque eran momentos muy complicados. Hay que saber que del lado opuesto los americanos también eran muy violentos. Estaba la Guerra de Vietnam, la segregación racial en Estados Unidos. Había muchas guerras de descolonización. Los 60 son años históricamente intensos y ellos pensaron ponerse del buen lado de la historia. Ahora es muy fácil juzgarlo porque ya sabemos cómo acabó todo. Pero en el momento pensaban hacerlo bien. Tampoco me puedo meter. Tampoco los quiero condenar. 

—¿A ellos les molestó el libro? 

—Sí, muchísimo. Están súper disgustados. 

—¿No lo leyeron antes de la publicación? 

—Sí, yo se los di antes. Claro. 

—¿Y le cambiaron algo? 

—Mi madre no. Ella me quiso explicar, me quiso justificar. Pero ella me dijo algo como que era una niña mimada que se queja. Mi padre sí me hizo quitar algunas cosas que le molestaban demasiado, como los detalles sobre la tortura que sufrió en la cárcel, lo cual entiendo. Muchos amigos murieron ahí. Entonces imagínate. Tiene mucho pudor sobre eso. Quité todo lo que me pidió y pensó que el libro no tendría éxito. 

—¿Y su relación con ellos ha cambiado luego de la publicación? 

—Yo nunca tuve una buena relación con ellos. Y cuando mi libro salió y tuvo tanto éxito, pues mi padre lo tomó muy mal. Porque la estrella es él, no yo. Con el tiempo se calmó. Para mí fue una buena terapia. Estoy feliz de haberlo escrito. Creo que para él, no sé, aguantó tantas cosas que esto es muy poco. 

—Hablando de otro tema, ¿cuál es su opinión sobre Juan Guaidó? 

—Mira, creo que le ha caído un peso muy duro encima. Pienso que ya son muchos meses de angustia, mucha responsabilidad. Lo vi cansado, incluso físicamente. Es que siempre el régimen trata de desgastar a los líderes de la oposición. Tiene una buena estrategia. Pero Guaidó, a pesar de todo, a lo mejor por su edad, su fuerza intelectual y su coherencia, aguanta más que los demás. Te puedo decir que es una persona muy recta, correcta, ética, entrega su persona al país y que trata de hacer lo mejor que puede. Pero es muy duro, es lo que los venezolanos a veces no entienden. Es una tarea inmensa. Y los otros de la oposición no se la hacen fácil. Es una vergüenza. O sea, deberían estar unidos, apoyándolo, ayudándolo, en vez de criticarlo y montar cosas y acusaciones. Después, cuando haya democracia, se arreglan los problemas. Pero por el momento que tengan un poco de madurez para que haya democracia. Creo que hay mucha presión, angustia y responsabilidad sobre un solo pobre hombre. Está rodeado de enemigos. Yo lo siento mucho por él. Me da mucha pena. Y es una persona que no tiene mucho ego. Los demás sí. 

—¿Qué está leyendo? 

—Estoy leyendo El general en su laberinto de Gabriel García Márquez. Estuve leyéndolo en Marruecos y estaba encantadísima. También Del buen salvaje al buen revolucionario, de Carlos Rangel. Su hijo me lo facilitó en francés, la versión original. Me parece un pensador que se ha olvidado en Venezuela. Deberían volver a leerlo. Es muy potente intelectualmente. 


* Texto publicado originalmente en El Nacional.com


Isaac González Mendoza*

Es periodista. Ha escrito para el diario El Nacional, textos suyos han aparecido en La Nación (Argentina), El Comercio (Perú) y El Tiempo (Colombia). Cofundador de la revista digital 4Dromedarios.






Juan Carlos Chirinos, ese obsesionado por los animales

Juan Carlos Chirinos.png

Isaac González Mendoza* | Caracas (Venezuela)

Ha pasado casi un año desde que Juan Carlos Chirinos estuvo en Venezuela para participar en la IV edición de la Feria Internacional del Libro de Margarita (Filcar), en la que estuvo acompañado por los escritores Juan Jesús Armas Marcelo y José Esteban.

Esta conversación en nada se parece a una entrevista, porque qué sentido tiene publicarla después de tanto tiempo. También aparece descontextualizada. En el país de hace un año reinaba la desesperanza. Hoy día nos escolta una euforia salpicada de raciocinio y practicidad.

Pero así queríamos que ocurriera, tal vez para aproximarnos un poco a Gemelas, la última novela del escritor trujillano nacido en 1967. Así como en esa historia un montón de exóticos animales irrumpen la rutina de los ciudadanos de Madrid, nos cae en la Caracas oscura y de ambiente tenso un inventor de relatos fantásticos o llenos de gatos traviesos.

La novela, publicada originalmente en Madrid en 2013 (Casa de cartón)  y en Venezuela en 2016 (El Estilete), es un “thriller ecológico”, como lo define el autor, en el que en la capital española aparecen repentinamente un montón de animales exóticos: okapis, koalas, perezosos, guacamayas, corocoras, canguros y hasta un león. El inspector Agustín Bermejo junto a su compañero, Benjamín Cruz, se encargan de resolver el extraño caso, que además se ve desviado luego del suicidio de Susana, una bella mujer que esconde en un bolsillo un mensaje encriptado dirigido a Cristina, su pareja y personaje central de la trama.

Pero Chirinos ha aclarado que aunque se trata de un thriller ecológico, Gemelas no fue escrita con rol ecologista. Más bien tiene que ver con una inclinación por los animales por parte del escritor, quien reside en España desde hace más de dos décadas. De hecho, el autor es un mirmecólogo frustrado, profesión con la que caracteriza a Cristina.

