Juan Carlos Chirinos

Juan Carlos Chirinos, ese obsesionado por los animales

Juan Carlos Chirinos.png

Isaac González Mendoza* | Caracas (Venezuela)

Ha pasado casi un año desde que Juan Carlos Chirinos estuvo en Venezuela para participar en la IV edición de la Feria Internacional del Libro de Margarita (Filcar), en la que estuvo acompañado por los escritores Juan Jesús Armas Marcelo y José Esteban.

Esta conversación en nada se parece a una entrevista, porque qué sentido tiene publicarla después de tanto tiempo. También aparece descontextualizada. En el país de hace un año reinaba la desesperanza. Hoy día nos escolta una euforia salpicada de raciocinio y practicidad.

Pero así queríamos que ocurriera, tal vez para aproximarnos un poco a Gemelas, la última novela del escritor trujillano nacido en 1967. Así como en esa historia un montón de exóticos animales irrumpen la rutina de los ciudadanos de Madrid, nos cae en la Caracas oscura y de ambiente tenso un inventor de relatos fantásticos o llenos de gatos traviesos.

La novela, publicada originalmente en Madrid en 2013 (Casa de cartón)  y en Venezuela en 2016 (El Estilete), es un “thriller ecológico”, como lo define el autor, en el que en la capital española aparecen repentinamente un montón de animales exóticos: okapis, koalas, perezosos, guacamayas, corocoras, canguros y hasta un león. El inspector Agustín Bermejo junto a su compañero, Benjamín Cruz, se encargan de resolver el extraño caso, que además se ve desviado luego del suicidio de Susana, una bella mujer que esconde en un bolsillo un mensaje encriptado dirigido a Cristina, su pareja y personaje central de la trama.

Pero Chirinos ha aclarado que aunque se trata de un thriller ecológico, Gemelas no fue escrita con rol ecologista. Más bien tiene que ver con una inclinación por los animales por parte del escritor, quien reside en España desde hace más de dos décadas. De hecho, el autor es un mirmecólogo frustrado, profesión con la que caracteriza a Cristina.

En el fondo, el escritor quería utilizar los animales como decorado para hablar acerca del mal. En este caso -señala- el mal se manifiesta en forma de animales exóticos, pues convierten a Madrid en una ciudad desagradable. “Esconde más bien una búsqueda existencial”, explicó durante un conversatorio realizado el año pasado en la desaparecida Librería Lugar Común de Altamira, que contó con los comentarios de los escritores Violeta Rojo y Carlos Sandoval.

Antes de aquel 28 de marzo, pudimos hablar con Chirinos en el hotel donde se alojó en Caracas después de su viaje a Margarita. En la isla compartió encuentros con José Balza y los mencionados Armas Marcelo y Esteban, ambos invitados internacionales de España.

En el hotel en Caracas, el valerano está acompañado por los autores españoles, todos exhaustos después de tantas charlas y presentaciones de libros. Pero, a pesar de eso, Chirinos se muestra con una energía admirable.

Le preguntamos primero por qué suele decir, en tono de broma, que el centro del mundo es Valera, su ciudad natal.

—El centro del mundo también podrían ser Choroní o Calabozo, ¿no?

—En Calabozo hace mucho calor para ser el centro del mundo. Ese sería el centro de la tierra. Por varias razones Valera lo es para mí. Primero, por echar broma y por molestar. La segunda y la tercera, que son más serias, son porque lo universal es lo local. Si soy de Valera y quiero escribir sobre una realidad urbana y me pongo a escribir sobre París o Londres sin haber vivido allí, estoy siendo un poco asocial. Si viví en Valera o Caracas y Salamanca, por qué no escribir sobre la ciudad donde viví. Para mí es el centro porque todo centro es el nuevo centro. Y en tercer lugar porque es una estrategia de respuesta, una reacción digamos, hacia eso que dicen que Nueva York o Londres son el centro del mundo. ¿Y por qué tienen que ser ellos? ¿Por qué no podemos ser nosotros? ¿Por qué el norte está arriba y el sur abajo?

Es una cuestión neoestratégica. Para mí el centro del mundo es Valera y no quiere decir que yo sea chovinista, localista o xenófobo. Si digo que el centro del mundo está en Valera es porque puede estar en cualquier lugar.

Pero en realidad está en Valera.

