AC

"Después de la tormenta...." (VI)

Foto:  @ACcinema

Foto: @ACcinema

AC | Salzburgo (Austria)

Quiero pensar y quiero sentir que después de todo lo que viví y todo lo que pasé las cosas van a estar mejor. Yo voy a estar mejor. Ahora me encuentro viviendo en Austria. ¿Cómo llegué hasta acá? Digamos que fue la mano salvadora. Esa mano que salió de la nada y nos dijo: “Bueno, ahora deben respirar”. Mi madre decía siempre: “Dios aprieta pero no ahorca”, bueno madre, pues duró un año y medio apretando estuvo a nada de ahorcarme, por lo menos así lo sentí.


Lea la primera, segunda, tercera, cuarta y quinta parte de esta historia:


Bolivia y Argentina fueron una pesadilla, un mal sueño, una mala experiencia. Pero quiero estar segura de que algo aprendí, de que algo se quedó clavado dentro de mí que me hará ser una mejor persona, a pensar y ver la vida de una manera muy diferente. Y bueno, en parte sí me cambió, o mejor dicho, nos cambió. Ya no somos las mismas desde que salimos de Venezuela y eso se lo debemos a las malas y buenas experiencias. Buenas experiencias porque no todos los días puedes decir: “Crucé el río amazonas en barco por cinco días” o “conocí la Amazonía boliviana”. Son cosas que la mayoría de las personas no tienen pensado hacer. Y nosotras lo hicimos. ¡Lo logramos sin querer hacerlo! ¡Crucé por tierra tres países de Suramérica! Lo digo porque muchas veces no me lo creo. Esas son las buenas experiencias.

De las experiencias malas nos queda hacer de “tripas corazón”. Sacar de lo peor lo mejor. Esa parte me está costando mucho, pero sé que lo voy a lograr.

¡La calma …. ha llegado!

Austria nos ha recibido de muy buena manera, nos estamos adaptando y sin duda lo hacemos de la mejor manera. Comemos, estudiamos, trabajamos y también hacemos trabajo voluntario. Todavía no sé si me voy a quedar acá, pero trato de dar lo mejor en el país que hizo que nuestra agonía llegase a su fin. No me puedo olvidar de lo que viví, no logro sacarlo de mi cabeza, es algo que siempre está presente. Y ahora me come viva una etapa que muchos dicen es normal: superar. Cuesta y es difícil.

Mi historia en el extranjero no ha sido más que la peor pesadilla de aquel que sale buscando algo mejor, pero creanme, todas las historias son bien diferentes, no todos corren con la misma suerte. A mí me tocó esta, la asumí lo mejor que pude, la viví lo mejor que pude, la sigo viviendo. Pero como dije antes: siempre llega la calma y no importa el tiempo que pase porque siempre viene algo mejor. Para mí, Austria fue la calma.

Tengo mucho que decir de Austria, tengo mucho que contar de este país que poco a poco me enamora más. Por ahora, doy por cerrada mi pesadilla migratoria. Decreto que el Universo me puso aquí para disfrutar de lo mejor.

Es que la calma es así, llega de pronto y te deja con pocas palabras. Así estoy, con pocas palabras y millones de sensaciones (buenas, por supuesto).


Paz y tranquilidad. Ese pequeño fragmento sería todo. 


AC

*Venezolana radicada en Austria









Eventos desafortunados (IV)

Foto: Javier Cedeño Cáceres

Foto: Javier Cedeño Cáceres

AC | Salzburgo (Austria)

Siempre llegué a pensar que las amistades verdaderas son aquellas que nacen en circunstancias difíciles; así nacía esa amistad.

 Éramos cuatro, dos hombres y dos mujeres. Decíamos que estábamos juntos para protegernos los unos a los otros y que siempre íbamos a estar así. Todo cambió de la noche a la mañana. Después de una fuerte discusión en la que me vi involucrada, terminamos siendo dos mujeres juntas, uno de ellos, buscando como irse del país y otro en medio de todos, tratando de calmar las aguas.


Lea la primera, segunda y tercera parte de esta historia:


 Me gustaría explicar porqué todo se complicó, porqué terminé yéndome a las manos con un chamo que durante todo este viaje se había convertido en mi amigo. Éramos muy cercanos, nos llevábamos muy bien, éramos muy parecidos a nivel de personalidad. Muy alegres la mayoría del tiempo, pero ambos de carácter muy fuerte.  Terminé con la mano hinchada y él, bueno, tuvo que irse. No le quedó otra opción.

 Ya no éramos los cuatro mosqueteros, ahora solo quedábamos tres.

En este punto, todo se puso de mal en peor. Se involucra migraciones, la Policía, incitación a denuncias y terminan personas en la cárcel. Todo fue un tornado de acontecimientos muy desafortunado. Solo había pasado tres meses de estar en Bolivia y todo era un caos total.

No queríamos estar involucrados con problemas de migración y, además, la deportación es algo que cualquier persona evitaría a toda costa.