En el fondo, el escritor quería utilizar los animales como decorado para hablar acerca del mal. En este caso -señala- el mal se manifiesta en forma de animales exóticos, pues convierten a Madrid en una ciudad desagradable. “Esconde más bien una búsqueda existencial”, explicó durante un conversatorio realizado el año pasado en la desaparecida Librería Lugar Común de Altamira, que contó con los comentarios de los escritores Violeta Rojo y Carlos Sandoval.

Antes de aquel 28 de marzo, pudimos hablar con Chirinos en el hotel donde se alojó en Caracas después de su viaje a Margarita. En la isla compartió encuentros con José Balza y los mencionados Armas Marcelo y Esteban, ambos invitados internacionales de España.

En el hotel en Caracas, el valerano está acompañado por los autores españoles, todos exhaustos después de tantas charlas y presentaciones de libros. Pero, a pesar de eso, Chirinos se muestra con una energía admirable.

Le preguntamos primero por qué suele decir, en tono de broma, que el centro del mundo es Valera, su ciudad natal.

—El centro del mundo también podrían ser Choroní o Calabozo, ¿no?

—En Calabozo hace mucho calor para ser el centro del mundo. Ese sería el centro de la tierra. Por varias razones Valera lo es para mí. Primero, por echar broma y por molestar. La segunda y la tercera, que son más serias, son porque lo universal es lo local. Si soy de Valera y quiero escribir sobre una realidad urbana y me pongo a escribir sobre París o Londres sin haber vivido allí, estoy siendo un poco asocial. Si viví en Valera o Caracas y Salamanca, por qué no escribir sobre la ciudad donde viví. Para mí es el centro porque todo centro es el nuevo centro. Y en tercer lugar porque es una estrategia de respuesta, una reacción digamos, hacia eso que dicen que Nueva York o Londres son el centro del mundo. ¿Y por qué tienen que ser ellos? ¿Por qué no podemos ser nosotros? ¿Por qué el norte está arriba y el sur abajo?

Es una cuestión neoestratégica. Para mí el centro del mundo es Valera y no quiere decir que yo sea chovinista, localista o xenófobo. Si digo que el centro del mundo está en Valera es porque puede estar en cualquier lugar.

Pero en realidad está en Valera.

Dos acontecimientos empujaron a Chirinos a tener consciencia sobre la escritura. Primero fue la muerte de su abuelo en 1982. Aquella pérdida lo motivó a escribir cuentos. Siete años después, escribió en su casa de Valera un relato que le gustó mucho, y que le hizo entender que quería convertirse en escritor y que para eso se había estado preparando. “Vi que había posibilidad y que podía tener algo de talento”.

—Cómo consideras ha sido tu evolución como escritor desde el libro de cuentos Leerse los gatos hasta ahora

—Creo que el libro Leerse los gatos me ayudó a poner en papel varias posibilidades, varias opciones de escritura o varios discursos. Y creo que he ido desarrollándolos paralelamente: son temas históricos, sociales, policiales, fantásticos. A partir de allí creo que he podido desarrollar. Me siento satisfecho con lo que he logrado y emocionado con lo que voy a lograr.

Leerse los gatos fue el primer libro que publicó Juan Carlos Chirinos. Aparecido en la editorial Memorias de Altagracia, es una recopilación de 22 relatos de 40 escritos durante seis años. Entre ellos se cuentan “Agnus rey”, “Campanita”, “Catrusia” y, el último, “Leerse los gatos”.

—¿Crees en la musa?

—Eso de la musa es una estrategia publicitaria para hacer que la literatura parezca glamorosa. La inspiración no existe. La inspiración es sentarte a trabajar todos los días. Es un oficio como cualquier otro, como ser abogado o carpintero. Sentarte a trabajar hasta que caiga algo. La inspiración ya es cuando, después de una o dos horas de trabajo, descubres que vas a decir algo, y has llegado allí no por casualidad, sino porque has estado investigando y leyendo.

Lo que sí puede existir son las ideas: uno a veces va caminando por la calle y se le ocurre algo y lo anota. O a veces escucho frases en la calle que son buenísimas y pueden ser frases para comenzar un cuento. Pero eso es un detallito, un momentico. Todo lo demás es trabajo.

Alguien decía, no me acuerdo quién, que la escritura es 1% inspiración y 99% transpiración.

La vida de Chirinos en Caracas era dura. Los sueldos que ganaba por escribir reseñas u ofrecer talleres y cursos no le alcanzaban para pagar el alquiler o comprar comida. Primero estudió Artes en la UCV por cuatro semestres, pero las huelgas y los problemas económicos en su casa lo obligaron a devolverse a Valera. Pasó un año meditando qué hacer y optó por inscribirse en la Escuela de Letras de la UCAB, para terminar los cinco años de carrera y graduarse, y lo logró. Pero la capital seguía siendo invivible para él.

—Y entonces en un momento dije: o me voy a Valera a trabajar en la ULA o me voy para fuera. Lo primero que salga. Lo primero que salió fue el crédito de Ayacucho y me fui. Si no me hubiera ido a Valera a trabajar en la ULA para sobrevivir y al menos estaría en casa de mi mamá, donde había comida. Pero no, me fui a España.

—Cómo fue el cambio cuando llegaste a España

—En cuanto llegué a Salamanca el cambio fue radical, por la paz que te da tener tiempo para escribir y estudiar. Salamanca es una ciudad pequeña, como Mérida. Es manejable. Mi primera novela la escribí en Salamanca.

La personalidad de Juan Carlos es la de un tipo bonachón, que inventa chistes espontáneos de lo más mínimo. Es raro cuando detrás de algún comentario no hay alguna broma. Eso sí, siempre habla con franqueza al referirse a alguna crítica dentro de la literatura.

—Qué opinas de la escritura experimental

—Generalmente la experimentación está ligada a lo formal, a la forma que le das al texto. Ese tipo de experimentación formal, como poner los diálogos metidos dentro de la narración,  hacer que el texto sea redondo, poner espacios en blanco, todo lo que significa la formalidad, eso no es experimental, es más bien hacer el ocho. Los que hacen eso o son muy muchachos y no han leído literatura o son imbéciles. O son gente adulta que cree que está descubriendo el agua tibia.