Dos acontecimientos empujaron a Chirinos a tener consciencia sobre la escritura. Primero fue la muerte de su abuelo en 1982. Aquella pérdida lo motivó a escribir cuentos. Siete años después, escribió en su casa de Valera un relato que le gustó mucho, y que le hizo entender que quería convertirse en escritor y que para eso se había estado preparando. “Vi que había posibilidad y que podía tener algo de talento”.

—Cómo consideras ha sido tu evolución como escritor desde el libro de cuentos Leerse los gatos hasta ahora

—Creo que el libro Leerse los gatos me ayudó a poner en papel varias posibilidades, varias opciones de escritura o varios discursos. Y creo que he ido desarrollándolos paralelamente: son temas históricos, sociales, policiales, fantásticos. A partir de allí creo que he podido desarrollar. Me siento satisfecho con lo que he logrado y emocionado con lo que voy a lograr.

Leerse los gatos fue el primer libro que publicó Juan Carlos Chirinos. Aparecido en la editorial Memorias de Altagracia, es una recopilación de 22 relatos de 40 escritos durante seis años. Entre ellos se cuentan “Agnus rey”, “Campanita”, “Catrusia” y, el último, “Leerse los gatos”.

—¿Crees en la musa?

—Eso de la musa es una estrategia publicitaria para hacer que la literatura parezca glamorosa. La inspiración no existe. La inspiración es sentarte a trabajar todos los días. Es un oficio como cualquier otro, como ser abogado o carpintero. Sentarte a trabajar hasta que caiga algo. La inspiración ya es cuando, después de una o dos horas de trabajo, descubres que vas a decir algo, y has llegado allí no por casualidad, sino porque has estado investigando y leyendo.

Lo que sí puede existir son las ideas: uno a veces va caminando por la calle y se le ocurre algo y lo anota. O a veces escucho frases en la calle que son buenísimas y pueden ser frases para comenzar un cuento. Pero eso es un detallito, un momentico. Todo lo demás es trabajo.

Alguien decía, no me acuerdo quién, que la escritura es 1% inspiración y 99% transpiración.

La vida de Chirinos en Caracas era dura. Los sueldos que ganaba por escribir reseñas u ofrecer talleres y cursos no le alcanzaban para pagar el alquiler o comprar comida. Primero estudió Artes en la UCV por cuatro semestres, pero las huelgas y los problemas económicos en su casa lo obligaron a devolverse a Valera. Pasó un año meditando qué hacer y optó por inscribirse en la Escuela de Letras de la UCAB, para terminar los cinco años de carrera y graduarse, y lo logró. Pero la capital seguía siendo invivible para él.

—Y entonces en un momento dije: o me voy a Valera a trabajar en la ULA o me voy para fuera. Lo primero que salga. Lo primero que salió fue el crédito de Ayacucho y me fui. Si no me hubiera ido a Valera a trabajar en la ULA para sobrevivir y al menos estaría en casa de mi mamá, donde había comida. Pero no, me fui a España.

—Cómo fue el cambio cuando llegaste a España

—En cuanto llegué a Salamanca el cambio fue radical, por la paz que te da tener tiempo para escribir y estudiar. Salamanca es una ciudad pequeña, como Mérida. Es manejable. Mi primera novela la escribí en Salamanca.

La personalidad de Juan Carlos es la de un tipo bonachón, que inventa chistes espontáneos de lo más mínimo. Es raro cuando detrás de algún comentario no hay alguna broma. Eso sí, siempre habla con franqueza al referirse a alguna crítica dentro de la literatura.

—Qué opinas de la escritura experimental

—Generalmente la experimentación está ligada a lo formal, a la forma que le das al texto. Ese tipo de experimentación formal, como poner los diálogos metidos dentro de la narración,  hacer que el texto sea redondo, poner espacios en blanco, todo lo que significa la formalidad, eso no es experimental, es más bien hacer el ocho. Los que hacen eso o son muy muchachos y no han leído literatura o son imbéciles. O son gente adulta que cree que está descubriendo el agua tibia.

Lo otro, la experimentación que tiene que ver con el contenido, eso lleva ya 50 años de trabajo. Porque descubrir de verdad lo que tú quieres decir te lleva años hacerlo. Te lleva toda la vida.

Yo le digo a mis alumnos: les apuesto una cena en el restaurante más caro de Madrid que nadie escribe un cuento que no esté escrito ya. Lo que no está escrito es cómo lo dice usted. Y por ese tiene que ponerse a trabajar, a investigar y a leer.

—¿Cómo te das cuenta de si escribes una novela o un cuento?

