Poesía

Poemas de C.P. Cavafy

Hasta los años 50, la poesía de Cavafy (Alejandría 1863-1933) era casi totalmente desconocida, pues su autor la hizo circular en hojas sueltas solo entre un reducido grupo de admiradores; pero desde 1958 en adelante, año en que aparecen dos traducciones francesas completas de sus Poemas, la fama de Cavafy ha ido creciendo constantemente. Las versiones, imitaciones y traducciones se suceden a un ritmo verdaderamente increíble y el universo de Cavafy por ese sentimiento "tierra baldía" que caracteriza a gran parte de la poesía moderna ha ido revelándose en toda su maravillosa intratextualidad: un mundo fuera y dentro del tiempo a la vez, en el que los personajes históricos se rozan con los habitantes de la Alejandría de hoy, o de apenas ayer, y en que los dioses del panteón helenístico descienden de sus moradas para entrar en las más viles tabernas. Un mundo sacralizado y desacralizado al mismo tiempo

Los caballos de Aquiles

Cuando vieron muerto a Patroclo,

tan valiente, tan fuerte y tan joven,

los caballos de Aquiles prorrumpieron en llanto;

su inmortal condición se indignó

ante la obra de la muerte que veían.

Alzaron la cabeza, sacudieron las largas crines,

golpearon el suelo con las patas, y lloraron

a Patroclo, a quien sentían inánime -destruido-

una carne abyecta ahora -el espíritu disipado-

indefenso -sin aliento-

hacia la inmensa Nada vuelto desde la vida

 

Zeus vio las lágrimas de esos inmortales

caballos y sintió lástima. "En las bodas de Peleo",

dijo, "no he debido actuar tan irreflexivamente.

Habría sido mejor no haberos regalado, infelices caballos. ¿Qué ibais a hacer allí,

entre esos pobres seres, juguetes del destino?

A vosotros que estáis libres de la muerte y la vejez,

os atormentan calamidades pasajeras. En sus apuros

el hombre os ha atrapado". Pero sus lágrimas,

por la calamidad eterna de la muerte,

seguían derramando los dos nobles animales.

***

Ítaca

Cuando emprendas el viaje hacia Ítaca,

ruega que sea largo el camino, lleno de aventuras, lleno de experiencias.

A los Lestrigones, a los Cíclope

o al fiero Poseidón, nunca temas.

No encontrarás tales seres en el camino

si se mantiene elevado tu pensamiento y es exquisita

la emoción que te toca el espiritu y el cuerpo.

Ni a los Lestrigones, ni a los Cíclopes,

ni al feroz Poseidón has de encontrar, si no los llevas dentro del corazón,

si no los pone ante ti tu corazón.

 

Ruega que sea largo el camino.

Que muchas sean las mañanas de verano

en que -¡con qué placer, con qué alegría!-

entres en puertos antes nunca vistos.

Detente en los mercados fenicios

para comprar finas mercancías,

madreperla y coral, ámbar y ébano,

y voluptuosos perfumes de todo tipo,

tantos perfumes voluptuosos como puedas.

Ve a muchas ciudades egipcias

para que aprendas y aprendas de los sabios.

Siempre en la mente has de tener a Ítaca.

Llegar allá es tu destino.

Pero no apresures el viaje.

Es mejor que dure muchos años

y que ya viejo llegues a la isla,

rico de todo lo que hayas ganado en el camino,

sin esperar que Ítaca te dé riquezas.

Ítaca te ha dado el bello viaje.

Sin ella no habrías emprendido el camino.

No tiene otras cosas que darte ya.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.

Sabio como te has vuelto, con tantas experiencias,

habrás comprendido lo que significan las Ítacas.

***

Reyes alejandrinos

Los alejandrinos se reunieron

para ver a los hijos de Cleopatra,

Cesarión y sus hermanos menores,

Alejandro y Tolomeo, a quienes por primera

vez mostraban en público, en el Gimnasio,

para proclamarlos reyes

en medio de un brillante desfile de soldados.