Lo otro, la experimentación que tiene que ver con el contenido, eso lleva ya 50 años de trabajo. Porque descubrir de verdad lo que tú quieres decir te lleva años hacerlo. Te lleva toda la vida.

Yo le digo a mis alumnos: les apuesto una cena en el restaurante más caro de Madrid que nadie escribe un cuento que no esté escrito ya. Lo que no está escrito es cómo lo dice usted. Y por ese tiene que ponerse a trabajar, a investigar y a leer.

—¿Cómo te das cuenta de si escribes una novela o un cuento?

—Hay materia anecdótica que da para un cuento y otras que dan para una novela. Uno se da cuenta si puede alargar la historia. Es como esas piedras planas que uno lanza en el agua: las anécdotas son como esas piedras, unas llegan más lejos que otras.

—En tu caso dibujas una planificación, como una estrategia en un campo de fútbol o de béisbol, y comienzas a trabajar.

—Yo planifico mucho una novela. Escena por escena, capítulo por capítulo, diálogo por diálogo. Puedo llegar a lo mínimo, incluso a los personajes. Y así es cómo funciona todo. Yo creo que es como el ajedrez, que lo jugué mucho desde pequeño. En ese juego está todo. Pero lo difícil es todo lo demás, no mover las piezas, sino lo demás para poder jugar bien. Y entonces, cuando empiezo a escribir, ya me desordeno. Adonde sea que voy, me desordeno todo. Y a veces meto cosas que no estaban en la planificación. Y me vuelo la planificación porque me da la gana.

—¿Qué opinas sobre escribir la gran novela de la Venezuela chavista?

—Una novela sobre el chavismo, que están haciendo varias, algunas muy buenas, se escribieron ahora porque era la ocasión. Patria, de Aramburu, por ejemplo, es una novela que no me gusta nada, pero que apareció en un momento apropiado, oportuno, no oportunista. Y ha sido un best-seller increíble.

Pero como Patria se han escrito muchísimas novelas del País Vasco. Lo que pasa es que llegaron temprano, demasiado temprano, y no les hicieron caso. La gente va a pensar que la novela sobre el País Vasco era de Aramburu y no es así. Hay un montón de novelas sobre ese tema. Patria tuvo los suficientes lectores y promoción, además que llegó en un momento en que la gente quería leer sobre eso. Una vez que el Estado español derrotó a los criminales de ETA, entonces salió esta novela.

Por ejemplo, habían pasado casi 100 años después de la Guerra Civil de Estados Unidos, y Margaret Mitchell publicó Lo que el viento se llevó. Y la novela sobre la Guerra Civil de EE UU es Lo que el viento se llevó, es la que recuerda todo el mundo y la que todo el mundo lee. Al año le hicieron una película maravillosa.

Pero la novela es mejor, y además, Margaret Mitchell es más bonita que Vivien Leigh.

—¿Qué te dijo José Balza cuando, como escritor novel, le diste algunos de tus cuentos para que te dijera su opinión?

—Yo le escribí a él con mucha emoción, pero asustadísimo. Tenía 18 años. Y le entregué a José Balza, que era mi profesor, unas hojas de cuaderno con unos cuentos. Ya no recuerdo qué cuentos eran. Tampoco recuerdo si eran buenos, creo que no. A la semana siguiente, cuando me los devolvió, me dijo esto: ‘Son cuentos muy analíticos. Me gustan mucho, pero son muy analíticos’.

No me dijo más nada. Supongo que buscó algo bonito que decirme, que fuera alentador, que no me frustrara. Porque si se pone a decirme cosas malas me pego un tiro. Pero me dijo eso y me quedé contento.

La Venezuela de hoy es absolutamente diferente a la de hace un año, cuando se dio esta entrevista. Le preguntamos a Chirinos sobre cómo se sentía al regresar al país luego de cinco años sin venir.

—Me siento muy bien. No estoy eufórico, pero estoy contento. Estoy conmovido con muchas cosas. Por ejemplo, los dos españoles que vinieron conmigo, Juancho Armas Marcelo y Esteban, han sido tratados con mucha hospitalidad y cordialidad por todo el mundo en Margarita y Caracas, lo cual habla bien de nosotros.

Tenemos un espíritu hospitalario que no ha desaparecido. Yo sí veo caras preocupadas, caras obstinadas, gente que está harta de estar aquí. Pero no hemos perdido eso que es fundamental en el venezolano, la hospitalidad. Eso me tiene conmovido.

A nosotros nos toca recuperar el país. Tarde o temprano alguien tendrá que recoger lo que quede, aunque lo que quede esté en el suelo hay que recogerlo. Qué vamos a hacer.

Juan Carlos Chirinos | Foto: Archivo de El Nacional (referencial)

Juan Carlos Chirinos | Foto: Archivo de El Nacional (referencial)


Isaac González Mendoza*

Es periodista. Ha escrito para el diario El Nacional y textos suyos han aparecido en La Nación (Argentina), El Comercio (Perú) y El Tiempo (Colombia). Actualmente es parte del equipo de la página de noticias Efecto Cocuyo. Cofundador de la revista digital 4Dromedarios.


El gran preguntador: conversación con José Pulido*

Foto: Javier Cedeño Cáceres (2019)

Foto: Javier Cedeño Cáceres (2019)

Julio Bolívar | Venezuela

Desde que José Pulido se puso a escribir desde otra distancia, ya no es posible verlo en la avenida Urdaneta esperando una camioneta que lo lleve a Bello Monte, donde vive con su esposa la periodista Petruska Simme y su nieta de ojos grandes e iluminados. Sabemos de él por las noticias culturales, las redes sociales, un poeta que es traducido al italiano y un poco común embajador de los poetas venezolanos en Italia.