—Hay materia anecdótica que da para un cuento y otras que dan para una novela. Uno se da cuenta si puede alargar la historia. Es como esas piedras planas que uno lanza en el agua: las anécdotas son como esas piedras, unas llegan más lejos que otras.

—En tu caso dibujas una planificación, como una estrategia en un campo de fútbol o de béisbol, y comienzas a trabajar.

—Yo planifico mucho una novela. Escena por escena, capítulo por capítulo, diálogo por diálogo. Puedo llegar a lo mínimo, incluso a los personajes. Y así es cómo funciona todo. Yo creo que es como el ajedrez, que lo jugué mucho desde pequeño. En ese juego está todo. Pero lo difícil es todo lo demás, no mover las piezas, sino lo demás para poder jugar bien. Y entonces, cuando empiezo a escribir, ya me desordeno. Adonde sea que voy, me desordeno todo. Y a veces meto cosas que no estaban en la planificación. Y me vuelo la planificación porque me da la gana.

—¿Qué opinas sobre escribir la gran novela de la Venezuela chavista?

—Una novela sobre el chavismo, que están haciendo varias, algunas muy buenas, se escribieron ahora porque era la ocasión. Patria, de Aramburu, por ejemplo, es una novela que no me gusta nada, pero que apareció en un momento apropiado, oportuno, no oportunista. Y ha sido un best-seller increíble.

Pero como Patria se han escrito muchísimas novelas del País Vasco. Lo que pasa es que llegaron temprano, demasiado temprano, y no les hicieron caso. La gente va a pensar que la novela sobre el País Vasco era de Aramburu y no es así. Hay un montón de novelas sobre ese tema. Patria tuvo los suficientes lectores y promoción, además que llegó en un momento en que la gente quería leer sobre eso. Una vez que el Estado español derrotó a los criminales de ETA, entonces salió esta novela.

Por ejemplo, habían pasado casi 100 años después de la Guerra Civil de Estados Unidos, y Margaret Mitchell publicó Lo que el viento se llevó. Y la novela sobre la Guerra Civil de EE UU es Lo que el viento se llevó, es la que recuerda todo el mundo y la que todo el mundo lee. Al año le hicieron una película maravillosa.

Pero la novela es mejor, y además, Margaret Mitchell es más bonita que Vivien Leigh.

—¿Qué te dijo José Balza cuando, como escritor novel, le diste algunos de tus cuentos para que te dijera su opinión?

—Yo le escribí a él con mucha emoción, pero asustadísimo. Tenía 18 años. Y le entregué a José Balza, que era mi profesor, unas hojas de cuaderno con unos cuentos. Ya no recuerdo qué cuentos eran. Tampoco recuerdo si eran buenos, creo que no. A la semana siguiente, cuando me los devolvió, me dijo esto: ‘Son cuentos muy analíticos. Me gustan mucho, pero son muy analíticos’.

No me dijo más nada. Supongo que buscó algo bonito que decirme, que fuera alentador, que no me frustrara. Porque si se pone a decirme cosas malas me pego un tiro. Pero me dijo eso y me quedé contento.

La Venezuela de hoy es absolutamente diferente a la de hace un año, cuando se dio esta entrevista. Le preguntamos a Chirinos sobre cómo se sentía al regresar al país luego de cinco años sin venir.

—Me siento muy bien. No estoy eufórico, pero estoy contento. Estoy conmovido con muchas cosas. Por ejemplo, los dos españoles que vinieron conmigo, Juancho Armas Marcelo y Esteban, han sido tratados con mucha hospitalidad y cordialidad por todo el mundo en Margarita y Caracas, lo cual habla bien de nosotros.

Tenemos un espíritu hospitalario que no ha desaparecido. Yo sí veo caras preocupadas, caras obstinadas, gente que está harta de estar aquí. Pero no hemos perdido eso que es fundamental en el venezolano, la hospitalidad. Eso me tiene conmovido.

A nosotros nos toca recuperar el país. Tarde o temprano alguien tendrá que recoger lo que quede, aunque lo que quede esté en el suelo hay que recogerlo. Qué vamos a hacer.

Juan Carlos Chirinos | Foto: Archivo de El Nacional (referencial)

Juan Carlos Chirinos | Foto: Archivo de El Nacional (referencial)


Isaac González Mendoza*

Es periodista. Ha escrito para el diario El Nacional y textos suyos han aparecido en La Nación (Argentina), El Comercio (Perú) y El Tiempo (Colombia). Actualmente es parte del equipo de la página de noticias Efecto Cocuyo. Cofundador de la revista digital 4Dromedarios.