 Nos fuimos varios días a Salta (Argentina) a ver si teníamos algo de suerte para aliviar las cosas y calmar las aguas. Todo esto con limitados recursos económicos. Pedro nos consiguió los pasajes (esto tampoco fue fácil de conseguir) y pagamos el Hotel más barato que conseguimos.

 ¡Argentina, como te quiero mi bella Argentina! ¡Volvía a pisar tus tierras! ¡Quedé enamorada de ti, desde la primera vez que te vi!

 Recuerdo haber ido con 20 pesos argentinos al casino y haberme ganado en la ruleta 700 pesos. ¡Suerte de la buena! Fueron unos días muy calmados, pero como dicen por ahí… “del agua calma temeré”.

 Mi amiga sufrió la peor crisis de asma que había tenido durante estos meses. Pasamos dos días en el Hospital (me quedé con ella, dormí en una silla de la emergencia, no la iba a dejar sola). Ahí se fue todo el dinero que teníamos. Esa fue la suerte del Casino, como diciendo: “toma esto, se viene algo por ahí”. ¿Se podía estar peor? Pues, a veces sí. La doctora que la atendió le dijo las siguientes palabras: “Bolivia te va a matar, te tienes que ir”.

 ¿Irnos de Bolivia? ¿Para dónde? ¡Argentina es lo más cerca! Compramos los pasajes y nos vamos. No era tan fácil. Debíamos regresar a Bolivia, hacer dinero para poder irnos a otro país. ¿Cómo? Si apenas recibimos 50 dólares a la semana, es imposible, tenemos que comer.

 Al regresar a Bolivia Pedro nos dió la mejor de las sorpresas; él era un genio para sorprendernos, iba a cerrar el Bar. Es decir, nos dejó sin trabajo. Parece una historia de nunca acabar, la peor de las pesadillas. Ese fue su tercer golpe, y  fue el que nos dejó OUT.

 No me quedaba otra más que pedir ayuda. Pedir que por favor me prestaran dinero, que me dieran alojamiento en Buenos Aires, vender cosas que me quedaban en Venezuela… pedí mucho. No sé, alguién que me diera la mano para salir de ese pozo en el que cada día parecía ser peor.  La verdad, yo no conseguí mucho; quizás no tenía buenos contactos. Mi amiga sí consiguió. Había una persona que le iba a pagar el Boleto Aereo a otro país. Ella no lo aceptó, sabía que iba a dejarme a mí en esa pesadilla, ella no podía hacerme algo así. Vendí mi telefóno celular, una persona me prestó dinero y con eso pagué nuestros pasajes a Buenos Aires (Argentina) por tierra.

 Parecía que la pesadilla boliviana estaba llegando a su final. Por fin iba a decirle adiós a Pedro y su mayor estafa; adiós al peor de los cuatro mosqueteros y hasta nunca al mosquetero mas experimentado de todos. Éramos las dos “damas” juntas hasta el final.

 Pero Bolivia nos despidió con broche de oro en su frontera.

 Al llegar a la frontera de Bolivia y Argentina, detienen el autobús, es normal, rutinario dirían algunos, pero la rutina tuvo un giro inesperado. Nos llaman solo a mi amiga y a mí para revisar nuestros equipajes.

 A mí, personalmente, los policías me ponen muy nerviosa, les tengo respeto y también es mucho miedo lo que me producen. Yo estaba hecha una hoja, temblaba como perro chihuahueño. Mi amiga estaba tranquila, a ella eso no le producía absolutamente nada.

 Rompieron mi maleta, literalmente la destrozaron. Toda mi ropa estaba regada en el suelo y  un perro policía pasaba por encima de ella, una y otra vez. Me hicieron pasar a un cuarto y me pidieron que me quitara la ropa. ¿Toda? – pregunté yo. Y la respuesta fue: “Sí y rápido”.

 Les juro que me trataron como a una delincuente, como si llevara toneladas de droga. Fueron dos horas de tortura. Los policías olfateaban la ropa interior. Mi cara era de asco y repudio. ¿Por qué nos hacían esto a nosotras? Según lo que decían ellos: “Estamos buscando a unos paisanos de ustedes, que se dedican a pasar droga de Bolivia a Argentina y queremos asegurarnos de que no sean ustedes”. ¡Claro! Todo tiene sentido.

 Ser venezolanas ahí tuvo peso. Éramos las únicas Venezolanas en ese autobús. Mucha gente que viajaba con nosotras gritaban desde lejos que era denigrante lo que estaban haciendo con nosotras, que era injusto e inhumano. Pero vamos, la Policía debe hacer su trabajo ¿no?. No encontraron nada, se quedaron con una crema de peinar que iba en mi maleta, pues, a ellos les arrojaba un color extraño en la prueba de narcóticos, el cosmético estaba vencido.

 Bolivia, no fue tu culpa. Espero volver a pisar tus tierras, pero de otra forma y bajo otras circunstancias. Conocerte de otra manera. Sin duda seguiré extrañando tu sopa de maní.

 ¡Argentina! ¿Y tú? ¿Nos trataste bien? Ya lo sabremos en la próxima parte.


AC

*Venezolana radicada en Austria