El cambio de horario nos obliga a escribirnos por messenger, por allí tocamos los temas de siempre que tiene que ver con los amigos comunes, las visitas a viejo historiador Guillermo Morón y una especie de cofradía de caroreños y larense visitando al viejo maestro de Cuicas devenido en caroreño. Recientemente El Papel Literario de El Nacional decidió publicar una selección de sus entrevistas, tan actuales que parece que las acabara de hacer, en esta conversación quisimos tocar esa faceta del periodismo con uno de sus mejores cultores.

José Pulido | Foto: Leonardo Noguera (El Nacional) (2014)

José Pulido | Foto: Leonardo Noguera (El Nacional) (2014)

Siempre has sido identificado como un narrador, o un poeta, por supuesto con razón y obra, pero antes que narrador eres periodista. Háblame de ese oficio en tu vida.

Escogí el periodismo porque deseaba ser escritor. Tuve leves inicios de obrero y de agricultor, pero sin destrezas manuales. Era poeta. Desde niño me gustaba conocer el origen de las palabras. Escribía sonetos que aprendía leyendo a los clásicos y a Cruz Salmerón Acosta. Primero fue la poesía. Era una obsesión. Y eso me hizo leer y escribir mucho. Decidí que me dedicaría a escribir. Busqué el oficio ideal para sobrevivir y escribir a la vez. En Villa de Cura comenzó a destacarse en el periodismo un amigo, un paisano de mi generación, Oldman Botello. Y dije “Me gusta lo que hace Oldman” y ese fue el arranque del periodismo.

¿Cómo fueron tus primeras notas en los periódicos de Villa de Cura, tu lugar de nacimiento?

Mis primeras notas ocurrieron en periódicos que yo mismo creaba y hacía con esténcil. Luego escribí en pequeños semanarios y una vez me publicaron un reportaje en El Regional de Maracay. Publiqué muy poco en ese diario, pero hacía mis propias fotos.  Después tuve mi primer trabajo serio en El Regional de Valencia.

En Villa de Cura escribí notas con mucho humor. Y algunas fueron para reclamar lo mal que estaban las calles. Siendo muy joven me conocieron un poco a nivel nacional porque en El Gallo Pelón me publicaron un soneto humorístico muy en la onda de lo que escribía Aquiles Nazoa.

Nadie te imaginaría como jefe de un periódico católico, pero lo fuiste en San Cristóbal, puedes contarnos tu relación con la iglesia y el periodismo católico.

El Diario Católico de San Cristóbal, estado Táchira. Una experiencia preciosa. El director era monseñor Nelson Arellano Roa con quien aprendí mucho. Tenía un gran sentido del humor y le gustaba mi manera de trabajar y de escribir. Me apoyó en todo. Él y Marina Rivas, quien era la administradora del diario nos dieron el más cariñoso y fuerte apoyo a Petra y a mí. Me gustó esa experiencia porque no solo se trataba de difundir conocimientos: también de ayudar en concreto a cada comunidad difundiendo sus inquietudes, necesidades, su cultura. Siendo yo tan pecador, el padre Nelson me soportaba y me animaba. Hasta lo ayudé una vez en misa. Pero me reprochaba a veces porque me bebía el vino de consagrar.

Cómo fue tu experiencia en Valencia en el diario El sol.

Fue un sueño, un diario que duró poco. Igual que el sol desde la mañana a la tarde. Ya ahí desarrollaba mi modo de acercarme a la comunicación: narrativa y poesía revueltas con el periodismo. Fue un proyecto que no cuajó. Ni siquiera recuerdo la sala de redacción.

Has publicado un libro con grandes entrevistas, Muro de confesiones y La sal de la tierra, no sé si coincides, pero pereciera que en cada entrevista esperamos a un observador que estructura la conversación como si fuera un relato que describe al personaje entrevistado. Recuerdo la imagen de la mosca revoloteando sobre la chaqueta de Julio Cortázar y su café. ¿La ficción siempre acecha tus textos periodísticos? ¿O te sientes deudor de aquello que se llamó “El nuevo periodismo” que nos ha dado a estos cronistas contemporáneos?

Descubrí el nuevo periodismo después que hacía algo parecido, aunque yo aprendía en cada entrevista, no era un periodista con la conciencia y el talento de Gay Talese o Tom Wolfe. En mis entrevistas la ficción es aquello que me imagino en torno a los entrevistados. Trato de reflejar sus verdades y sus mentiras y de ubicarlos en el lugar que quizá les corresponde. El lugar que podría corresponderles de acuerdo a su sensibilidad.

Tu vida transmite una pasión eterna con el periodismo, un día estás en la redacción de un periódico, otro en una revista; pero en particular siempre con entrevista a artistas de diversa índole, ¿qué importancia le das a ese ejercicio de preguntar? Más allá del personaje entrevistado, de su fama, o del libro o la obra de teatro reciente ¿qué buscas en el entrevistado?

El periodismo es mi oficio y trato de hacerlo siempre, aunque no me paguen, porque se trata de un servicio que debo prestar a la gente, a la sociedad y a mi mismo: es lo que sé hacer y debo hacerlo…como hablar, como respirar. En el entrevistado busco el porcentaje de autenticidad y de sinceridad que contengan tenga su existencia y su persona.

Algunos dicen que para hacer una buena entrevista solo necesitas conseguir a una celebridad, más o menos revisar lo que ha hecho y ya está, listo, preguntar lo consabido. ¿Qué piensas al respecto?

Voy a decir algo ya dicho: hay quienes harían un caliche, una mala entrevista, si tuvieran la oportunidad de entrevistar a Jesucristo. Y hay quienes pueden lograr una maravillosa entrevista haciendo preguntas al señor o a la señora que barren la calle.