A Alejandro lo llamaron rey

de Armenia, de Media y de los partos.

A Tolomeo lo llamaron rey de Cicilia, de Siria y de Fenicia.

Cesarión se hallaba de pie más adelante,

vestido de seda rosada;

en el pecho, una guirnalda de jacintos;

su cinturón, una doble sarta de zafiros y amatistas,

cintas recamadas con perlitas de color de rosa.

A él le dieron un título más alto que a los pequeños:

Rey de Reyes lo llamaron

 

Los alejandrinos comprendían sin duda

que todo era palabras y efectos de teatro.

Pero el día era cálido y poético,

el cielo de un azul pálido,

el Gimnasio alejandrino un

milagro triunfal del arte,

el boato de los cortesanos exquisito

y Cesarión todo gracia y belleza

(hijo de Cleopatra, sangre lagida)

Y los alejandrinos corrían a la fiesta,

se entusiasmaban y aclamaban

en griego, en egipcio y algunos en hebreo,

encantados por el hermoso espectáculo.

Pero qué bien sabían el valor de esas cosas,

qué discursos hueros eran esos reinos.

***

Vuelve

Vuelve a menudo y tómame

sensación amada vuelve y tómame-

cuando despierta la memoria del cuerpo

y antiguos deseos corren otra vez por la sangre,

cuando los labios y la piel recuerdan

y se sienten las manos cmo si tocaran de nuevo.

 

Vuelve a menudo y tómame en la noche,

cuando los labios y la piel recuerdan.

***

Para Amones, muerto a los 29 años, el año 610

Rafael, son pocos los versos que te piden

que compongas como epitafio del poeta Amones.

Algo exquisito y fino. Tú sabrás,

eres el hombre indicado, escribir como conviene para el poeta Amones, nuestro Amones.

 

Claro que has de hablar de sus poemas,

pero di algo sobre su belleza,

esa delicada belleza que amamos.

Siempre bello y musocal es tu griego.

Pero hoy queremos toda tu maestría.

Nuestra pena y nuestro amor van a pasar a una lengua

                                                                            [extranjera.

En una lengua extranjera vierte el sentimiento egipcio.

 

Rafael, que tus versos sean escritos

de modo que encierren, tú me entiendes, un poco de nuestra

                                                                                       [vida,

y que el ritmo y cada frase muestren

que un alejandrino escribe sobre un alejandrino.

Los textos, incluida la introducción, fueron tomados de:

Cien poemas

C.P. Cavafy

Traducción al castellano del profesor Francisco Rivera (Caracas, 1933), crítico, traductor y profesor de lingüística de la Universidad Central de Venezuela

Monte Ávila Editores

Caracas, julio de 1978

Nadie

Foto: Abraham Tovar

Foto: Abraham Tovar

Por Ezequiel Borges* | Venezuela

Cuando te pregunten
cómo te llamas
di que te llamas nadie.

Cuando te pregunten en la calle
cómo te llamas
y a quién le debes
tu corazón,
di que te llamas
nadie.

Cuando vengan por ti
aquellos que no se aman a sí mismos,
los que se robaron tu mundo
y ahora pretenden convencerte
de que no hay millones de gentes
cruzando la frontera,
di que te llamas nadie.

Di que te llamas nadie,
cuando vengan por ti
los oráculos
y los cíclopes,
di que te llamas nadie
cuando le entierres
en el único ojo la estaca
al monstruo
y cuando escapes
de este mundo.

Dilo alto y claro,
"me llamo Nadie",
díselo a los cíclopes,

que nunca podrán perseguirte
cuando repitan tu nombre,
tú ya serás un fantasma
sin nombre.


*Ezequiel Borges, poeta venezolano .


