Hanni Ossot

Crónicas del Olvido: Lawrence y Hanni Ossott

Hanni Ossot (1946-2002) | Foto: Vasco Szinetar

Hanni Ossot (1946-2002) | Foto: Vasco Szinetar

Alberto Hernández* | Guárico (Venezuela)

**Alberto Hernández**

**A Manuel Caballero**

**Foto: Vasco Szinetar**

“The only salvation is to realise that we know nothing about it”

**D.H.L**


1.-

Aquí estoy con Lawrence. Me ve como si quisiera traspasar el suelo que pisa. Sonríe a medias. Un ojo en penumbra. El otro vivo casi roza mis pies. Peinado de lado. Con una barbita de cura jesuita. Más bien de recién llegado de algún desierto. Me habla bajo y lento, como si alguien le soplara a los oídos.

Caminamos por la vereda de mi patio. Es un lugar donde todos tenemos derecho a pasear con nuestros fantasmas. Me habla en un inglés que entiendo a medias. Hace años perdí la capacidad de captar algunos idiomas. Mis muertos y mis espectros se han encargado de borrar todo eso.

Nos alegra ver quién viene a nuestro encuentro. Una mujer de 1983 se aproxima a nosotros y se arrima a la conversación. Hanni Ossott tiene ese astro que la ilumina. Es una muchacha bella. Se ampara en las palabras. Son dulces. Algún adjetivo la sobresalta. Me entrega una mano y yo la estrecho con suavidad. D.H. Lawrence se le acerca y la huele. Y ambos sonríen.

Entonces él dice:

“Dios es el gran impulso que aún no ha encontrado un cuerpo/ pero se urge avanzar hacia la encarnación con la gran urgencia creadora…”

Me traduce al oído la muchacha Ossott. Sus palabras en español rozan mi oreja derecha. Mientras tanto, el poeta mira hacia un horizonte que choca con un edificio cuyas paredes son de ladrillos muy rojos. Un níspero exultante le tapa parte de la mole que mira con insistencia.

Ahora, inesperadamente, Hanni deja de traducir y logro oír esto de los labios del poeta de habla sajona:

“Oh death

about you I know nothing, nothing-

about the afterwards

as a matter of fact, we know nothing…”


La venezolana, la muchacha blanca y bella, sonríe casi seria y me hala suavemente por un brazo, y me habla como si lo hiciera con Lawrence, pero en español:

“Oh muerte

acerca de ti no sé nada, nada…

acerca del después

en realidad, no sabemos nada…”

En un instante, el poeta se hizo polvo. Desapareció. Hanni Ossott me convidó a sentarme con ella bajo el níspero de mi patio y allí me leyó esto:

“Como es sabido, la poesía de Lawrence no es una poesía ‘artísticamente tallada’. Sus poemas no son joyas, no son objetos cristalizados. Traduciéndolos provoca corregirlos, cambiar las repeticiones o reiteraciones, despoblar el énfasis”.

—Hanni, ¿algún intelectual de su misma lengua asomó esa crítica?

—Poetas como Eliot y Pound tuvieron profundas reservas respecto a su poesía.

—Sí, se nota en muchos de sus textos ese énfasis que tú adviertes…

—A veces podemos percibir en sus poemas cierto tono de demanda, apelación que irradia por encima de una preocupación por la preciosidad del lenguaje.

—¿Y su temática? ¿Qué pasa con ella?

—Su ocupación es el alma y la mirada interior (insight).

Hanni me habla desde el prólogo de la publicación que hiciera la Dirección General de Cultura y Extensión de la Universidad de los Andes, en Ediciones Actual, Colección Poesía, en Mérida, en 1983. Ella hizo las traducciones, de allí su interés en afirmar que “la poesía de Lawrence excava en las galerías del alma y encuentra allí el cristal y también los desgastes, lo que mina…Cavando en lo profundo, conecta Lawrence el alma al alma de la Tierra y a su Noche”.

Hanni Ossott habla mientras se complace en rastrear el vuelo de un pájaro que trata de instalarse en una rama del níspero.



2.-

La muerte está en la boca de la traductora. Lawrence la pronuncia en “Ship o f Death”, la deletrea en inglés y Hanni la saborea en español. Son dos entidades que han asumido la ausencia como una estación terrena, como una presencia que va y viene y de alguna manera favorece o entorpece el tránsito vital.

Lawrence escribe:

“I sing of autumn and the falling fruit

and the long journey towards oblivion.

The apples falling like great drops of dew

to bruise themselves an exit from themselves.

Have you built your ship of death, oh, have you?

Build then your ship of death, for yoy will need it!

Can man his own quietus make

With a bare bodkin? (…)”

Hanni silabea:

“Canto el otoño y la fruta que cae

y el largo viaje hacia el olvido.

Las manzanas que caen como grandes gotas de rocío

rasgando ellas mismas una salida desde sí mismas.

¿Has construido tu barco de la muerte? , oh, ¿lo has construido?

Construye entonces tu barco de la muerte, ¡porque lo necesitarás!

¿Puede el hombre lograr su descanso

Con un simple puñal? (…)”


La muchacha, la poeta calla. Se levanta del banco donde estamos y toca el tronco del níspero. Su rostro albo se acerca a la rugosidad de la corteza. Pone su frente en él y me mira.

“Debo agradecerle a Rafael Cadenas la atención que prestó a estas traducciones a través de la revisión y corrección”.

Dijo esto con mucho afecto. Aún con la frente contra el árbol.

Cambió de tono. Se retiró del níspero pero no se salió de la sombra que éste nos regalaba. Eran las tres de la tarde. Ella dijo:

“Lawrence se ocupa de indagar en sí mismo (self)”… y pronuncia una oración que el poeta traducido dejo escrita: “¿Cómo llegar a ser uno mismo?”

Se sienta de nuevo y vuelve a callar. Mira hacia la tarde que se entierra por el occidente de su rostro.

Un largo rato estuvo como ida del mundo. Se levantó, se acercó, me dio un beso y se alejó. La perdí de vista y me quedé bajo la sombra del níspero con estas palabras:

“Un hombre joven me dijo:

Estoy interesado en el problema de la realidad.

Le dije: ¿en verdad?

Entonces lo vi volviendo a mirar, subrepticiamente,

su propia sombra fascinante en el gran espejo”.



(“A Young man said to me:

I am interested in the problem of reality.

I said: really!

Then I saw him turn to glance again, surreptitiously,

In the big mirror, at his own fascinating shadow”)

Aún oigo la pronunciación de la poeta venezolana bajo el níspero, por eso a varios días de su encuentro, hoy sigo aquí con los dos, con D.H. Lawrence y ella, la bella muchacha de la poesía de mi tierra y de la foto en la UCV.  


Alberto Hernández*

Es poeta, narrador y periodista. Es egresado del Pedagógico de Maracay con un postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Su obra literaria es extensa y ha sido merecedora de varios reconocimientos. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) mención honorífica en el Concurso Literario de la Secretaría de Cultura del Estado Aragua; Párpado de insolación (1989), mención honorífica en la II Bienal Literaria del Ateneo de Calabozo (1985-1987); Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), mención de honor Primer Concurso Literario “Madre Perla”; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy. Latin American Writers Institute, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003) con ediciones en Vnezuela y en México. Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos. Latin American Writers Institute (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Gallina.