¿Por qué te gusta entrevistar en medio de tanta visibilidad y grandilocuencia mediática, donde cada quien se promueve como quiera, o se autoentrevistan? ¿Cuándo entrevistas cuál es tu objetivo?

Mi objetivo primordial es que en la entrevista haya algún párrafo o alguna frase que le sirva al espíritu o a la mente del lector. Definir al personaje de la manera más justa. Y más contundente. Y más estética. Y que al mismo tiempo la gente pueda saber cuán justo o errático es el entrevistador.

Hay entrevistadores que han logrado desaparecer al preguntar, dejar solo al personaje que despliegue sus ideas, casi que las preguntas se las hiciese el mismo. Como una reflexión. ¿Qué piensas de este tipo de periodismo?

Cada entrevistado es distinto. También cada entrevistador. Si decides que el entrevistado haga todo, sería más honesto que el entrevistado escribiera su entrevista. La entrevista es un diálogo entre alguien que quiere vender una imagen y alguien que trata de que esa imagen contenga la menor cantidad de mentiras posible.

¿Planificas las entrevistas, estudias la obra de los entrevistados o surgen las preguntas en la conversación?

A veces se analiza al entrevistado, se estudia su obra. Cuando estás trabajando en una redacción te sale la pauta el mismo día: “entrevista a fulano” y si no sabes nada de fulano debes sincerarte con el entrevistado y hacer el mejor trabajo posible. Hay entrevistados que solo desean publicar su punto de vista, su interés y lo demás les resulta indiferente.

He leído, la manera como escribes ciertos acercamientos a la biografía, con pintores, músicos, pero no con narradores o poetas o políticos. ¿Por qué la preferencia con la música y la pintura?

No he tenido preferencias. He entrevistado a tantos poetas y escritores como a pintores y músicos. La biografía ha surgido con Dudamel porque me la solicitaron y me encantó la idea. Con dos o tres pintores a quienes he hecho biografías, ha sido por cuestión de amistad. Y mis biografías son en realidad muy fallidas, muy emotivas. Ningún amigo escritor o poeta me ha pedido que le escriba la biografía porque narradores y poetas en el fondo acarician la idea de escribir algún día sus memorias.

Tu trabajo por medios impresos, como El Nacional, te dio la oportunidad de conocer a muchas personas, recientemente el Papel Literario del mismo periódico que ahora es digital, decidió publicar algunas de tus entrevistas, que motivó al medio a recordarnos aquellas entrevistas, ¿cómo se decide cual se publica y cual no?

No lo sé, me parece una de las ideas del escritor y editor Nelson Rivera, quien siempre ha sido justo y certero y es además un buen lector. Él ha sido muy amplio y considerado conmigo desde que publiqué mis primeras novelas. Y creo que muchos lectores le agradecen haber publicado esas entrevistas porque no las conocían. Una entrevista o cualquier escritura de interés no deberían quedar en el olvido: la gente nace y crece todos los días. Nelson escoge las entrevistas que se publicarán, aunque ha publicado todas las que pude encontrar. Hay muchas más en los archivos. Lo que ha salido no es ni la cuarta parte de lo que hice. Me parece que eso mismo debe hacerse con otros entrevistadores. Por otra parte, El Nacional es mi periódico, mi casa periodística.

Fuiste un corresponsal de Guerra a la caída de Somoza en Nicaragua. ¿Cómo es la vida de un corresponsal en medio de una guerra? ¿Cómo recoge la visión de las partes en conflicto?

Esa experiencia es un desastre, estás desamparado, tienes mucho miedo, duermes en cualquier parte, escasean el agua limpia y la comida. Y lo peor de todo: cualquiera puede matarte y sin que nadie se lo reclame. En mi caso, no pude recoger la visión de las partes en conflicto: solo lo que habían hecho ambos antagonistas en la carne y el alma de la población. Uno se dedica a echar los cuentos de lo que ve, de la muerte y la esperanza. A veces la esperanza es mínima y la muerte una montaña.

Una vez, no recuerdo cuando, creo que, en la redacción del Diario de Caracas, o caminando por la avenida principal de Boleíta, comentabas que querías hacer un periódico especializado solo en investigación, aún no comenzaba esta tendencia de la crónica y la investigación donde han aparecido nuevos medios, múltiples formas digitales. ¿Puede volver a soñar ese periódico? ¿Cómo sería?

Lo soñé y participé en la conformación del equipo de investigación que creó El Diario de Caracas. Apoyé los inicios de muchos cronistas y promoví la crónica. Nada de eso fue meritorio: era el desarrollo normal de la comunicación que siempre anda buscando su voz, una voz acorde con los tiempos.

El periódico que sueño sería intelectual, apegado a los Derechos Humanos, oficiante de la sabiduría, creyente del arte y la cultura, que jamás renunciara a la dignidad y a la honestidad. Por eso es solo un sueño.

¿A quién te gustaría entrevistar todavía?

A cualquiera que tuviera algo interesante qué decir. ¿Alguien en concreto? Los escritores más imponentes se han ausentado: Virginia Wolf, Rilke, Walt Whitman y Jorge Luis Borges. Entre los que no han muerto me gustaría entrevistar al señor que vive En el monasterio Mater Eclessiae, el Papa Benedicto.

¿A tu juicio, como lector de grandes conversaciones, cómo sería tu lista de las mejores entrevistas?

Carlos Eduardo Frías entrevista al joven Arturo Uslar Pietri en 1934

De una vez, Arturo Uslar Pietri lanza con lucidez unos conceptos que marcarían su producción literaria.

En esa entrevista Uslar dijo:

“En mí la afición literaria fue precoz, voluntaria y casi morbosa. A una edad en que aún leía con dificultad, amaba ya la letra impresa, ese olor tierno de la tinta y del papel que flota en los depósitos de las librerías. Con esfuerzo, con dolor, con incomodidad del cuerpo y del espíritu quería escribir y me constreñía a hacerlo como una disciplina”.