Girasol

Foto: Abraham Tovar

Foto: Abraham Tovar

Ezequiel Borges | Venezuela*

Si quieres morir
esta noche,
si quieres sufrir,
si quieres vivir,
da igual.

Porque no vas a morir
esta noche,
sino mañana,
te lo puedo garantizar
porque
la noche no ha terminado.

Si vas a morir,
muere bien,
con un poema en los labios,
y si no
no te mueras nunca.

Te hablo a ti,
la última flor del jardín,
para que no te mueras
sin girar la cabeza.


*Ezequiel Borges, poeta venezolano 


De una noche estrellada

Foto: Abraham Tovar

Foto: Abraham Tovar

LINO ZABALA | BRASIL*

De nuevo

la brisa nerviosa nos envuelve

en los espirales de la noche.

De nuevo

titilan las estrellas

con su luz tenue y sin destino.

De nuevo

otros se sorprenden

con la luna o las lunas solitarias

De nuevo

Gemidos, maullidos y ladridos

se confunden en un alarido unísono

De nuevo

Las nubes se aproximan

y la esperanza se despeja

De nuevo

puede ser indicio de otro temporal

sobre estas casas a la bruma y al azar.

De nuevo

y sin embargo

la tormenta se niega a arrasar,

se detiene a mirarnos como a un cuadro,

de nuevo,

bajo el frío,

temerosa,

y con pesar.


*Lino Zabala, escritor venezolano radicado en Brasil. 


Macuto

Foto: Abraham Tovar

Foto: Abraham Tovar

LACSzz | Venezuela

Un alma en pena se ve a las orillas de Macuto

Un cuerpo revolcado por una ola,

una ola hecha brazos,

un abrazo disuelto en sal,

un náufrago en espera de un beso.

 

Ese silbido me atormenta,

llevo una guarura entre los hombros

que me pesa un mar.

 

El rasgar de la arena

por el talón curtido de vida,

me rasga de realidades

y una ola se hace perro

consolando las heridas,

y una ola se hace bálsamo

con sus sales en la arena

 

Maraca de agua entre las sienes,

naufragio de espejismos que reventaron en las piedras

agua que no sale de los pulmones,

me ahoga de fe, me ahoga de arena.

 

Y cada paso, me pesa un año

y cada año me pesa su luz

un resplandor que le robo a las lenguas del mar

el mar vestido de escarchas doradas,

el mar bañado de fuego,

de sol disuelto,

resto de vela chorreándose,

gastándose en deseos,

consumiéndose en ensueños,

su espelma glaseando en las olas,

la trae hasta mí para hacerla huellas.

 

El olor a sal me persigue,

me impregna los ojos llenos de mar,

por los orificios de la nariz,

rasguñándome el pecho,

percutiendo cuando caen

en la cantera de mis pulmones,

soy reloj de arena que espera ser invertido

para empezar una nueva cuenta,

pero sus manos no llegan.

 

Como un fantasma vago entre las olas,

trozo de madera encallando entre las piedras,

madera con olor a mango, ese el de tu boca,

Tu boca que fuera mi espejo,

tu boca que es mi sol que ahora se ve disuelto.

 

Me embelesa el fuego de tu boca,

que me llama, que me quema,

la madera flota hasta quemarse en ella

y cae en forma de estrellas

y abro mi boca para que caigan

disolviéndose en constelaciones

al hoyo negro de mi lengua.

 

El mar que hace alquimia inversa del cielo

resucita tu moribundo beso

para elevarlo en una media sonrisa en el cielo.

No me queda más que mirarla boca arriba desde las piedras,

esas rocas que fueron manto ante la intemperie del mar,

mar picado de envidia por las las pieles

pieles juntas, pieles curtidas,

incineradas en el mismo fuego que forjaron el manto.

Y yo, niño embelesado por tu sonrisa,

con los brazos haciendo cuna a la guarura,

espero atento a que me caiga encima.

Foto: LACSzz

Foto: LACSzz