Carmen Clemente Travieso entrevista a Armando Reverón en 1946

Interesante la atmósfera que se logra, aunque se nota la escasez de preguntas profundas para un pintor como ese, pero la descripción de su mundo y de su espiritualidad hace trascendente esa entrevista. Se pone de manifiesto la soledad de un gran artista que sin embargo, en su ternura de hombre infantil, conserva la amistad y la fidelidad del mono Pancho y de su dulce Juanita.

Rómulo Betancourt entrevistado por MOS en 1963

Ellos se conocían desde la adolescencia, estudiaron juntos. No temían hablar de sus puntos de vista. Una de las mejores entrevistas. Betancourt siempre sabía lo que estaba diciendo. Hablaba con la certeza de que sus palabras no perderían vigencia. Miguel Otero escribía con arte pero preguntaba con la contundencia de quien no permite engaños. ¿Cómo no va a ser trascendente una entrevista con dos protagonistas de una misma época?

Guillermo Meneses entrevistado en 1976 por Tomás Eloy Martínez

Creo que haciendo un juego de misterio y de incertidumbres, Tomás Eloy consigue un magnífico retrato de Meneses. Me atrevería a decir que esta entrevista, en sí misma, es un cuento de Tomás Eloy. Una obra maestra, de verdad.

Ramón Hernández en 1980 entrevistando a Germán Carrera Damas

Fue una entrevista puntual en torno a la Venezuela de esos días. Es importante  el castellano precioso y lúcido de Ramón Hernández. Creo que Hernández es uno de los mejores entrevistadores en la historia del periodismo venezolano. Él investiga mucho antes de entrevistar. Sabe lo que debe preguntar para conseguir buenos resultados.

Miyó Vestrini entrevistando a Carlos Cruz Diez en 1971

Miyó profundizaba en los entrevistados. Logra que Carlos Cruz Diez exprese con total claridad sus planteamientos. Lo deja fluir. Ella explica con claridad:

Todo lo que propone Cruz Diez son situaciones. Y es importante partir de este criterio para colocarse frente a su obra sin patrones culturales determinados. Dejarse envolver y arrastrar por la situación propuesta, en este caso el color, no deteniéndose jamás en definiciones o limitaciones preestablecidas. –Los patrones culturales contribuyen a la ceguera –señaló–. Se pierde la facultad de ver. Mientras menos patrones culturales se tengan, más receptivo se es a la vanguardia cultural. Hay que intentar despertar esa cosa dormida que hay en nosotros, reaprender a mirar. La cultura es muy vieja, hay que renovarla y para ello, debemos ir hacia las sensaciones, destruyendo los patrones culturales

Nelson Hippolyte Ortega con Yolanda Moreno  1985

Es uno de los grandes entrevistadores. Esta entrevista es extraordinaria. No hay ocultamientos, Nelson refleja la verdad de dos seres. Casi simultáneamente a las preguntas-respuestas, Nelson logra mostrar la relación entre la artista y su esposo, lo mucho que él interfiere en ella. Y cómo ella, siendo aparentemente manejable, es una artista que defiende lo que hace.

Elizabeth Fuentes 1984 entrevista a Edmundo Chirinos

Sin mostrar preguntas y respuestas, Elizabeth consigue un retrato de Chirinos de lo más premonitorio. Ahí estaba todo su terrible potencial. Elizabeth ha actuado como el psiquiatra que coloca en el diván a su paciente. El diván del ego, las confesiones de un demonio desatado que apenas podía ocultar su verdadera esencia. Después, Ibéyise Pacheco lo desnudaría por completo.

La entrevista con José Ignacio Cabrujas hecha por Luis García Mora, Víctor Suárez, Ramón Hernández y Trino Márquez en 1987

José Ignacio Cabrujas hacía que cualquier entrevista con él fuera trascendente, inolvidable. Mucho más si respondía ante tantas figuras del periodismo. Ahí está el país, completo. Creo que Cabrujas es la imagen auténtica de la cultura venezolana, de una generación que aprendió a esgrimir la cultura como instrumento de transformaciones.

Gabriel García Márquez entrevistado por Boris Muñoz en 1997

Una maravilla de entrevista, he ahí el nuevo periodismo. Boris relata todo, lo describe todo, con un lenguaje certero y precioso. Y muestra al Gabo. Así era él. Boris se mueve en las palabras con paciencia, humildad y gracia. Es un intérprete del entrevistado con apenas expresar un gesto, una situación.

Isaac Chocrón entrevistado por Milagros Socorro en 2011

Esta es una de las entrevistas que he leído varias veces. Milagros hace un retrato de Chocrón como nadie lo hizo. He ahí la gracia, la sabiduría y el desenfado de un entrevistador y de una entrevistadora, tejidos, como una obra maestra. A Chocrón lo entrevistamos muchas veces, siempre hubo alguien entrevistándolo, pero la entrevista de Milagros es la mejor. Ella lo trasladó al futuro.


José Pulido *

Comunicador social, escritor, poeta. (Nació en Villa de Cura, estado Aragua. Venezuela (1-11-1945)

Asistente a la dirección de la revista BCV Cultural (1999)

Asesor Comunicacional de diversas instituciones culturales. Talleres y diplomados en diversas universidades. Uney, ULA Trujillo. Asesor del Museo de Arte Contemporáneo. 1996.

Dirigió las páginas de arte de El Nacional (1981-1988), El Diario de Caracas (1991-1995) y El Universal (1996-98). Miembro fundador de los suplementos Bajo Palabra (1995)  y El otro cuerpo (1997-1998)

Jefe de redacción, bajo la dirección de Salvador Garmendia, de la revista cultural Imagen (1994-1996). Jefe de redacción del diario Ultima Hora en Acarigua, 1978. Jefe de redacción y subdirector del Diario Católico de San Cristóbal entre 1975 y 1977.

Le fue otorgado el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, año 2000, por su poemario Los Poseídos.

Ha publicado los poemarios: Esto, García Hijos, editores. (1971). Paralelo Lelo, García Hijos, editores. (1971). Peregrino de vidrieras (2001) Duermevela (2004). Es coautor de los poemarios: Linajes (1994).Vecindario (1994). Cortejos (1995). Invocaciones, 1996,  Ediciones Pavilo.

Fue editado en la Antología del Círculo Metropolitano de Poesía de Caracas, publicada por el Centro de Estudios Ibéricos y Americanos de Salamanca “Federico de Onís-Miguel Torga” en 2005.

Los Poseídos, (poemario, ediciones Pavilo) (1999).

La Academia de la Historia publicó el libro de entrevistas: Muro de confesiones (1985).

Ha publicado en narrativa:

Pelo Blanco (novela), Editorial Planeta.(1987)

Una mazurkita en La Mayor (novela premio Otero Silva, de Planeta, 1989)

Vuelve al lugar que se te ha señalado (cuentos). Ediciones Contraloría General de la República.

(Un cuento de este libro fue publicado en Narrativa venezolana attuale, Bulzoni Editore, Roma) (1995)

Los Mágicos (novela, Monte Avila(1999)

La canción del ciempiés (novela, Alfadil) (2004)

La sal de la tierra (entrevistas, Banco Central de Venezuela, 2004).

El bululú de las Ninfas (Novela, Editorial Alfa, Colección Orinoco, 2007)

Dudamel, la sinfonía del barrio, Libros de El Nacional 2011

El requetemuerto (novela, Ediciones B) 2012

Los héroes son villanos tímidos (cuentos 2013 Otero Ediciones)

Forma parte de la Antología en homenaje a Miguel de Unamuno, XV Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca 2012

Ponzoña de paisaje, novela (2015, Editorial Negro sobre Blanco)

Invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova en 2018


Conversación con Alejandro Pérez Roulet: “Somos un pueblo adolescente”

Alejandro Pérez Roulet | Foto: cortesía

Alejandro Pérez Roulet | Foto: cortesía

Julio Bolívar* | Venezuela

Alejandro Pérez Roulet es un escritor argentino radicado temporalmente en la isla de Margarita, venido de la psicología se dedica a observar la vida insular y a escribir relatos. Recientemente ha publicado su primera colección de cuentos, Mardeamor, donde reúne textos con diversos personajes en situaciones de la vida de hombres solos que solo buscan la felicidad.

  1. Alejandro, acaba de salir tu primera colección de relatos, 9 en total, que van desde un microrrelato a un cuento largo que da el título a este libro. ¿Cuál es tu motivación principal al publicarlos?

Comencé a escribir desde joven, pero destruía la mayoría. Hace 20 años comencé a darle más importancia, pero sin demasiadas ilusiones en publicar, es más con la escritura hacía catarsis. Pero a medida que transcurría el tiempo y comenzaba a estar más satisfecho con la producción envié un cuento que fue premiado y eso me motivó más aún para seguir escribiendo. Una vez que tuve una cantidad razonable como para darle a la gente en forma de libro las cosas se sucedieron rápido y de modo muy armónico aquí en la isla de Margarita. Me motivó esencialmente el hecho que tenía cosas para decir y llegar a la gente, que pudiera hacer reír, reflexionar y entretener. Y, no debo olvidarme del empuje de los amigos de argentina que me decían: está bueno, seguí, dale.

  1. Después de leer tu libro, pensamos en dualidades: el amor y el desamor, posibilidad e imposibilidad. Pasiones complicadas, incluso el texto dedicado a la presencia del Tirano Aguirre en la isla, amor al poder, trastocado por la erótica de una india local que enloquece al tirano español. ¿Por qué te planteas esa dualidad?

El Tirano Aguirre obedece en primer lugar a mi interés por la historia de la conquista, pero me pareció interesante el personaje, puro tánatos, pura locura y cualquier cosa que simbolice belleza, amor, a Lope le trastoca los valores, pero eso le pasa porque está loco, no discrimina, es un paranoico y en nombre de Dios justifica todo. Se autoimpone un: ego te absuelvo. No registra la compasión, el tipo. La mujer para él es como el diablo o algo maligno y esto le sirve de excusa en el cuento para no amar una. Hasta mata en su locura a su hija con un pretexto débil. Cuando Inés se le presenta él la ve como una bruja pero a la vez la abraza y llora sobre su vientre, ahí convive esa dualidad de la que hablás. En definitiva, la imposibilidad de amar. No hubiera querido estar en esa época en aquel momento, nadando o pescando, o tomando sol en la playa El tirano.

  1. Soledad, indecisión, dudas permanentes, dolor, invención de ideales personales, cierto hedonismo y narcisismo atraviesan las emociones de tus personajes masculinos, esto son los rasgos de tus personajes. ¿Háblame de esta obsesión, que no observamos en tus personajes femeninos, en Mardeamor?

¡Qué buena pregunta! Ocurre que son personajes citadinos de una ciudad como Buenos Aires. Hay mucha gente sola en mi ciudad. Y tenemos esa cosa de melancolía, así como el tango. Cuantas letras se refieren a hombres abandonados por una mujer y si vos lees esas letras los tipos terminan destruidos y yo creo que aquí hay algo de eso como impronta cultural. Incluso el cine argentino en películas como Adiós muchachos. La música de Piazzola, por ejemplo Adios Nonino.La nostalgia, la soledad, las preguntas que se hacen de alguna manera los personajes: ¿Qué es esto de vivir y amar y la finitud de los encuentros, en última instancia la finitud de la vida? El personaje Federico se hartó de su sociedad, de la corrupción, de su mórbida soledad que ya le fastidia. Y sí, eso no lo observamos en Nicole, una mina increíble que a Federico lo va desarmando, aunque él se resiste, pero ante la muerte de Eladio se replantea y se juega por el amor de Nicole, quien también representa lo contrario a Federico, ella se juega, cae de sorpresa desde Canadá, esto a él lo apabulla y le gusta. Nicole de algún modo le tiende la mano para llevarlo a su mundo un mundo donde no hay que temer al amor, al encuentro.



  1. A pesar de que tus cuentos son historias íntimas, se deja colar la realidad social que se vive en el país. Situaciones vividas también en Argentina, tu país de origen.  Al final una especie de homenaje al alma pura del habitante inocente de la realidad que le toca vivir. Lo que revela una sensibilidad social del narrador. Cierto tono justiciero, en cuentos como “El Tirano”, “La paloma” y “Mardeamor”. Háblame de este aspecto en tu libro.

Fíjate que en el caso de Mardeamor solo describo lo que veo y escucho, incluso el diálogo con el taxista fue real, el tipo hizo catarsis, se despachó con gusto. ¡Quedé agotado! La Argentina es una sociedad deteriorada con pérdida de valores, pero, aunque haya cambiado el gobierno la cosa es muy difícil y los estándares de vida se van achicando. Hay mucha impericia. Somos una sociedad que todo lo discute, a todo se opone. No escuchamos al otro. Discutimos hasta las decisiones de la justicia, somos un pueblo adolescente que repetimos siempre las mismas travesuras. Rígidos en lo ideológico lo que lleva a crear grietas. ¿Y está el tipo que se levanta a las cuatro de la mañana para ir a trabajar, se desloma y entonces qué, ¿Vive dignamente? ¿Tiene tiempo para estudiar? Creo que somos nuestro peor enemigo. Si a alguien tengo que hacer responsable es a la propia sociedad que no ha sabido elegir y a la vergonzosa clase política que tenemos en argentina. Los pueblos también se equivocan. Ya no hay estadistas que miran el futuro más allá de una generación. En cambio, tenemos políticos que miran la próxima elección y ver como se salvan económicamente. En Mardeamor, Eladio es ese hombre simple que está orgulloso de su mujer, de su trabajo, se siente digno con su peñero, en el fondo es un hombre que dentro de su universo es feliz, porque no tiene delirios de grandeza. Él ama lo simple.

  1. En tus cuentos tienes una concepción del cuento más tradicional que experimental, incluso en uno de ellos que parece algo fantástico. Mi juicio puede ser impreciso, pero tú me dirás.

En este libro sí efectivamente. “Entramado de Universos” es un texto que lo escribí porque me interesa la Física, las teorías de cuerdas y universos paralelos. Este cuento o relato estuvo escrito con idas y venidas al principio con poca claridad, pero sabes de dónde viene la chispa o cómo empezó la idea de escribirlo. Tendría 7 u 8 años iba con mi madre al centro y tomábamos el subte o metro, no recuerdo bien, pero estábamos bajando y cerró la puerta y se le quedó el taco largo de su zapato trabado en la puerta y el subte arrancaba y mi madre me tenía agarrado de la mano. Habrá durado diez segundos el episodio. Pero ahí nace

  1. Se siente en tus relatos un manejo de imágenes muy cinematográficas, en algunos cuentos como el de tema cubano. Me recuerda algo de Ricardo Piglia en su novela- thriller Plata quemada.

Así es, estuve que por más de 25 años tuve una productora de cine documental e institucional y también trabajé en noticias y la imagen y oficio heredado de mi padre y con algunos ingredientes propios hace que me sea fácil visualizar lo que escribo por eso es que muchas veces podrían ser susceptibles de ser filmadas estas historias. Es algo que llevo dentro y tal vez definan mi estilo si es que lo tengo. “La Paloma” es un relato, en realidad, que se lo debo al personaje Hermes, amigo de mi familia, mis hermanos y mío, que trabajó 40 años en la NBC; me cuenta siempre historias increíbles. Hoy tiene 83 años, pero es un pibe, lleno de energía y gran cocinero. La Paloma es en realidad una historia suya. Fue real. Pero para entender bien cómo se maneja el personaje, hay que conocer a Hermes, a lo mejor lo traemos a visitar la isla.

  1. Coméntame tus lecturas, autores latinoamericanos, venezolanos que hayas leído.

A los 17 años me metí de lleno con Sábato y Cortázar. He leído tantos…No consigo leer del todo a García Márquez menos a Vargas Llosa, Borges nunca me ha llegado y lo he leído muy poco. Me gustaba más escucharlo hablar de literatura y eso que me lo cruzaba muchas veces en la calle cerca de su casa en la calle Maipú o en la galería del Este la que sale a Florida. Voy a Venezuela: Un maestro: Herrera Luque, Eduardo Liendo. Me voy al Norte y me quedo con Paul Auster y Philip Roth. Cruzo el charco y estoy en Europa, uff! aquí esta lo sagrado para mí: Umberto Eco, Michael Houellebecq,Flaubert,Camus,Yourcenar,Tolstoi,Jean Pierre Luminet, Proust, en fin me estoy olvidando de otros seguramente.

  1. ¿Después de este libro Mardeamor, cual es nuevo proyecto?

Estoy escribiendo una novela cuyo personaje central es una mujer que trabaja en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina. Llevará tiempo. Es fuerte la historia y pasa la trama por actos de corrupción que han ocurrido en mi país.

Preparo un segundo libro de cuentos, creo que te comenté antes, fuertes, osados del orden de lo fantástico y no aptos para gente impresionable. En verdad tratan de ser sacudidores de movilizar al lector, trato de llevar al lector a participar. Ahora debo decirte que estoy trabajando en una serie de cuentos para otro libro: Cuentos Góticos, imagínate.


Julio Bolívar

Escritor venezolano*